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Perfiles misioneros y espirituales  


MONS. RAMÓN BOGARÍN ARGAÑA 

Un maestro de libertad


En un momento grave y confuso de la Iglesia paraguaya y, sobre todo, en un tiempo en que es difícil encontrar aquella coherencia tan necesaria para un verdadero testimonio, queremosOratorio Nuestra Señora de la Asunción y Ramón Bogarín proponer la vida de un Obispo del Paraguay, Mons. Ramón Bogarín Argaña, una figura que, en su tiempo, superó los confines de la Iglesia local y representó "una leyenda en la Iglesia paraguaya y latinoamericana"[1].

Junto con Mons. Manuel Larraín, Mons. Helder Câmara y otros, formó parte de aquel grupo de Obispos que prepararon el proyecto de una segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, para poner en práctica las líneas del Concilio Vaticano II en América Latina, concretadas, después, en Medellín.

Según el testimonio del Cardenal Eduardo Francisco Pironio, la intervención de Mons. Ramón Bogarín, durante la Conferencia de Medellín, fue vital para la prosecución y la feliz conclusión de la misma[2], gracias a su obra de diálogo.

En los recuerdos de muchas personas del Paraguay, la memoria de este Obispo permanece siempre viva. Son exactamente estos testimonios los que muestran el verdadero valor de su vida y de su obra.

De ingeniero a sacerdote

Ramón Bogarín nació en Ypacaraí el 30 de marzo de 1911. Era descendiente del primer santo paraguayo, Roque González de Santa Cruz, y sobrino de Mons. Juan Sinforiano Bogarín (1863-1949), quien contribuyó a la reconstrucción moral del pueblo paraguayo, después de la Guerra de la Triple Alianza, cuando la población fue exterminada.

Al concluir los estudios primarios en su ciudad natal, se trasladó a la capital, Asunción, para continuar su formación en el Colegio San José dirigido por los Padres de Bétharram.

Inquieto y, al mismo tiempo, deseoso de realizar un proyecto de vida, se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción y, después, en la Facultad de Ingeniería Mecánica en París.

Muy pronto, el deseo de este joven de veinte años de volverse un buen ingeniero mecánico para trabajar honestamente, se esfumó como un castillo en el aire, y llegó casi repentina la decisión de hacerse sacerdote, como él mismo escribió en una carta a sus familiares.

"Apenas llegado a París, unos días después ya no veía en ello mi felicidad, ni mi vocación yRamón Bogarín durante su estadía en Europa comenzaban en mi interior ciertas inquietudes que yo no llegaba a comprenderlas ni a qué eran debidas. Pasaban los días y la inquietud aumentaba más y más, y al fin vi, poco a poco que esa inquietud se dirigía hacia las cosas de Dios, de las almas y así hasta que llegué a ver claramente que Dios me llamaba a su santo servicio. Pensé, reflexioné, hice un retiro cerrado para conocerme mejor y heme aquí, queridos hermanos, con mi cambio, con mi deseo de ser sacerdote"[3].

No es fácil adivinar cómo ha llegado a esta transformación, aunque él mismo nos haya dado algunos indicios:

"He visto, después de mucho reflexionar, cuál es el fin de nuestra vida, sea corta o larga, en este mundo"[4].

Ramón Bogarín, en este período de reflexión, de vacío y falta de sentido, intuyó que la existencia del hombre encuentra su sentido, si se vive con una finalidad que va más allá de lo inmediato, si se descubre el deseo de eternidad inserto en el corazón de cada uno.

En su larga carta del 5 de octubre de 1931, dirigida a sus familiares, contó cómo Dios, el 15 de agosto del mismo año, fiesta de Nuestra Señora de la Asunción, patrona del Paraguay, le había mostrado su verdadera vocación.

"En aquel día - escribió - yo tomé la firme decisión de hacer todo lo posible para llegar a ser Sacerdote. Espero que ayudado con la gracia de Dios y de María Santísima llegaré a tan alto grado que deseo llegar, pero quiero ser un sabio y sobre todo santo y buen sacerdote"[5].

Estas palabras encierran una promesa, un deseo, una voluntad y una respuesta. Mons. Ramón Bogarín ha sido fiel a estas palabras, a pesar de las dificultades, las tormentas y los obstáculos internos y externos que tuvo que enfrentar.

A esta fidelidad se debe la profunda y eficaz huella que ha dejado en la Iglesia en el Paraguay y del continente latinoamericano, sobre todo en las diferentes generaciones de jóvenes, que todavía hoy, con mucha experiencia, lo llaman "padre" y "amigo".

