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Profundizaciones


LA NUEVA EVANGELIZACIÓN PARA

LA TRANSMISIÓN DE LA FE
 


Una primera lectura de los Lineamenta/1
  



El tema de la nueva evangelización ha sido puesto en el primer lugar en la agenda de la Iglesia por Benedicto XVI, quien, después de instituir al "Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización"[1], ha convocado ad hoc a la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos; esta se llevará a cabo en octubre de 2012, y llama a los Pastores y a las comunidades eclesiales a profundizar en dicha problemática.

De este acontecimiento sinodal se esperan orientaciones teológicas y pastorales, como resultado de un discernimiento de los nuevos escenarios culturales y sociales, y de los desafíos que ellos lanzan a la fe vivida de la Iglesia y, en particular, a sus prácticas de iniciación cristiana y de educación.

Los Lineamenta[2], el documento de base de la reflexión sinodal, está articulado en una Introducción, tres Capítulos −Tiempo de nueva evangelización, Proclamar el Evangelio de Jesucristo, Iniciar a la experiencia cristiana− y una Conclusión. En cada capítulo hay varias preguntas, que quieren suscitar un debate que se debe desarrollar junto con el pueblo de Dios, en las parroquias, en los movimientos y en las comunidades religiosas. Todos los miembros del pueblo de Dios están interpelados para una recepción del tema a partir de la propia experiencia.

El documento es de gran linealidad y riqueza, un instrumento válido de ahondamiento, en los aspectos tanto teóricos −culturales, teológicos y espirituales− como prácticos de la nueva evangelización y de la transmisión de la fe.

Un instrumento de discernimiento

Los Lineamenta vuelven a examinar el concepto mismo de nueva evangelización, y las aprensiones que en su aparecer había evocado, en particular acerca de cierto vandalismo con respecto a la tradición y a la riqueza secular o milenaria de la Iglesia; se había difundido también la preocupación de una actitud agresiva de proselitismo, no dialogante con la cultura laica.

Durante los años, en cambio, el concepto de nueva evangelización se ha afirmado como un instrumento de diálogo profundo, de discernimiento de los nuevos tiempos y de los cambios culturales acelerados en las últimas décadas, así como de toma de conciencia de la naturaleza misionera de toda la Iglesia.


En este sentido, el concepto de nueva evangelización ha interesado tanto a las Iglesias de antigua cristiandad como a las jóvenes Iglesias. En el sur del mundo, en efecto, la Iglesia se está enfrentando con múltiples desafíos: se piense, por ejemplo, en las sectas, muy difundidas en América Latina, y en la inculturación del Evangelio en África, con respecto a las tradiciones culturales locales y, al mismo tiempo, a la modernidad.

 Juan Pablo II había acuñado, exactamente en América Latina, la expresión "nueva evangelización", que se ha hecho paradigmática y, luego, ha sido utilizada también con respecto al continente africano: "Nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones"[3].

Esta definición, como una parrilla interpretativa, nos puede orientar también hoy para profundizar en los Lineamenta para la próxima Asamblea Sinodal. Sus directrices se articulan en torno a las dimensiones ad intra y ad extra de la nueva evangelización. Estas invitan, ante todo dentro de la Iglesia, a poner profundamente en tela de juicio a la Iglesia, llamada a interrogarse sobre la calidad y el ardor de la propia fe, y de su modo de sentirse y ser la comunidad cristiana de los discípulos de Jesucristo, enviados a anunciarlo al mundo[4]. Por consiguiente, los Lineamenta invitan a hacer un discernimiento de los nuevos escenarios sociales, culturales y religiosos, y, en fin, a reexaminar las expresiones ad extra de la predicación y los métodos catequísticos del primer anuncio y del catecumenado, caracterizados por el ardor, la confianza, la libertad de palabra (parresía) y una auténtica dimensión misionera, e inspirados en las prácticas de la Iglesia de los orígenes.

La alegría de evangelizar

Los Lineamenta invitan, ya desde las primeras páginas y en todo su desarrollo, a descubrir de nuevo la alegría de evangelizar, a ser portadores de esperanza.

Para los cristianos de las Iglesias de occidente, hay riesgo de ser anunciadores de un Cristo muerto, de ser hombres tristes y desilusionados, "sumergidos en el presente y en lo provisional", como lo eran los discípulos de Emaús[5].

Demasiadas veces −afirma el documento de base del Sínodo− nos concentramos en métodos analíticos de las técnicas de transmisión de la fe, en los destinatarios de la evangelización (por ejemplo en los jóvenes), y nos olvidamos de que la primera pregunta se refiere al sujeto encargado de esta obra espiritual:

"La pregunta acerca de la transmisión de la fe... debe transformarse en una pregunta de la Iglesia sobre sí misma. Esto permite encuadrar el problema de manera no extrínseca, sino correctamente, porque cuestiona a toda la Iglesia en su ser y en su vivir"[6].

Los Lineamenta proponen una interpretación de las dificultades vividas en este campo, atreviéndose a afirmar que "tal vez así se pueda comprender también que el problema de la infecundidad de la evangelización hoy, de la catequesis en los tiempos modernos, es un problema eclesiológico, que se refiere a la capacidad o a la incapacidad de la Iglesia de configurarse como real comunidad, como verdadera fraternidad, como un cuerpo y no como una máquina o una empresa"[7].

Para ser evangelizadora, en efecto, la Iglesia tiene que comenzar por evangelizarse a sí misma[8]. Permanece siempre actual esta llamada a la escucha, al discipulado, a la belleza y gratuidad de la relación con el Señor, la única que puede crear auténticos vínculos de fraternidad y empujar a la común misión.

La evangelización, entonces, puede volverse agradecimiento y contemplación de las mirabilia Dei, e indicar nuevos itinerarios también a la nueva evangelización del sur del mundo, todavía muy imbuida de una visión de la salvación ligada a las necesidades del desarrollo, a los problemas de la salud, a la dimensión social de la liberación política, perdiendo de vista, a veces, aquella primordial regeneración personal y trascendente, que, luego, transforma al hombre en actor responsable de su salvación histórica.

La escucha profunda del Señor quien camina con nosotros, el no considerarse los primeros protagonistas de la evangelización, lleva también a la atención profunda a los signos de los tiempos, al discernimiento de los nuevos desafíos, para tener la audacia de recorrer nuevos senderos, y ser plenamente compañeros de viaje de todos los hombres de buena voluntad. Solo de esta manera, la Iglesia sabrá dialogar también con quienes no forman parte de ella –pero la reconocen como una autoridad moral acerca de temáticas fundamentales de la existencia humana– aunque permanecen, como los gentiles, en una especie de patio del templo[9].

Transmitir la fe vivida

 El desafío de la nueva evangelización es el del diálogo y del discernimiento cultural y teológico de los nuevos tiempos, que se deben realizar junto con el pueblo de Dios, y de la conversión y testimonio personales y comunitarios: "Para anunciar y difundir el Evangelio es necesario que la Iglesia promueva imágenes de comunidades cristianas capaces de articular con fuerza las obras fundamentales de la vida de fe: caridad, testimonio, anuncio, celebración, escucha y coparticipación"[10].

Por esto, en los Lineamenta se encuentra la invitación continua a sacudirse de encima la fatiga y la tristeza, que la cultura en la cual vivimos ha podido engendrar en nosotros, debidas también a la fuerte pérdida de una espiritualidad firme y vivida. Se afirma con fuerza, en efecto, que "la Iglesia transmite la fe que ella misma vive", y que "no se puede transmitir el Evangelio sin saber lo que significa 'estar' con Jesús, vivir en el Espíritu de Jesús la experiencia del Padre; así también, paralelamente, la experiencia de ‘estar' con Jesús impulsa al anuncio, a la proclamación, al compartir lo que se ha vivido, habiéndolo experimentado como bueno, positivo y bello"[11].

La invitación a la alegría dulce y reconfortante de la evangelización, también en las tribulaciones, nos parece la clave fundamental que abre y cierra el documento. Esta ofrece un camino para penetrar en la complejidad de las problemáticas del mundo contemporáneo, que pueden ser enfrentadas con renovado ardor e ímpetu misionero, aceptando poner de nuevo en juego la propia vida, para que el Reino sea anunciado y la Iglesia implantada en el corazón del mundo[12].

 

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 
  

 


[1] Cf. Carta apostólica, en forma de "motu proprio", Ubicumque et semper, con la que se instituye al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización (21 de septiembre de 2010), en L'Osservatore Romano (13 de octubre de 2010) 4-5.
[2] Lineamenta de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, en www.vatican.va (de ahora en adelante Lineamenta).
[3] Cf. Juan Pablo II, Discurso a la XIX Asamblea del CELAM (Port au Prince, 9 de marzo de 1983), n.° 3, en AAS 75 I (1983), 778; cf. Lineamenta, nota 12.
[4] Cf. Lineamenta, 2.
[5] Cf. Lineamenta, 3.
[6] Cf. Lineamenta, 2.
[7] Cf. Lineamenta, 2.
[8] Cf. Paolo VI, Evangelii nuntiandi, 15.
[9] Cf. Lineamenta, 5.
[10] Lineamenta, 12.
[11] Lineamenta, 12.
[12] Cf. Lineamenta, 25.


29/09/2011
 

 
 

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