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  CRISTO Y LA PUNTUALIDAD 

Con su amable permiso, publicamos un breve texto del P. Aldo Trento, un personaje muy conocido en el Paraguay por su total entrega a los más pobres del país


 

Hablé otras veces de este tema, sin embargo, me doy cuenta de que la mayoría de las personas tiene, como dicen en mi pueblo,  “orejas de mercader”, es decir, no hacen caso a nada. Lo triste es cuando se trata de los adultos, como los profesores o los empleados con grandes responsabilidades que tienen esta postura de mercader. Si los educadores son así, ¿cómo formar a los más jóvenes? Los latinos decían: “Qualis pater, talis filius” (Como es el padre es el hijo).

La puntualidad es un signo importante en el camino educativo porque nos forma a vivir con seriedad la propia humanidad, porque, viviendo así la realidad, no existe detalle en el que no se sea puntual.

Pensemos, por ejemplo, en el amanecer, en el ocaso, en el movimiento del eje terráqueo, en las plantas, en las flores. La palabra “cosmos”, con la cual se indica el universo, significa “orden”.

Por eso, hablamos y contemplamos la armonía del universo.

Escribía el poeta italiano Pietro Metastasio: “Dovunque il guardo io giro, eterno Dio, ti vedo; nell’opre tue t’ammiro, ti riconosco in me” (Adondequiera que dirija mi mirada, Dios eterno, te veo; en tus obras te admiro, te reconozco en mí). Dios es orden, armonía porque es amor y, por ende, refleja estas características en el hombre que obviamente con su libertad puede descomponer el orden, la armonía y el amor que lleva como un marco impreso en el corazón.

Por lo tanto, hace falta también utilizar aquellos medios como el marcador de horario (agenda) para educarnos al amor hacia el otro.

Cuando uno se enamora ¿llega atrasado o adela ntado a la cita? Dice el Evangelio: “Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6, 21), y este corazón pone en marcha todo lo humano hasta el punto, como fue en mi caso, que dejé de lado el cigarrillo porque molestaba a una persona que quería.

La puntualidad no mueve el corazón, sin embargo, el corazón pone en movimiento la puntualidad. No se olviden del diálogo que todos conocemos en el cuento de Saint-Exupéry: 

“–¿Qué hay que hacer?– dijo el principito. 

Es necesario ser muy paciente –respondió el zorro–. Primero te sentarás un poco lejos de mí, sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero cada día te podrás sentar un poco más cerca… 

Al día siguiente volvió el principito.

Hubiera sido mejor venir a la misma hora de ayer –dijo el zorro–. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Conforme avance la hora me sentiré más feliz. Para las cuatro, me sentiré sumamente inquieto. Descubriré entonces lo que vale la felicidad. Pero si vienes a horas distintas nunca sabré cuando empezar a preparar mi corazón… Los ritos son imprescindibles”.

Recuerdo un hecho que me pasó antes de venir a Paraguay. Teníamos una cita con el Obispo de mi Diócesis a las once de la mañana; llegué justito sobre la hora a la plaza donde estaba fijada la cita y don Giussani estaba ya allí veinte minutos antes. Fue suficiente su mirada para ponerme en el carril de la puntualidad, fue como si me hubiera dicho: “Si la cita es a las diez, debes estar bastante antes, de manera que puedas prepararte al encuentro”.

En los años de seminario me repetían: “Ante orationem prepara animam tuam” (Antes de orar prepara tu alma). Por eso, si la Misa era a las 19:00 h, teníamos que estar en el templo a las 18:30 h, a fin de llegar a la celebración ensimismados con el Misterio de la Eucaristía.

En aquellos tiempos estábamos lejos de la postura de hoy, donde el cura habla y bromea en la sacristía hasta un minuto antes de salir para la celebración de la Santa Misa, y las sacristías, en lugar de ser un espacio propicio para prepararse, son piezas de chisme.

P. Aldo Trento




21/07/2018
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis