Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Profundizaciones arrow Pequeñas luces en la noche
Menu principal
Home
Quiénes-somos ▸
Donde obramos
Escríbenos
Secciones
África ▸
América Latina ▸
Apuntes de Espiritualidad ▸
Centro de Estudios ▸
Comprender el Derecho Canónico
Conocer la vida consagrada ▸
El Personaje
Entrevistas
Escritos de Emilio Grasso ▸
Galería de Imágenes
Islam y Cristianismo
Papa Francisco
Perfiles misioneros y espirituales
Profundizaciones
Temas de Doctrina Social de la Iglesia
Utilidades
Busca en el sitio
Mapa del sitio

Los artículos publicados
en este sitio
se pueden reproducir
parcialmente o integralmente,
 
citando la fuente
 
www.missionerh.it.

 

Los datos ingresados serán tratados bajo la normativa vigente en materia de privacidad.

Imprimir Enviar a un amigo


 


PEQUEÑAS LUCES EN LA NOCHE

Difusión de las publicaciones del Centro de Estudios en Bélgica

 

Hubo un tiempo en que levantaba las montañas; actualmente, el cristianismo en Bélgica –hacía resaltar, poco antes de la Navidad pasada, un editorialista belga– se está enfrentando con innumerables dificultades, volviéndose casi invisible, por estar tan diluido e integrado en el humanismo laico[1].

El título del editorial, en su ambigüedad, es significativo: “Medianoche cristiana”. Paráfrasis de un famoso canto navideño francés (Minuit! Chrétiens…, “¡Medianoche! O cristianos…”), este se transforma en una ulterior imagen que se añade a las tantas otras, en las cuales uno se topa leyendo los diarios o navegando en los sitios web, que presentan la situación de la Iglesia en Bélgica: “En coma, enferma terminal, a riesgo de extinción”, y ahora extraviada en la “medianoche cristiana”.

Ciertamente, la fe no se mide por los números; estos, sin embargo, tienen su importancia en la evaluación de un fenómeno. Y las cifras son efectivamente desoladoras. La participación en la Misa dominical de los fieles belgas entre los cinco y los sesenta y nueve años había bajado al 13,1% en 1996, y ha precipitado al 5,0 % en 2009[2].

El número de las parroquias en Flandes disminuirá drásticamente, en los próximos años, anuncian los diarios. En el curso de algún tiempo “desaparecerá” más del 75% de ellas: de las 1.800 actuales, se pasará a un máximo de 400 parroquias[3].

Desaparecen las parroquias, pero sobre todo está ya desapareciendo del horizonte, como notaba Claudio Magris, la cultura de la fe, provocando “una grave mutilación para todos, creyentes y no creyentes, porque esa cultura cristiana es una de las grandes dramáticas sintaxis que permiten leer, ordenar y representar el mundo, describir su sentido y sus valores, orientarse en el feroz e insidioso enredo del vivir”[4].

Pequeñas luces en la noche

Sin duda, la sociedad belga está embestida por esa avanzada “desertificación” espiritual de la que hablaba Benedicto XVI. “Si ya en tiempos del Concilio se podía saber, por algunas trágicas páginas de la historia, lo que podía significar una vida, un mundo sin Dios, ahora lamentablemente lo vemos cada día a nuestro alrededor. Se ha difundido el vacío”[5].

Un vacío que las miles iniciativas humanas, el frenesí productor o el ruido mediático de los click y de los tweet no logran llenar.

Sin embargo, continuaba Benedicto XVI, “precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa”.

“Si buscas la luz, Benito, ¿por qué escoges la gruta oscura? –se lee en la entrada del Sacro Speco de Subiaco–. La gruta no ofrece la luz que buscas. Pero tú, sigue buscando en las tinieblas los rayos de luz, porque solo en una noche honda brillan las estrellas”.

También en la noche de este tiempo nuestro, en el desierto espiritual de nuestro mundo, se pueden vislumbrar, de manera inesperada, pequeñas luces que brillan todavía. Porque “también el hombre del tercer milenio desea una vida auténtica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. También en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed de Dios”[6].

La apuesta del sembrador

Partiendo de esta conciencia, o tal vez mejor dicho, atreviéndome a esta apuesta, hemos lanzado, poco más de un año atrás, en la diócesis de Hasselt (Bélgica), donde reside la Comunidad Redemptor hominis con su casa madre, la iniciativa de hacer conocer las publicaciones de nuestro Centro de Estudios, breves textos de Emilio Grasso que, traducidos al neerlandés, difundimos en las parroquias del Limburgo belga y, desde hace poco, también en las del Limburgo holandés.

Una apuesta no evidente, si se considera cómo cada aspecto de la cultura de nuestro tiempo tiende, cada vez más, a ofrecer la imagen de un mundo donde ya no hay lugar para Dios. “Vivimos en una sociedad que pretende dejar de lado a Dios; y esto, día tras día, narcotiza el corazón”, escribía el Papa Francisco en un mensaje[7].

Mas, también la apuesta del sembrador del que habla el Evangelio no era evidente. La única cosa que él podía hacer era sembrar a manos llenas, esperando que algún puñado de semillas pudiera encontrar, de una u otra manera a él desconocida, entre caminos, piedras y espinas, un poco de aquella buena tierra que hace producir frutos.

Confiando también nosotros en esa esperanza, hemos empezado, como una siembra sin cálculos, a difundir las publicaciones y a ofrecerlas a los fieles.

Cada sábado y domingo estamos presentes, con el acuerdo de los párrocos, en dos o tres parroquias de la diócesis de Hasselt, para presentar los textos de nuestro Centro de Estudios. A menudo, nos acogen también algunos monasterios que abren al público su liturgia dominical. Desde hace algún tiempo, vamos regularmente también a parroquias del Limburgo holandés, y estamos presentes periódicamente en varios santuarios, que tienen una afluencia de fieles siempre alta.

Es una presencia capilar que, weekend tras weekend, ha interesado a casi 136 parroquias en Bélgica y 32 en Holanda.

También los números hablan

El primer libro difundido ha sido el de Emilio sobre el significado de la Misa: Van offer naar feest. De structuur van de mis is de structuur van ons leven (“Del sacrificio a la fiesta. La estructura de la Misa es la estructura de nuestra vida”), publicado por la editorial Averbode, una de las más importantes de Bélgica flamenca.

Tímidamente y casi con temblor, hemos imprimido mil ejemplares, preguntándonos si hubiéramos podido agotarlos, puesto que la editorial nos decía que, para un libro religioso, 500 ejemplares eran ya un resultado del que uno podía quedar bien contento, y que precisaba un período de varios años para poder vender 3.000 ó 4.000 ejemplares de libros de autores “de moda”.

Y por eso, todavía antes de que nuestra, la sorpresa ha sido para la editorial al constatar que en un año, o poco más, habíamos difundido más de 3.500 ejemplares de nuestro libro.

En noviembre del año pasado, ha salido de la misma editorial el segundo libro de Emilio, Luisteren naar Gods Woord. Kanttekeningen bij de dogmatische constitutie Dei Verbum van het Tweede Vaticaans Concilie (“Escuchar la Palabra de Dios. Notas sobre la Constitución dogmática del Concilio Vaticano II Dei Verbum”). 

También de este hemos imprimido 1.000 ejemplares, y hemos debido pedir ya una segunda reedición, puesto que son pocos los ejemplares que permanecen en depósito.

Un tercer libro de Emilio, sobre san Juan Pablo II y los jóvenes, Geloven is altijd een uitdaging. De heilige Johannes Paulus II spreekt tot de jongeren (“Creer siempre es un desafió. San Juan Pablo II habla a los jóvenes”), ha sido publicado con ocasión de la canonización de este Papa.

Ciertamente, decíamos arriba, los números no miden la fe y tampoco la búsqueda interior de una persona. Y, sin embargo, estos son indicativos de un fenómeno que, por lo pequeño y limitado que sea, habla de la sed de una palabra diferente, de una sed de sentido y de trascendencia, de la sed de Dios nunca extinta definitivamente.

Abriendo el Año de la Fe, Benedicto XVI invitaba a todos los fieles a vivirlo “como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo”[8].

Y en el desierto, se puede vislumbrar todavía, inesperada y en oasis perdidos y lejanos, aquella agua que, invisible a los ojos, sin embargo, sigue fluyendo debajo de la superficie ardiente y árida de la arena.

Giuseppe Di Salvatore

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

______________________

[1] Cf. Ch. Laurent, Minuit chrétien, en www.levif.be

[2] Cf. E. Arcq - C. Sägesser, Le fonctionnement de l’Église catholique dans un contexte de crise, en “Courrier hebdomadaire” n. 2112-2113 (2011) 78.

[3] Cf. Kerk hervormt en sluit tientallen kerken, en www.deredactie.be

[4] C. Magris, Quando scompare il senso religioso. Religioni all’ingrosso, un crepuscolo dell’anima, en www.corriere.it

[5] Benedicto XVI, Homilía para la apertura del Año de la Fe (11 de octubre de 2012).

[6] Benedicto XVI, Homilía para las Primeras Vísperas de la solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo (28 de junio de 2010).

[7] Cf. Papa Francisco @Pontifex_es 29 de marzo de 2014.

[8] Benedicto XVI, Homilía para la apertura del Año de la Fe (11 de octubre de 2012).


22/05/2014


 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis