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"NO A LOS ADULTOS ETERNOS ADOLESCENTES:
OBSTACULIZAN EL CRECIMIENTO DE LOS HIJOS"

    El Papa Francisco habla abiertamente, en el Convenio diocesano de Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán: "La adolescencia no es una patología, algunos jóvenes trabajan como si fueran jefes"; "las primeras palabrotas las aprendí de un tío solterón"; "hoy se gasta en cosméticos tanto como en comida"; "¡qué pena ver a los hombres que se tiñen el pelo!".


   

Ciudad del Vaticano Adolescentes inquietos y, por eso, "medicados" por los padres, como si la tristeza típica de esta "fase puente" fuese una "patología". Madres y padres que intentan ocupar el tiempo de los hijos, llenándoles la agenda de obligaciones, como si cada uno fuera "un alto dirigente". Adultos, eternos Peter Pan, que ocupan el espacio de los jóvenes y hacen de todo desde teñirse el pelo hasta el lifting en "el corazón" con tal de disimular el tiempo que pasa, como si "crecer, envejecer fuese algo malo". Tíos "solterones" que, para ganarse la simpatía de sus nietos, les enseñan palabrotas u ofrecen cigarrillos. Y más aún: una sociedad "sin raíces" que gasta en cosméticos tanto como en alimentos, ancianos que son abandonados en soledad porque ya no producen, una "gulosidad" que lleva a "devorar" más que a nutrirse, a "consumir el consumo".

En una mano Amoris laetitia, en la otra la Retórica de Aristóteles, y citando incluso "la gran" Anna Magnani, el Papa Francisco se adentra en el complejo mundo de la educación de los padres a los hijos adolescentes, tema sobre el que la diócesis de Roma ha querido dedicar este año su tradicional Convención eclesiástica, que se abre hoy en San Juan de Letrán con la intervención del Pontífice, y continúa con los grupos de trabajo y laboratorios, en la 38 Prefectura de la diócesis.

Una elección de la Iglesia de la capital que quiere hacer sentir su cercanía a tantas familias que, a menudo, están aplastadas por la rutina y los locos ritmos de vida. Si, de hecho, la relación entre padres e hijos durante la adolescencia es ya un tema de por sí delicado, asume connotaciones arriesgadas en una ciudad como Roma, marcada por problemáticas como: "Las distancias entre la casa y el trabajo (en algunos casos hasta dos horas para llegar); la falta de uniones familiares cercanas a causa del hecho de haberse debido trasladar, para encontrar trabajo o para poder pagar un alquiler; el vivir siempre "al céntimo" para poder llegar a final de mes, porque el ritmo de vida es cada vez más costoso (en los pequeños pueblos se sobrevive más fácilmente); el tiempo tantas veces insuficiente para conocer los vecinos del lugar donde vivimos; el deber dejar en muchísimos casos los hijos solos...".

"Desafíos" y "tensiones" de las que el Papa habla con gran realismo, en el largo discurso en la Basílica, donde llega al lado del cardenal vicario saliente, Agostino Vallini, y del sucesor, el obispo Angelo De Donatis. "La vida de las familias y la educación de los adolescentes, en una gran metrópoli como Roma, exigen a la base una atención particular y no podemos tomarlas a la ligera. No es lo mismo educar o formar una familia en un pequeño pueblo que en una metrópoli. No digo que sea mejor o peor, es simplemente diferente", subraya.

Bergoglio indica los "presupuestos"; ante todo pide pensar, reflexionar y rezar, "en romano", el dialecto propio de los habitantes de Roma. ¿Por qué? Porque "no pocas veces explica caemos en la tentación de pensar o reflexionar sobre las cosas 'en general', 'en abstracto'. Pensar en los problemas, en las situaciones, en los adolescentes... Queremos abrazarlo todo, pero no llegamos a nada". Entonces es necesario pensar "en dialecto", es decir, "con las caras de familias concretas y pensando en cómo ayudaros entre vosotros a educar a vuestros hijos dentro de esta realidad".

Otro aspecto importante, continúa el Papa, es "la experiencia de sentirnos 'sin raíces'". En la "sociedad líquida" o mejor, "gaseosa" se establece, de hecho, "el fenómeno creciente de la sociedad sin raíces", es decir, "personas, familias que poco a poco pierden sus lazos de unión". Un grave peligro porque, advierte el Pontífice, "una cultura sin raíces, una familia sin raíces es una familia sin historia, sin memoria, sin raíces". Y "cuando no existen raíces, cualquier viento termina por arrastrarte".

Por eso, una de las primeras cosas en las que pensar, como padres, familias, pastores, son "los escenarios donde generar lazos, encontrar raíces, donde hacer crecer esa red vital que nos permita sentirnos en 'casa'". Las redes sociales parecen "ofrecer este espacio de 'red'", pero en realidad, estas, por su misma virtualidad, "nos dejan como 'por el aire' y por tanto son muy 'volátiles'". Y "no hay peor alienación para una persona que sentir que no tiene raíces, que no pertenece a ninguno", afirma Bergoglio.

El Papa llama a los padres a reflexionar sobre el hecho de que "tantas veces exigimos de nuestros hijos una excesiva formación en algunos campos, que consideramos importantes para su futuro. Los hacemos estudiar una cantidad de cosas para que den lo 'máximo'. Pero no damos la misma importancia al hecho de que conozcan su tierra, sus raíces". Los chicos se quedan privados "de la conciencia de los genes y de los santos" que los han generado, así como de los "sueños proféticos" de sus abuelos. "Si queremos que nuestros hijos estén formados y preparados para el mañana, no es solo aprendiendo idiomas (por poner un ejemplo) que lo conseguirán. Es necesario que se conecten, que conozcan sus raíces. Solo así podrán volar alto, de otra manera serán prisioneros de las 'visiones' de otros".

De aquí, la invitación a afrontar "en su conjunto" la fase de la adolescencia, que interesa no solo a los jóvenes sino a toda la familia. "Es una fase puente evidencia el Papa y por este motivo los adolescentes no son ni de aquí ni de allí, están en camino, en tránsito. No son niños (y no quieren ser tratados como tales) y tampoco son adultos (pero quieren ser tratados como tales, especialmente a nivel de los privilegios). Viven siempre en esta tensión, con ellos mismos y con quien los rodea. Buscan siempre la comparación, preguntan, lo discuten todo, buscan respuestas, atraviesan diversos estados de ánimo, y las familias con ellos". No obstante, también destacó el valor positivo de la adolescencia: "Es un tiempo precioso en la vida de vuestros hijos. Un tiempo difícil, sí. Un tiempo de cambios y de inestabilidad, sí. Una fase que presenta grandes riesgos, sin duda. Pero, sobre todo, es un tiempo de crecimiento para ellos y para toda la familia".

Parece una pesadilla y, sin embargo, es "un tiempo precioso en la vida de vuestros hijos", afirma Francisco, porque, a pesar de los riesgos, los cambios y la inestabilidad, "es un tiempo de crecimiento" para todos. Cuidado con tratar la adolescencia como una "patología": "Un hijo que vive su adolescencia (por cuanto pueda ser difícil para los padres) es un hijo con futuro y esperanza. Me preocupa, tantas veces, la tendencia actual de 'medicar' precozmente a nuestros chicos. Para que todo se resuelva medicándolo o controlándolo todo con el eslogan: 'Aprovechar al máximo el tiempo'", y así lo que ocurre es que la agenda de los jóvenes es peor que la de un alto dirigente.

"Apuntemos bien nuestras ideas dentro de los procesos vitales predecibles", sugiere el Pontífice. "Existen márgenes que es necesario conocer para no alarmarse, para no ser tampoco negligentes, pero para saber acompañar y ayudar a crecer. No es todo indiferente, pero, tampoco todo tiene la misma importancia". Por otra parte, "discernir qué batallas hay que hacer y cuáles no", quizá dejándonos ayudar por parejas con experiencia que no ofrecen "recetas", sino solo ayuda con su testimonio, para "conocer este o aquel margen o gama de comportamientos".

Como, por ejemplo, las ganas de los jóvenes de sentirse protagonistas. "No aman para nada sentirse obligados o responder a 'órdenes' que vengan de los adultos (siguen las reglas del juego de sus 'cómplices'). Buscan esa autonomía cómplice que los hace sentir 'que mandan sobre ellos mismos'". Por esto, a veces, se refugian en los tíos, en aquellos solteros o sin hijos que, "para ganarse la estima de los sobrinos", cierran un ojo sobre el primer cigarrillo o les enseñan palabrotas: "Yo las primeras palabrotas las he aprendido de un tío solterón", cuenta Bergoglio, "nos ofrecía incluso los cigarrillos". Por tanto, "atentos, no digo que no hagan bien, pero estad atentos".

Los chicos están en continua búsqueda de los "‘vértigos' que los hagan sentirse vivos". "¡Dénselos!", pide el Papa, "estimulemos todo lo que los ayude a transformar sus sueños en proyectos", a "proponerles metas amplias, grandes desafíos y a ayudarlos a realizar, a conseguir sus metas", "retémoslos más de lo que ellos nos retan". Porque, de otro modo, irán a buscar este "vértigo" en otro lugar, con quien "pone en riesgo su vida".

Esto necesita educadores "capaces de trabajar en el crecimiento de los jóvenes", que sigan "el ritmo", y no se limiten a "un modelo de educación meramente escolástico, solo de ideas", sino que les ayuden a adquirir su autoestima, "a creer que realmente pueden conseguir lo que se propongan". Tal proceso exige "una alfabetización socio-integrada, es decir, una educación basada en el intelecto (la cabeza), los afectos (el corazón) y las habilidades (las manos). Urge crear lugares donde la fragmentación social no sea el esquema dominante", subraya el Pontífice; a lo largo del camino dejamos a los analfabetos emotivos y a los jóvenes con proyectos incumplidos, porque no han encontrado a quien les enseñase a "hacer". Hemos concentrado la educación en el cerebro, dejando de lado el corazón y las manos. Y esta es también una forma de fragmentación social".

En su discurso, el Papa reflexiona también sobre la nueva "dinámica ambiental" de los jóvenes, que "quieren ser 'grandes'" y de los "grandes" que "quieren ser o se han convertido en adolescentes". "Hoy hemos pasado de la comparación a la competición. Nuestros jóvenes encuentran hoy mucha competición y pocas personas con las que compararse. El mundo adulto ha acogido como paradigma y modelo de éxito la 'eterna juventud'". Parece que crecer, envejecer, "estacionarse" es un mal. Un sinónimo de vida frustrada o agotada. Hoy parece que todo se enmascara o se disimula, como si el mismo hecho de vivir no tuviese sentido".

"Me da pena que se quiera hacer un lifting al corazón. ¡Cómo es triste que alguien quiera borrar las 'arrugas' de tantos encuentros, de tantas alegrías y tristezas!", exclama Bergoglio recordando la famosa frase de la célebre actriz Anna Magnani que a su maquillador le dijo: "Déjame todas las arrugas, no me quites ni siquiera una. He tardado una vida en haberlas".

Hoy es difícil escuchar ciertas frases. Es más, las estadísticas cuentan que el mayor gasto está en el campo de la cosmética, casi tanto como para la comida. Y si antes "la cosmética era cosa de mujeres, ahora es igual para ambos sexos". "Es feo esto", admite el Papa Francisco, confesando, "a mí me da pena cuando veo a uno, igual elegante, que se tiñe el pelo". Para el Papa, "una de las amenazas 'inconscientes' más peligrosas en la educación de nuestros adolescentes" es precisamente este "excluirlos de sus procesos de crecimiento, porque los adultos ocupan su puesto". Adultos que "no quieren ser adultos y que quieren jugar a ser adolescentes para siempre". Esta "marginación" pone en preaviso puede aumentar una tendencia natural que tienen los jóvenes, a aislarse o a frenar sus procesos de crecimiento, ante la falta de un referente en el que reflejarse".

El Obispo de Roma afronta, después, un último punto: la austeridad. En "un contexto de consumismo muy fuerte", en el que "parece que estamos obligados a consumir consumo", es "urgente dice recuperar aquel principio espiritual tan importante y devaluado" de la austeridad. "Educar en la austeridad es una riqueza incomparable", afirma el Obispo de Roma, porque "abre a los otros" y nos saca de la "vorágine", que induce "a creer que valemos tanto como lo que somos capaces de producir y de consumir, lo que somos capaces de tener". El Papa la define como una especie de "celos espirituales", la actitud del "tragar comiendo". Nos hará bien, insiste, "educarnos mejor, como familia, y dar espacio a la austeridad como vía para encontrarse, tirar puentes, abrir espacios, crecer con los otros y para los otros".

Antes de la cita en la Basílica de San Juan de Letrán, el Papa Francisco se ha reunido con un grupo de unos 30 refugiados y solicitantes de asilo, acogidos en las parroquias de Roma, entre los que se encontraban algunos niños. A su lado estaba el cardenal Vallini, a quien ha agradecido públicamente en la Basílica por su ministerio de una década que se concluirá el próximo 29 de junio, con una broma: "El cardenal no se jubila porque está en seis congregaciones, y un napolitano sin trabajo sería una calamidad en la Diócesis".

Salvatore Cernuzio


©
Vatican Insider
- 20 de junio de 2017
    Fotos a cargo de la redacción de www.missionerh.it  





03/07/2017
 

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