"Vino y abrió las ventanas..."

Los jóvenes que lo recibieron, el 11 de octubre de 1939, cuando llegó de Roma, donde había completado sus estudios y había sido ordenado sacerdote, lo recuerdan de esta manera:Ramón Bogarín recién ordenado sacerdote

"Así, una noche en que estábamos reunidos, vino llegando a presentarse, conocernos y que se lo conozca. Recuerdo claramente ese momento: se sentó, era un hombre alto, grande, joven, aspecto agradable, con una amplia sonrisa de relaciones públicas no establecía barreras con sus interlocutores, sino que, por el contrario, era abierto, amplio. [...] Hacía frío esa noche, y venía con una capa de lana larga de tres cuartos, que nunca habíamos visto usar a los curas, y tenía el cuello romano típico, que tampoco conocíamos. [...] [Antes de él] se mantenían las reuniones en un clima de meditación, de contrición de los pecados, y, solo en cierta medida, de programación de algunas actividades. Ahora bien, este hombre nuevo se traía otro estilo: vino y abrió las ventanas de par en par, entró el aire y entró la luz, comenzamos a respirar con más ímpetu, nos dimos cuenta de que éramos jóvenes y de que había tantas cosas que hacer, que prácticamente teníamos la vida en la mano, y todo eso nos llenó de optimismo y de entusiasmo"[6].

La estadía en Roma había permitido al joven Bogarín conocer de cerca el Movimiento de la Acción Católica en Italia, con todos sus proyectos.

La amistad con Joseph-Léon Cardijn[7] le hizo vislumbrar perspectivas nuevas para el Paraguay.

Una vez regresado a su patria, en el comienzo de la II Guerra Mundial, fue el hombre que trajo no solo ideas nuevas, sino también un aire nuevo, un nuevo estilo a la Iglesia paraguaya, que recibió muchos beneficios gracias a su tarea pastoral.

Asumió la dirección general de la Acción Católica, elaboró sus Estatutos y Reglamentos, que requirieron un largo, pesado y aburrido trabajo.

Siguiendo las ideas de Cardijn, organizó la Juventud Obrera Cristiana en el Paraguay. Esta fue una de las obras más importantes de Mons. Bogarín; en efecto, favoreció una presenciaEl padre Ramón Bogarín junto con algunos participantes en el Congreso Universitario de la Acción Católica en 1951 activa de la Iglesia en el sector obrero, en tiempos en que no existía ninguna organización ni en el ámbito civil ni en el eclesial[8].

Utilizó, ya desde entonces, el método de Cardijn "ver, juzgar, actuar", desarrollando el sentido crítico de los obreros y de los estudiantes, llegando así a formar a infinidad de líderes, que empezaron a actuar en diferentes ámbitos[9].

La importancia que daba a la formación intelectual lo llevó a fundar el semanario "Trabajo", cuyo primer número salió a la luz el 24 de diciembre de 1946, unos meses antes de la sangrienta guerra civil del 47. El periódico tenía como finalidad difundir la doctrina social de la Iglesia, y empezó su publicación con estas palabras: "No atacaremos al Capital, no atacaremos al Trabajo, no adularemos al Obrero, no adularemos al Patrón: les haremos justicia"[10].

Durante la guerra civil, el P. Ramón Bogarín hizo escuchar incesantemente su denuncia por medio del semanario, que fue clausurado por el Gobierno en el mes de febrero de 1948.

El don de saber hablar con los jóvenes

Su trabajo con los jóvenes fue incesante. Escribe uno de ellos:

"Era un ejemplo de generosidad y espíritu de servicio. Lo recuerdo en su escritorio del Oratorio, donde recibía hasta medianoche, o en el despacho parroquial de la Encarnación, atendiendo horas y horas a quienes tenían que consultarle o eran sus dirigidos espirituales. Con particular deferencia nos escuchaba y nos daba todo el tiempo requerido, como si los nuestros fueran los únicos o los más importantes problemas que se le presentaran. Jóvenes estudiantes, obreros, profesionales, señoras y señoritas, todos nos sentíamos importantes al hablar con él. No recibía con formalismo ni a la disparada. Cada uno se sentía plenamente acogido. No olvidaba los casos que se le consultaban"[11].

Muchas veces, en aquellas largas horas, se quedaba sin cenar, porque en aquel tiempo regía la ley del ayuno eucarístico a partir de las doce de la noche. Puesto que debía celebrar Misa al día siguiente, podía cenar solo antes de medianoche.

A veces, las reuniones sobrepasaban esa hora y así se quedaba en ayunas hasta el día siguiente. Además, después de las reuniones todavía tenía que rezar el breviario, obligación que cumplía siempre con gran disciplina[12].

"Su estatura religiosa, moral y humana era molesta para los enanos"[13]. Así, en 1954 fue nombrado Obispo Auxiliar de Asunción, y el 19 de enero de 1957 "le fundaron una Diócesis allá en el Sur..."[14], en San Juan Bautista de las Misiones, porque era necesario alejarlo de Asunción.

Enseñó a pensar con libertad

Enseñaba la fidelidad a la Iglesia y él mismo era fiel. Promocionó la misión propia de la Acción Católica: la formación espiritual, la educación y la preparación de todos los miembros y una estrecha disciplina de obediencia a la Iglesia; una Iglesia que no podía tomar partido a favor deRamón Bogarín antes de su viaje a Europa en 1931 uno o de otro partido político. Esto Mons. Bogarín lo mantuvo por encima de todas las cosas, firme hasta el final en su línea de gran fidelidad a la Iglesia[15].

Esto fue también el secreto de su eficacia, en la acción evangelizadora de aquellos jóvenes, que lo amaron tanto hasta decir: "Bogarín fue un extraordinario aprendiz de brujo. Fue el hombre que vino con una flauta mágica a despertar la confianza, la inquietud, el entusiasmo de toda una generación, o tal vez de varias generaciones de jóvenes. Les enseñó que tenían un alma, con capacidad de pensar, de formarse, de discutir y de cuestionar. Encendió la llama de esta inquietud espiritual en todos los jóvenes con quienes alternó, y esa llama, aun pasados tantos años, persiste en casi todos aquellos que tuvieron un contacto con él y con su modo de encarar la vida. En una palabra, nos enseñó a ser libres, a pensar con libertad; y este es el homenaje más grande que se puede rendir a una persona"[16].

Maria Laura Rossi

 
 



[1] C. R. Talavera, Charo Reyes de Talavera. Una estrella fugaz, material inédito, Asunción 2007, 3f.
[2] Cf. Conferencia Episcopal Paraguaya, Guía Eclesiástica del Paraguay, Asunción 2008, 42.
[3] R. Bogarín Argaña, Carta comunicando a la familia su vocación sacerdotal, en E. Fracchia - J. Irala Burgos - T. B. Appleyar y otros, Mons. Ramón Bogarín Argaña. Testimonios, Universidad Católica (Biblioteca de Estudios Paraguayos 30), Asunción 1989, 302.
[4] R. Bogarín Argaña, Carta comunicando a la familia..., 302.
[5] R. Bogarín Argaña, Carta comunicando a la familia..., 302.
[6] T. B. Appleyard, Un hombre íntegro, un maestro de libertad, en E. Fracchia - J. Irala Burgos - T. B. Appleyard y otros, Mons. Ramón Bogarín Argaña..., 48-49.
[7] Es el fundador de la Jeunesse Ouvrière Chrétienne (JOC), conocida en Italia como la Gioventù Operaia Cristiana. El 22 de febrero de 1965 fue nombrado cardenal por Pablo VI.
[8] Cf. T. B. Appleyard, Un hombre íntegro..., 54.
[9] Cf. J. Irala Burgos, El testimonio de su vida, en E. Fracchia - J. Irala Burgos - T. B. Appleyard y otros, Mons. Ramón Bogarín Argaña..., 32.
[10] Editorial, Palabras liminares, en "Trabajo" (24 de diciembre de 1946) 1.
[11] J. Irala Burgos, El testimonio..., 34.
[12] Cf. T. B. Appleyard, Un hombre íntegro..., 55.
[13] L. P. García, Padre espiritual de nuestra generación, en E. Fracchia - J. Irala Burgos - T. B. Appleyard y otros, Mons. Ramón Bogarín Argaña..., 110.
[14] A. Dos Santos, El Obispo confinado. Las tres profecías, Asociación para la Comunicación y el Desarrollo, Mons. Ramón Bogarín, Radio San Roque González, San Juan Bautista de las Misiones 2001, 163.
[15] Cf. T. B. Appleyard, Un hombre íntegro..., 57.
[16] T. B. Appleyard, Un hombre íntegro..., 58.

04/07/09


 

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