Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Centro de Estudios ▸ arrow Publicaciones arrow Cuadernos de Pastoral 28
Imprimir Enviar a un amigo


DIOS VIVE EN LA CIUDAD


La relación entre parroquia y ciudadanos  



 "Cuaderno de Pastoral" 28Emilio GRASSO,
Dios vive en la Ciudad. La relación entre parroquia y ciudadanos, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 28), San Lorenzo (Paraguay) 2011, 64 págs.

 

El presente “Cuaderno de Pastoral” nace del encuentro entre la Iglesia que vive en la ciudad de Ypacaraí (Paraguay) y la Ciudad misma.

Se trata de la relación delicada y, al mismo tiempo, imprescindible entre la dimensión religiosa y la dimensión política en la vida de cada hombre, experiencias que no se deben confundir o mezclar, pero tampoco separar.

Este “Cuaderno de Pastoral”, como los precedentes, une la reflexión teórica con la praxis pastoral, es decir, con la investigación, en un contexto preciso y bien determinado, del camino que nos indica la palabra de Dios, interpretada por el Magisterio de la Iglesia.

De hecho, nos movemos en un círculo hermenéutico en donde la misma Tradición de la Iglesia va creciendo con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, aumenta la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas en el momento en que los fieles las contemplan y estudian meditativamente en su corazón, entendiendo internamente los misterios expresados, y cuando los Obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad, las proclaman[1].

La relación entre Iglesia y Ciudad encuentra, en nuestra parroquia de Ypacaraí, su momento privilegiado en la celebración eucarística del 13 de septiembre, día del aniversario de la fundación de la Ciudad. Existen también otras oportunidades donde el pensamiento de la Iglesia se dirige a todos los ciudadanos, tanto creyentes como no creyentes.

Me es grato recordar, respecto a los momentos de encuentro con personas de diferentes sensibilidades religiosas, a uno de los intelectuales ateos más destacados del siglo pasado, Antonio Gramsci, “un clásico, o sea, un autor que tiene derecho a no estar de moda nunca y a ser leído siempre”[2].

Escribía Gramsci, el 11 de febrero de 1917:

Vivir significa tomar partido. No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida[3].

Estas palabras traen a la memoria aquellas del libro del Apocalipsis: “No eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio y no frío o caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Ap 3, 15-16); palabras que nada tienen que ver con las expresiones ñembotavy[4] o tranquilopá[5], típicas de la idiosincrasia paraguaya.

Dirigiéndose a los miembros del Parlamento Federal Alemán, en su discurso del 22 de septiembre de 2011[6], Benedicto XVI recuerda que para los políticos el criterio último y la motivación para su trabajo no debería ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política –afirma el Santo Padre– debe ser un compromiso por la justicia, con el fin de crear así las condiciones básicas para la paz.

El concepto de “sana laicidad”, constituido como la piedra angular y el tejido conjuntivo de este “Cuaderno de Pastoral”, permite el encuentro con hombres de diferentes creencias religiosas, así como agnósticos y ateos. Este concepto se halla bien fundado en todo el pensamiento de Ratzinger-Benedicto XVI.

Declara el Santo Padre, en el discurso en el Parlamento Federal Alemán:

Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha referido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios”.

Y poco más adelante, el Papa prosigue afirmando:

Para el desarrollo del derecho, y para el desarrollo de la humanidad, ha sido decisivo que los teólogos cristianos hayan tomado posición contra el derecho religioso, requerido por la fe en la divinidad, y se hayan puesto de parte de la filosofía, reconociendo la razón y la naturaleza, en su mutua relación, como fuente jurídica válida para todos.

En el mismo discurso del Reichstag berlinés, el Santo Padre evidenció la importancia indiscutible de la cuestión ecológica en la actualidad.

La materia no es solamente un material para nuestro uso, sino que la tierra tiene en sí misma su dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. … Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar todavía seriamente un punto que, tanto hoy como ayer, se ha olvidado demasiado: existe también la ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo arbitrariamente. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando escucha la naturaleza, la respeta y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y solo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana”.

Esta cuestión también se presenta con insistencia en el diálogo entre Parroquia y Ciudad en Ypacaraí.

Unas últimas palabras para concluir esta introducción: se entienda o no se entienda; se quiera o no se quiera, el tiempo del dogmatismo y del cura-cacique, el tiempo en que las verdades de cualquier tipo caían de lo alto, sintetizado en el antiguo ñe’engá[7]: pa’i ma he’i (“ya lo dijo el sacerdote”), ha terminado.

Por ello, retomando al citado discurso del papa Ratzinger, debemos hacer nuestra aquella súplica del joven rey Salomón:

Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1Re 3, 9).

Solo un corazón dócil –afirma el Santo Padre–, que no es otra cosa que la conciencia, o sea, “la razón abierta al lenguaje del ser”, tiene la capacidad de distinguir el bien del mal, y así establecer un verdadero derecho de servir a la justicia y a la paz.

Y solo una Iglesia formada por pastores con un corazón dócil y humilde, que buscan a la Verdad y no aspiran a ser dueños de la misma, lograrán hablar a todos los miembros de la Iglesia y de la Ciudad.

Emilio Grasso




[1] Cf. Dei Verbum, 8.

[2] Cit. en E. Hobsbawm, La recepción de Gramsci, en E. Hobsbawm, Cómo cambiar el mundo. Marx y el marxismo 1840-2011.

[3] A. Gramsci, Odio a los indiferentes.

[4] Del guaraní: engaño, fraude, trampa. Se dice de la persona que simula ser estúpida o de aquella que ante un hecho delictivo simula no haber visto ni oído.

[5] Del guaraní pa: todo. Nadie se preocupa, nadie se responsabiliza.

[6] Cf. Benedicto XVI, Visita al Parlamento Federal en el Reichstag de Berlín (22 de septiembre de 2011).

[7] Formas de expresiones muy genuinas y populares de la cultura guaraní. 

 


ÍNDICE

 

Introducción

3

I. 

 Entre César y Dios

 9

 II. 

Dios vive en la Ciudad

 15

 III. 

 La fuerza pública al servicio de la justicia

 27

 IV. 

La matanza silenciosa e impune de la circulación vial en el Paraguay 

 32

 V. 

Llevar una vida verdaderamente humana con vistas a las generaciones futuras

 39

 VI. 

 ¡Cuántos Juegos y desfiles!

 45

 


 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis