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Profundizaciones
 


APLICAR UNA TERAPIA DE ELECTROSHOCK


Mons. Antonio Lucibello, Nuncio Apostólico en Turquía,
sobre el futuro de la Iglesia en Europa



Merecen atención algunas recientes declaraciones de Mons. Antonio Lucibello, actual Nuncio Apostólico en Turquía, y muy recordado Nuncio Apostólico en el Paraguay
[1].

Desde el punto de observación especial que ofrece la Turquía -región en la cual, a pesar de haber sido una de las cunas del cristianismo, en la actualidad los cristianos de todas las denominaciones no son más que unos cien mil en medio de setenta millones de musulmanes, y, por lo tanto, se ven obligados a reconsiderar la finalidad y los métodos de la misión de la Iglesia en una situación parecida- Mons. Lucibello ha proporcionado algunas reflexiones inspiradoras, que superan la simple consideración del estado de la Iglesia en Turquía, para abarcar una visión del futuro de la Iglesia en el mundo occidental.

El domingo 13 de febrero, durante una recepción, en Ankara, con el embajador de España Cristóbal González-Aller Jurado y el Arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol Balcells, seguida de una Misa para el personal de las embajadas, Mons. Lucibello ha advertido de que la fe cristiana puede acabar en ruinas en Europa como lo está actualmente en Turquía, y que la Iglesia en Occidente solo sobrevivirá si afronta la indiferencia de la sociedad hacia ella, volviendo a evangelizar con humildad.

"Hay que salir de las sacristías", ha declarado el Nuncio, añadiendo que hace falta recuperar el ánimo pastoral y misionero de otras épocas, porque la fe no es innata.

Por eso, hay que actuar como en los primeros siglos del cristianismo y volver a ser una "Iglesia catecumenal, que predique aplicando una terapia de electroshock", para afrontar el secularismo galopante y el diálogo con los indiferentes.

Mons. Lucibello ha admitido, además, que, por culpa del individualismo occidental, la Iglesia no ha sabido conservar el "espíritu de cuerpo y de comunidad" que sí mantiene el islam, aunque tenga corrientes muy diferentes.

También ha advertido de que la falta de vocaciones en Occidente solo se debe suplir con otras "de calidad", evitando traer vocaciones de países pobres, que luego no resultan sólidas.

En estas lúcidas afirmaciones, despojadas de toda complacencia, se percibe, si se tiene cierta familiaridad con las problemáticas teológicas y culturales de nuestro tiempo, una gran atención al debate actual, y una aguda sensibilidad para el tiempo en el que vivimos.

Más allá de una simple "presencia"

La imagen de la terapia de electroshock sugiere la necesidad de atacar los núcleos más problemáticos de la moderna cultura occidental, presentando con claridad las posiciones cristianas, y suscitando una respuesta, incluso de manera provocante. Esta imagen está en las antípodas de otros métodos misioneros, que han caracterizado la acción de muchos cristianos, sobre todo en Europa, particularmente desde los años setenta del siglo pasado. La estrategia elegida era la del "escondimiento". Frente a una sociedad cada vez más secularizada, y como alérgica a todo lo que recordaba la autoridad de una Iglesia todavía poderosa, muchos cristianos decidieron no manifestar su calidad de creyentes y de miembros de la Iglesia: se trataba de vivir la fe de manera escondida, e incluso anónima, en medio de una muchedumbre de indiferentes, a menudo considerados ellos mismos como "cristianos anónimos", o sea personas que, a pesar de no profesar la fe, viven los valores del Reino y, por eso, son cristianos sin saberlo.

Esta estrategia se refería a las imágenes evangélicas de la levadura y de la sal, escondidas en el fondo de la masa, y se justificaba por sí misma como una forma necesaria de respeto a la libre autonomía de la conciencia de cada uno. De ahí las muchas espiritualidades y métodos misioneros inspirados por la actuación de una "presencia silenciosa": los cristianos tenían que escuchar en vez de hablar, acoger en vez de enseñar, aprender en vez de predicar. Los maestros se jactaban de haberse convertido en discípulos.

De esta manera, desapercibida y paulatinamente, se han constituido  muchas "Iglesias del silencio", aun sin ser obligadas a vivir bajo la represión soviética. Es poniéndola al lado de estas actitudes cuando se aprecia, en todo su vigor icónico y su contenido programático, la imagen de la terapia de electroshock.

El peligro: de la insignificancia a la desaparición

Esta insistencia en el concepto de presencia se ha convertido, muchas veces, en un presencialismo pernicioso: querer estar en todo, dentro de cada situación, sin proponer nada diferente o significativo, sino solo callándose.

Al respecto, Henri de Lubac escribió algunas páginas cortantes, recordando que no es suficiente, para satisfacer las exigencias de la encarnación, estar presente de una manera cualquiera: el Verbo no ha venido para hacer obra de encarnación, sino que se ha encarnado para hacer obra de redención.

Mientras tanto, el resultado de estas premisas ha llegado a ser evidente: del querer esconderse, los cristianos se han vuelto insignificantes en muchos países de Europa, lo que suena como un preludio a la desaparición de la Iglesia; peligro del cual, muy oportunamente, Mons. Lucibello pone en guardia. En efecto, la promesa de la indefectibilidad que Cristo hizo a la Iglesia no concierne a una Iglesia particular, como testimonia el caso mismo de la Turquía.

En otras ocasiones, Mons. Lucibello había declarado, a los medios de prensa, que la Iglesia católica en Turquía está llamada a pasar de la simple presencia al dar testimonio.

Si este es el programa incluso para la Iglesia en Turquía, pequeño rebaño en medio de un mundo musulmán que se muestra muy poco permeable, ¡cuánto más tiene que serlo para la Iglesia en los países en los cuales goza de espacios todavía considerables!

Volver a evangelizar con humildad

Sería muy equivocado considerar que este programa pastoral y misionero es la nueva proposición de una forma de proselitismo. Muy a propósito, Mons. Lucibello ha evocado la humildad como compañera de la terapia de electroshock. Es que solo la humildad puede hacer salir a los cristianos del entorpecimiento, y transformarlos en misioneros: no es la conciencia de sus límites culturales, intelectuales o morales, lo que puede detenerlos e impedirles de llevar a cabo su misión evangelizadora, porque su poquedad es, más bien, la condición para que en su actuación resplandezca el verdadero protagonista de la misión. "Si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte" (2Co 12, 10). La debilidad, que se acompaña con la humildad, no justifica el silencio vergonzoso, sino que funda el anuncio sin miedo: "No nos callamos por falsa vergüenza; no andamos con rodeos ni desvirtuamos la palabra de Dios" (2Co 4, 2).

En el Paraguay Mons. Lucibello ha dejado, en muchas personas, recuerdos inolvidables y mucha gratitud. Estas personas no se extrañan al oírlo hablar de terapia de electroshock, porque en sus intervenciones decididas, en su franqueza y libertad de decirlo todo, han reconocido la huella del Espíritu.

Michele Chiappo


[1] Cf. http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2011/02/13/nuncio-turquia-iglesia-religion-pujol-arzobispo-tarragona.shtml

21/02/2011
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis