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“LA SOCIEDAD DE LAS VÍCTIMAS”/2

Algunas líneas de análisis de un difuso fenómeno social

 

 

 

Un victimismo generalizado

Todo esto produce un victimismo cada vez más generalizado, que puede ser ventajoso en términos económicos y se encuentra fortalecido por la máquina mediática, con su gusto de lo espectacular y la necesidad de hacer audience.

En el artículo arriba citado, escribe Bruckner: “El miedo de ser dañado se vuelve este mismo un daño. … Los pequeños fracasos y desgracias diarios ya no son episodios normales de la existencia, sino escándalos que dan lugar a un derecho de indemnización, en una sociedad que ha hecho de la felicidad el horizonte insuperable de sus miembros”.

Este afirma el filósofo francés es, en el fondo, el victimismo: la tendencia, pues, a vivir las propias dificultades como ultrajes y no como etapas necesarias para la maduración. También el malestar de vivir pretende una indemnización. Emerge, en consecuencia, una visión comercial de la pena, que es pensada en términos de provecho y de intereses, y el catálogo de los sufrimientos se clasifica en términos de renta. De este modo, añade Bruckner, se vuelve grande la tentación, para cada uno, “de inventarse padres torturadores, una infancia atroz, de cultivar las propias miserias como plantas en un jarrón, de beneficiarse de ellas, de acumular derrotas como otros acumulan ahorros”.

La victimización afirma Bruckner, sustancialmente, se vuelve un deseo perverso de ser diferente, de salir del anonimato y, al amparo de la fortaleza de la propia aflicción, de imponerse a los propios semejantes. En tal sentido, quien sufre un infortunio está ennoblecido, lo reivindica, se considera elegido, un héroe; es como separarse de la humanidad común y volcar la propia desgracia en gloria. Se aplica, así, una versión dolorosa del privilegio, que sugiere que “la ley debe aplicarse a todos menos que a mí”, y esboza a una sociedad de castas al revés, donde el hecho de haber sufrido un daño sustituye a las ventajas del nacimiento. El derecho como protección de los débiles desaparece detrás del derecho como promoción de los hábiles, de quien dispone de poder mediático, de relaciones para defender las causas más inverosímiles.

Es verdad reconoce Bruckner que la gran aventura de los tiempos modernos es la emergencia de los dominados en la escena pública, la posibilidad, para ellos, de acceder a todas las ventajas de una ciudadanía ordinaria. La lucha contra la discriminación observa tiene que ser llevada a cabo, pero en nombre del principio según el cual la ley se aplica a todos, con los mismos derechos y las mismas restricciones. Si se pone preliminarmente la condición de que ciertos grupos, por ser desfavorecidos, pueden beneficiar de un tratamiento particular, estos últimos, pronto seguidos por otros, serán tentados de constituirse como nueva "feudalidad" de oprimidos.

Añade, además, que si, para tener razón, es suficiente ser declarado víctima, todos lucharán para ocupar esta posición gratificadora. “Ser víctima se volverá una vocación, un trabajo a tiempo pleno, y veremos que se constituirán, en nombre de la lucha por la justicia, algunas verdaderas feudalidades de oprimidos, que reclaman unos derechos separados. … Si la sociedad se transforma en un agregado de querellantes y de recriminadores, es todo el sistema social el que se disgrega y hace imposible la solución de los conflictos”[1].

La víctima lo justifica todo

De este modo, volviendo a tomar el análisis sociológico de Erner, lo que se va construyendo es una concepción victimista y, por tanto, binaria del mundo. Por una parte, individuos inocentes unidos por sus diferentes sufrimientos, por la otra, un poder que los oprime.

Las víctimas, en efecto, por definición, son inocentes. No pueden ser consideradas responsables de una evolución que las supera y que, en parte, sufren. Esto no significa que se tenga que negar sus sufrimientos, sean ellos psicológicos o físicos, sino que es importante comprender cómo esta sociedad de  las víctimas vuelve a configurar nuestra conciencia social, la práctica del derecho y el funcionamiento de las instituciones. Lo que este fenómeno pone en juego no es solo la formación de una nueva categoría social, sino los mismos valores democráticos, porque el consentimiento compasivo se vuelve una grave amenaza para su supervivencia[2].

De este modo, los derechos de quien sufre pueden acabar por poner en peligro los derechos del hombre. La sociedad de las víctimas, aunque producida por el humanismo, conduce al victimismo deletéreo, porque, si en el humanismo el hombre es medida de todo, en el victimismo lo es la víctima.

En efecto, aclara Erner, la víctima lo justifica todo: es en su nombre, por ejemplo, en que se conduce la guerra en Iraq o bien la contra la pedofilia.

El éxito que ha tenido, por ejemplo, la expresión “molestia moral”, asegura Erner, revela el fenómeno del sometimiento del sufrimiento a la interpretación psicológica, ligada a la falta de reconocimiento, al sentimiento de ser ultrajado. Pero, esto pone un serio problema, el de cómo valorar legalmente este hecho, cuando se trata, ante todo, de una sensación subjetiva[3].

Del mismo modo, partiendo del hecho de que cada pérdida de autonomía puede ser vivida como ilegítima o intolerable, la pregunta que surge, para citar otro ejemplo, es cómo discernir el funcionamiento de una organización jerárquica, sin ver el multiplicarse de los casos de molestia moral.

El peligro que se corre, dando una tal importancia a las formas de sufrimiento psíquico y subjetivo, es el de alimentar una verdadera epidemia de victimismo.

Se añade, además, que la causa de las víctimas se ha vuelto tan potente que es instrumentalizada y mediatizada por quien tiene los medios para hacerlo, también en los momentos más graves de la vida de un pueblo, para volcar a un régimen o declarar la guerra. “Porque, ya nada grande se realiza en el mundo, sin invocar los sufrimientos de los individuos, para justificar la acción conducida. No hay nada mejor para agitar una opinión pública que exhibir a algunas víctimas. Cuando los sufrimientos ya no parecen tan espectaculares, es fuerte la tentación de inventar unos más convincentes”[4].

En conclusión

Después de haber largamente ignorado a las víctimas y ofendido su memoria, ahora la sociedad se consagra al victimismo. Los dos autores franceses, de los cuales hemos evidenciado brevemente algunos análisis, manifiestan los riesgos y el peligro de la sociedad de las víctimas.

Si los contenciosos tuvieran que multiplicarse a lo infinito pone en guardia Bruckner, el mundo común se volvería la comunidad de nuestros contrastes, la ley ya no sería la que une a los hombres, como quería Montesquieu, sino, al contrario, el factor de su separación. Y la política, subordinada a lo judicial, se reduciría al arbitraje entre derechos subjetivos, incompatibles los unos con los otros.

Max Weber

Guillaume Erner nota, por su parte, la amenaza ínsita en la instrumentalización de las víctimas a causa de la aplicación de la compasión en política. Si, por una parte, la compasión es una riqueza humana, sostiene el sociólogo, por la otra, se vuelve un escollo enorme en el gobierno de las masas. No se puede gobernar ni hacer política con la compasión, porque significaría poner en tela de juicio la justicia democrática, construir comunitarismos agresivos y exonerar a los políticos de realizar las promesas hechas. La verdadera política, en cambio, tiene que ser guiada por la ética de la responsabilidad y de la racionalidad, como recuerda Max Weber, no por la compasión y la emoción.

Con el transcurrir del tiempo, y tal vez sea ya este el momento, la piedad, que en política es un falso valor, producirá la exasperación de los ciudadanos frente a las declaraciones puramente verbales y a las “lindas palabras” hipócritas de los políticos. La sociedad de las víctimas, entonces, correrá el riesgo de sublevarse contra las víctimas mismas.

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

______________________

[1] P. Bruckner, Vers une société des victimes?, en Constructif n.° 10 (2005): http://www.constructif.fr/bibliotheque/2005-2/vers-une-societe-de-victimes.html?item_id=2607

[2] Cf. G. Erner, La société des victimes, La Découverte, Paris 2006, 13-14.

[3] Cf. G. Erner, La société des victimes…, 60-63.

[4] Cf. G. Erner, La société des victimes…, 29.

 

19/02/2014


 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis