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Profundizaciones

 


EN CAMINO HACIA NÍNIVE/2

Reflexión del Card. Robert Sarah sobre la Cuaresma

 


La Nínive de cada cristiano

Conocer el misterio de Cristo significa pasar personalmente por una muerte y una resurrección. El camino que conduce a Dios pasa siempre por una experiencia personal de bajada a la profundidad del propio corazón. Se trata de un encuentro con nosotros mismos, para una transformación y una purificación de nuestro ser íntimo. Es un camino pascual, como el de Jonás: el pequeño libro bíblico que presenta su historia cuenta su lucha con Dios. Jonás, llamado por Dios a anunciar a los habitantes de Nínive que a su ciudad le permanecen solo cuarenta días cifra simbólica de un tiempo de conversión y penitencia, caducados los cuales será destruida, huye de Dios embarcándose en un barco que va a la dirección opuesta; pero, siendo causa de una tempestad que amenaza de hacer naufragar el barco, es echado al mar por la tripulación y, engullido por un pez, permanece en sus vientre por tres días y tres noches. Vomitado por el pez sobre una playa, llegará a Nínive, predicará la destrucción de la ciudad y será testigo desilusionado de la salvación de la misma, a causa del arrepentimiento de sus habitantes, reprochando a Dios por su misericordia.

La lucha con Dios es un paradigma que atraviesa toda la historia de la salvación, desde el cuerpo a cuerpo de Jacob con Dios antes de regresar a la Tierra Santa. En este combate, al final, Dios otorga un don sorprendente, como a Jacob: una dislocación de la cadera que hace que el hombre ya no pueda mantenerse de pie solo, sin aferrarse a Dios. El hombre ya no se aleja de Dios, y recibe un conocimiento más profundo de sí y de Dios, un nombre nuevo: Jacob se vuelve Israel.

También el Dios que Jonás descubre es nuevo y sorprendente. Es “un Dios de ternura y de piedad, lento en la cólera y rico en gracia” (Jon 4, 1-2). Un Dios que, contrariamente a cuanto pensaba Jonás, se venga, sí, pero salvando: “Llega la venganza, la retribución divina: viene a salvarme” (Is 35, 3-4)

A partir de esta experiencia de muerte y de resurrección, el cristiano puede “penetrar en la ciudad”, comprender la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo (cf. Ef 3, 4-19), y así decir una palabra que pueda tocar a los demás.

Es precisamente este el itinerario al cual invitan las meditaciones de este libro, que quieren poner al lector en camino hacia Nínive.

Un camino que especifica el Card. Sarah refiriéndose a un estudio sobre Gregorio Magno de Mons. Claude Dagens, Obispo de Angoulême y miembro de la Académie française, además de ser profundo conocedor de la antigüedad cristiana y autor del prefacio al libro va de la exterioridad a la interioridad, de la superficialidad a la profundidad, de las barahúndas y las distracciones a la escucha: “Para san Gregorio, la identificación del pecado con la exterioridad es una visión de gran alcance. El corazón del hombre es la sede de la interioridad; el pecado, al contrario, arranca al hombre de sí mismo y lo proyecta hacia el exterior, lo empuja a dispersarse y a perderse. San Gregorio utiliza la expresión ‘redire ad cor’. Volver al propio corazón es apartarse del mundo exterior”.

El pecado es abandonarse a la exterioridad, mientras que la conversión es regresar a sí mismos, volver a casa. Es esta la invitación que Cristo hace al hombre sanado: “Vete a tu casa” (Mc 5, 19).

Un tiempo de ascesis

La Cuaresma es, pues, esencialmente un combate espiritual para efectuar, en lo secreto del corazón, una profunda conversión. El mundo moderno, sin embargo, es antiascético. Persigue la felicidad, busca el placer, no la libertad. Ha erigido como su norma el volver a Egipto, prefiere la esclavitud a la responsabilidad de construir, en alianza con Dios, el propio destino. Pero, “para nosotros los cristianos la libertad no es un derecho”; es, sobre todo, un deber. Un deber que implica también la capacidad de decir “no”, y de rechazar implacablemente las formas modernas de idolatría y de opresión. Hemos sido liberados para amar y vivir en el amor y en la verdad.

“Las preocupaciones dominantes de nuestros contemporáneos constata el Cardenal se ponen en términos de ‘tener’, raramente en términos de ‘ser’. Vivimos en un mundo al revés, moldeado en profundidad por mentalidades, reflejos y actitudes que llevan a cada uno a acumular el tener, el saber y el poder, hasta el punto de organizar el olvido colectivo de Dios, y el rechazo puro y simple del pobre”. Y explica: “El paganismo de muchos pueblos africanos, como el de otros pueblos de Asia, Oceanía y América Latina, se estructura fundamentalmente alrededor de una relación vital con la divinidad y se alimenta de valores espirituales. El paganismo materialista y secularizante de Occidente, en cambio, amenaza y debilita de raíz el espíritu religioso del hombre y su relación con Dios. En efecto, contemplamos desconcertados, en anchos sectores de la sociedad europea, un oscuro deseo de alejarse, a toda velocidad, de la fe cristiana”.

Los pueblos que han dado la espalda a Dios, al hombre, a lo sagrado, siempre han preferido el bienestar material y la diversión, panem et circenses, al verdadero alimento y al verdadero bien del hombre, que tienen su origen en Dios y en su Palabra. Por eso, la Cuaresma es un momento privilegiado para alimentarse de la palabra de Dios, espejo de nuestra alma y luz frente a todas las vacilaciones humanas sobre cuestiones esenciales y al relativismo moral e ideológico. “Solo las Sagradas Escrituras me revelan la gracia de haber sido amado por Dios, sin cálculos, sin medida y sin méritos, perdonando lo imperdonable”.

La necesidad de una roca

La misión se desarrollará por mucho tiempo todavía en este mundo, que se edifica a sí mismo sin Dios, en el inmenso afán material, espiritual y ético que desestructura nuestra época. La Cuaresma nos prepara precisamente a enfrentar al mundo real, al cual Dios nos envía para testimoniar su amor. Desgraciadamente, hoy también los cristianos viven “como todos”, y no en el sentido de la famosa Carta a Diogneto. También ellos están seducidos por el dinero y por el coche, por un mundo que vive como si Dios no existiera. La Cuaresma invita a no perder el sentido del heroísmo, del sacrificio, del sufrimiento aceptado por amor.

Es la escuela de la cruz, donde Dios muestra que no existe ningún otro verdadero poder y potencia fuera del amor: si Jesús hubiera esquivado la muerte, habría revelado a un Dios omnipotente, no al Dios que llega a morir por los que ama. La cruz es una gran escuela de contemplación, de oración y de perdón. “La llave de un tesoro no es el tesoro; pero, cuando se pasa la llave a alguien, es para entregarle el tesoro. La cruz es una llave excepcionalmente preciosa”.

Todas estas consideraciones desembocan en una visión muy precisa de cómo el cristiano se coloca en el mundo: “No es de una aprobación de la que el mundo tiene necesidad, sino de una transformación. Es necesaria la radicalidad del Evangelio. No importa que no le guste la pureza rigurosa del Evangelio”. Así, en las páginas conclusivas, el Card. Robert Sarah trae una amplia cita de Ionesco. El famoso exponente del teatro de lo absurdo declaró, en una entrevista: “La Iglesia no quiere perder a su clientela, al contrario, quiere ensancharla. En esto está una secularización asquerosa. El mundo se pierde, la Iglesia se pierde en el mundo. Los sacerdotes son ingenuos y mediocres, contentos de ser como todos los mediocres, izquierdistas, pequeños burgueses… Pronto, para la comunión, para el pan y el vino se instalará un bar: se tomarán algunos bocadillos y el vino Beaujolais. Me parece una idiotez extraordinaria, una total falta de espiritualidad. La fraternidad no es ni mediocridad ni compañerismo. Tenemos necesidad de lo extratemporal. ¿Qué es la religión sin lo sagrado? Ya no nos permanece nada sólido. Todo es movible, mientras que tenemos necesidad de una roca”.

La finalidad de estas pocas líneas no es, por supuesto, la de resumir meditaciones que, por su intensidad y amplitud no se dejan sintetizar, sino simplemente la de describir una aproximación que permite volver a descubrir la Cuaresma en su totalidad, sin mutilaciones. Las personas que han tenido la alegría de conocer al Card. Sarah cuentan con veneración de una figura de profundidad mística y de autenticidad cristiana: se alegrarán por volver a hallar sus palabras y su presencia en este libro, del cual es deseable la publicación de una traducción española. Para todos, también para quien no ha conocido al Cardenal, será una ayuda para llegar a Nínive, la tierra del perdón y de la misericordia de Dios.


Michele Chiappo

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

22/02/2015


 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis