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CONTRA LA DICTADURA DEL RUIDO/1

El llamamiento del Cardenal Robert Sarah

 

   

   

El nuevo libro del Cardenal Robert Sarah, La force du silence[1], (La fuerza del silencio) es como una prolongación del precedente, Dios o nada[2], en el cual, ya desde el título inequívoco, se podía individuar un programa y una prioridad. Esta nueva publicación del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos quiere indicar una condición esencial para encontrar a Dios: el silencio. Se trata de un tema clásico de la espiritualidad y de la teologíaaunque hoy olvidado y también menospreciado, pero, enfrentado por el autor con fuertes acentos experienciales y autobiográficos, que añaden originalidad y vigor a la riqueza de la disertación.

Ya en la introducción, Nicolas Diat, el periodista que ha asistido al Cardenal, declara que en la base de este proyecto editorial está una significativa experiencia: la amistad entre el Cardenal y un monje de una abadía del sur de Francia, el frère Vincent, todavía no cuadragenario, y obligado a permanecer en la cama por una esclerosis en placas fulminantes. La belleza y la profundidad de su relación de amistad fueron silenciosas, porque, en el trascurrir de un brevísimo tiempo, el frère Vincent ya no estuvo más en condiciones de hablar. La force du silence ha nacido en la celda de ese enfermo, intercambiando sonrisas, compartiendo más silencios que raros momentos de oración, durante los cuales el frère Vincent movía los labios en signo de participación. Sorprendido por la paz y la serenidad que se irradiaban desde el rostro del amigo enfermo, a pesar de los sufrimientos, el Cardenal, impregnado por la fuerza de ese silencio, luego, encontró un segundo faro de su viaje espiritual en la Grande Chartreuse (Gran Cartuja), un lugar donde todo contribuye a favorecer un diálogo con Dios: la belleza de la naturaleza, la majestad de las montañas, la soledad, la austeridad y el silencio del lugar. Allí, las palabras que los cartujos no articulan se vuelven oración, hablando a Dios de aquellos a los cuales no hablan.

El programa del fundador de la Grande Chartreuse, san Bruno (que se preguntaba: "¿Existe, tal vez, un solo bien fuera de Dios?"), resuena en el del Cardenal: "Dios o nada". Para el Cardenal, la urgencia principal, para la Iglesia, es volver a encontrar el orden de la prioridad, y afirmar que solo Dios puede llenar el corazón del hombre. Lo que necesita la Iglesia no es una reforma administrativa, algunos cambios estructurales, un ulterior programa pastoral, sino poner de nuevo en el centro la cuestión de Dios.

Un hombre de silencio

Si la celda del frère Vincent y la Grande Chartreuse han ofrecido la providencial inspiración para el libro, es toda la vida del Cardenal la que se entrega al encanto de la frecuentación del silencio, como muestra el subseguirse de las páginas. Es porque es un hombre de silencio el motivo por el que sus palabras son tan penetrantes.

"En mi sed de ver a Dios y de sentirlo confía, a menudo, me ha ocurrido experimentar la soledad y el silencio del desierto. Cuando era Arzobispo de Conakry, me aislaba frecuentemente en un lugar desierto, sumergido en la soledad y en el silencio. Ciertamente, estaba la vegetación alrededor de mí. Oía el gorjeo de los pájaros. Pero, me había creado un desierto interior, sin agua ni alimento. No había ninguna presencia humana. Vivía en el ayuno, en la oración, simplemente alimentado de la Eucaristía y de la Palabra de Dios".

Hoy todavía, "por mi aparte, sé que los más grandes momentos de mi jornada se encuentran en esas horas incomparables, que transcurro de rodillas en la oscuridad, delante del Santísimo Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Estoy como engullido por Dios y rodeado por su presencia".

Un verdadero maestro del valor del silencio ha sido, para él, su antecesor en la sede arzobispal de Conakry, Mons. Raymond-Marie Tchidimbo, quien permaneció más de nueve años en una sórdida prisión, donde le habían prohibido hablar con cualquier persona. "El silencio que los verdugos le habían impuesto se ha vuelto su única expresión de amor, su solo ofrecimiento a Dios, su sola escalera para subir al cielo y conversar con Dios, cara a cara, como un hombre que habla con un amigo. Misteriosamente, su celda de prisión le ha permitido comprender un poco el gran silencio del cielo. Durante largos meses, se ha imaginado ser salvajemente asesinado, fulminado por una descarga eléctrica o golpeado. Ha podido comprender que el misterio del mal, el misterio del sufrimiento y el misterio del silencio permanecen íntimamente unidos. Gracias a un encuentro íntimo con Dios en el silencio, ha enfrentado con serenidad las pruebas diarias".

A partir de esta experiencia, se ha abierto camino, en el Cardenal, la convicción de que el hombre silencioso es libre: ninguna dictadura puede hacer nada contra él, ningún tirano le puede robar el silencio. "Las grandes cosas de la existencia humana explica se viven en el silencio, bajo la mirada de Dios. El silencio es la más grande libertad del hombre. Ninguna dictadura, ninguna guerra, ninguna barbarie puede sustraerle este tesoro divino".

En efecto, la victoria de Cristo sobre la muerte se realiza en el gran silencio de la Cruz. Dios manifiesta su omnipotencia en ese silencio que ninguna ferocidad puede romper. Es allí donde el poder de los verdugos pierde cada consistencia.

Michele Chiappo

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)



[1] R. Sarah (avec N. Diat), La force du silence. Contre la dictature du bruit, Librairie Arthème Fayard, Paris 2016.

[2] Cf. M. Chiappo, O Dios o nada. El último libro del Cardenal Robert Sarah.    

 




24/05/2017
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis