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Oración y Justicia:
 
dos elementos claves para la construcción del Reino de Dios


 

 

Emilio GRASSO, Oración y Justicia: dos elementos claves para la construcción del Reino de Dios, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 2), Capitán Bado 2004 (2a ed.), 36 págs.

Este segundo número de Cuadernos de Pastoral, que aborda el tema de la Oración y la Justicia, ha sido redactado a partir de los encuentros que el P. Emilio Grasso ha tenido con la gente de la parroquia de San José de Capitán Bado. Por este motivo se ha dejado al texto su inicial carácter dialogal sin gravarlo con aparatos científicos y referencias bibliográficas. A cargo de María Grazia Furlanetto se ha quedado la redacción del texto y el P. Luigi Moretti ha realizado la revisión literaria. Gracias también a ellos, podemos así presentar este trabajo, que puede ser de ayuda a todos los que quieran profundizar el tema de la Oración.

Adentrarse en el campo de la Oración quiere decir tocar uno de los núcleos centrales de la vida cristiana y, sin embargo, resulta tan difícil rezar de verdad. Decían los antiguos monjes del desierto, que nada exige tanto trabajo como el orar a Dios: esto requiere un penoso y duro combate hasta el último suspiro. Pero al mismo tiempo, nada es más vital que ponerse en contacto con la Persona de Cristo, centro de nuestra vida y de nuestros sentimientos. Sin este diálogo confidente, amoroso, humilde y pobre toda nuestra actividad, por grande y vasta que sea, no podrá tener ninguna eficacia en la construcción del Reino de Dios. A la pregunta sobre el contenido de su oración, que el cura de Ars puso a un campesino que veía a menudo quedarse frente al tabernáculo de su iglesia, el hombre contestó: “No digo nada: yo Lo miro y El me mira”.

Este cuaderno titulado: Oración y justicia: dos elementos claves para la construcción del Reino de Dios, no quiere darnos una fórmula sino más bien ponernos interrogantes sobre la manera de orar. En efecto, nos quita la ilusión de una oración alejada de los sufrimientos, las esperanzas y los gozos del pueblo, de una oración tranquila y descansada. Al contrario, nos recuerda que la Iglesia no es un lugar sosegado donde se encuentran soluciones, sino más bien un lugar de combate, de lucha cotidiana, donde cada día, con la gracia de Dios, estamos extirpando todo lo que impide la llegada del Reino. En nuestro corazón, donde se anidan los nudos de víboras, tenemos que quebrarlo todo, para que de allí pueda, de veras, nacer el hombre nuevo. Entonces, no rezamos porque somos justos, sino más bien para ser justos y para que, por nuestro medio, se realice el reino de justicia y haya siempre menos distancia entre el cielo y la tierra, entre el “ya” y el “todavía no”.

Orar es estar a la escucha de una palabra. Decían los antiguos monjes, que como si se coloca encima de una piedra un recipiente de agua para que caiga gota a gota sobre ella, la piedra será perforada, así mismo si la palabra de Dios cae a menudo sobre nuestro corazón duro, éste será penetrado y transformado por ella y se abrirá a Dios. Estamos, pues, lejos de la concepción de una oración que quiere manipular a Dios, someterlo a nuestros antojos y comprarlo a través de ritos y fórmulas.

En la oración, como Jesús nos enseñó, lo que pedimos no es nuestro interés sino que se haga su voluntad, y su voluntad es la vida para todos, la vida en todas sus expresiones resumidas en sus derechos fundamentales. Así que la vida del más pobre de los campesinos es la vida misma de Dios.

Este cuaderno nos recuerda que no podemos decir de amar a Dios y a su persona si no amamos, y no luchamos con los más pobres, sólo así nuestra oración será verdadera y nuestro diálogo con El auténtico.

La Redacción



ÍNDICE

 

Introducción

 7

 I.  

Oración como diálogo

 9

 II.  

Oración como escucha

 12

 III.  

Oración como ofrenda

 17

 IV.  

Oración como búsqueda de la justicia

 21

 V.  

Hacia la construcción del Reino

 27

 VI.  

Conclusión

 32



 

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