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"LA IGLESIA ES MISIONERA POR NATURALEZA"

      En el mensaje para la 91.a Jornada Misionera Mundial, el Papa recuerda que si no fuera misionera, la Iglesia sería solo "una asociación entre muchas otras y no la Iglesia de Cristo"


   

Ciudad del Vaticano "La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el 'ya' y el 'todavía no' del Reino de los Cielos", afirma el Papa. No es la "propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime". Muchos movimientos en el mundo, de hecho, "saben proponer grandes ideales o expresiones éticas notables".

En la Solemnidad de Pentecostés, el Papa se dirigió a la 91.a Jornada Misionera Mundial, que se celebra el próximo domingo 22 de octubre de 2017.

"La Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería solo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo", advierte Francisco. El Pontífice se refiere al gesto del "estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado". Y también a la "celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: 'Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?', como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado". Y, añade Francisco, "esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor".

El Pontífice cita los "numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir: la misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio".

En el mensaje titulado "La misión en el corazón de la fe cristiana", Francisco subraya que "este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, 'el primero y el más grande evangelizador', que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo". Esta jornada, añade el Pontífice, "nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana". Y también es una invitación para "hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?".

La misión de la Iglesia, "destinada a todas las personas de buena voluntad", se basa en el "poder transformador del Evangelio", explica el Papa. El Evangelio es "la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros". De hecho, añade Jorge Mario Bergoglio, "es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor". Dios Padre, explica el Pontífice, "desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad, en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre". Y "la gloria de Dios es el hombre viviente. De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama, es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana". Mediante la misión de la Iglesia, "Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el 'kairós', el tiempo propicio de la salvación en la historia". Y también, "a través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra". Su Resurrección "no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable". Francisco cita la encíclica "Deus caritas est" de Benedicto XVI para recordar que "no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva". De hecho, "el Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa, a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, 'medicina de inmortalidad'".

Jorge Mario Bergoglio prosigue explicando que "el mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios, no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio". La misión de la Iglesia está animada "por una espiritualidad de éxodo continuo". Se trata de "salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio", recuerda, citando su exhortación apostólica "Evangelii gaudium". "La misión de la Iglesia continúa estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el 'ya' y el 'todavía no' del Reino de los Cielos". Y subraya: "la misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso". Es por eso que debemos preferir "una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades".

Los jóvenes, recuerda el Pontífice, son la esperanza de la misión: "La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por Él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado [...]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean 'callejeros de la fe', felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra! La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema 'los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional', se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad".

Además, "las Pontificias Obras Misionales son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero". La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, explica el Papa, "es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización".

Por ello, exhorta el Pontífice, "hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro 'sí' en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación".

  Giacomo Galeazzi


©
Vatican Insider - 4 de junio de 2017
    Fotos a cargo de la redacción de www.missionerh.it




07/06/2017
 

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