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LA PARROQUIA, ALEGRÍA DEL EVANGELIO

 

La parroquia, alegría del Evangelio Emilio GRASSO, La parroquia, alegría del Evangelio, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 31), San Lorenzo (Paraguay) 2014, 84 págs.

En la exhortación apostólica Evangelii gaudium, el papa Francisco, aunque reconozca que la parroquia no es la única institución evangelizadora, afirma que no es una estructura caduca, porque es capaz de reformarse y adaptarse continuamente. Esta capacidad depende del hecho de que ella, siendo –según la bella definición dada por san Juan Pablo II– “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas”, realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos. La parroquia –continúa el papa Francisco– es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración (cf. Evangelii gaudium, 28).

Este “Cuaderno de Pastoral”, como todos los escritos de esta colección, nace como reflexión sobre la experiencia hecha en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, de la cual presenta sintéticamente algunos aspectos. Por lo tanto, no es una reflexión teórica que se ha desarrollado a puertas cerradas en la tranquilidad de una biblioteca, sino que es algo que ha nacido con el pueblo y en medio del pueblo.

Y así tiene que ser, porque también este escrito quiere contribuir a la reforma de la Iglesia (Ecclesia semper reformanda est…) y, como afirma el papa Francisco: “La reforma empieza siempre con iniciativas espirituales y pastorales, antes que con cambios estructurales”[1].

De esta manera se ha empezado en esta parroquia.

Creer que “en el principio está el Verbo” (cf. Jn 1, 1) quiere decir que cualquier actividad de un sacerdote siempre debe empezar por la escucha personalizada, arrodillada, contemplativa, silenciosa y según el sentido eclesial de la palabra de Dios.

No se puede anunciar algo que antes no se haya escuchado y experimentado.

En la Evangelii nuntiandi, que podemos considerar como la carta magna de la evangelización, Pablo VI afirmaba con fuerza que “el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio” (n.º 41).

Sobre la importancia fundamental de la predicación en el papel evangelizador del sacerdote, el papa Francisco insiste de manera muy particular en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, dedicando al anuncio del Evangelio todo el capítulo tercero (nn. 110-175).

Para muchos sacerdotes, una preparación esmerada parece ser un lujo que no pueden permitirse.

Sobre este punto, el Papa no transige, hasta llamar deshonestos e irresponsables a aquellos predicadores que no se preparan y no son espirituales.

Algunos párrocos –escribe el Papa– suelen plantear que esto no es posible debido a la multitud de tareas que deben realizar; sin embargo, me atrevo a pedir que todas las semanas se dedique a esta tarea un tiempo personal y comunitario suficientemente prolongado, aunque deba darse menos tiempo a otras tareas también importantes. La confianza en el Espíritu Santo que actúa en la predicación no es meramente pasiva, sino activa y creativa. Implica ofrecerse como instrumento (cf. Rom 12, 1), con todas las propias capacidades, para que puedan ser utilizadas por Dios. Un predicador que no se prepara no es ‘espiritual’; es deshonesto e irresponsable con los dones que ha recibido” (Evangelii gaudium, 145).

Yo pienso que la cura pastoral de una parroquia nunca puede prescindir de estos fundamentos; de lo contrario, la Iglesia misma –según las palabras del papa Francisco pronunciadas desde el comienzo de su pontificado– se reduciría a una ONG piadosa.

Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor. Cuando no se camina, se está parado. ¿Qué ocurre cuando no se edifica sobre piedras? Sucede lo que ocurre a los niños en la playa cuando construyen castillos de arena. Todo se viene abajo. No es consistente. Cuando no se confiesa a Jesucristo, me viene a la memoria la frase de Léon Bloy: ‘Quien no reza al Señor, reza al diablo’. Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio[2].

De esta entrega personal al Señor nace todo lo demás, y cualquier plan pastoral debe desarrollarse con el pueblo y en medio del pueblo, teniendo siempre como punto de partida la búsqueda de la voluntad de Dios.

Toda la vida de la parroquia nace de esta escucha y de este anuncio.

En esta tarea evangelizadora no pueden dejar de participar los laicos, que “son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios” (Evangelii gaudium, 102). Pero, hay que poner atención en que el compromiso para una mayor participación en los ministerios laicales se refleje también en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico, no limitándose a las tareas intraeclesiales, sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad (cf. Evangelii gaudium, 102).

Por eso, este “Cuaderno de Pastoral” no se puede comprender bien sin el aporte de los Cuadernos precedentes, y en particular de estos dos:

  • La Doctrina Social de la Iglesia. Contexto histórico, principios y fundamentos (Cuaderno de Pastoral 22);
  • Dios vive en la ciudad. La relación entre parroquia y ciudadanos (Cuaderno de Pastoral 28);

y de algunos libros publicados por nuestro Centro de Estudios Redemptor hominis como:

  • Una aproximación al fenómeno de la globalización. Introducción al estudio de sus raíces económicas;
  • Firmeza y decisión. Fe y política en la perspectiva de los excluidos de la sociedad.

Los dos últimos capítulos: La Iglesia, un pueblo peregrinante y nómada y De Eva a María: el sendero hacia la responsabilidad encuentran su concordancia orgánica con lo que escribe el papa Francisco en su Exhortación apostólica:

La evangelización es tarea de la Iglesia. Pero este sujeto de la evangelización es más que una institución orgánica y jerárquica, porque es ante todo un pueblo que peregrina hacia Dios. Es ciertamente un misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino y evangelizador, lo cual siempre trasciende toda necesaria expresión institucional” (Evangelii gaudium, 111).

Este Cuaderno, como es evidente, nació y maduró en el tiempo antes de que saliera la Exhortación apostólica del papa Francisco.

El estudio de esta Exhortación nos llamará a una revisión crítica de nuestro actuar, desarrollando cada vez más el círculo hermenéutico ascendente, donde hay una continua purificación recíproca entre teoría y praxis; praxis y teoría…

Este trabajo, para nosotros los cristianos, terminará solo el día en que pasaremos de la fe a la visión.


Emilio Grasso


_____________________

[1] A. Tornielli, “Jamás tener miedo a la ternura”. Entrevista con Papa Francisco (16 de diciembre de 2013), en http://vaticaninsider.lastampa.it/es/vaticano/dettagliospain/articolo/30620/

[2] Papa Francisco, Santa Misa con los Cardenales (14 de marzo de 2013).



  ÍNDICE

Introducción

3

I.  

Pautas para la elaboración de un plan pastoral

8

 

¿“Quién” es la Iglesia?

8

 

Eclesiología de comunión

10

 

Cómo nace un plan pastoral

11

II.  

La misión del párroco

14

 

Centinela para la casa de Israel

16

 

La primacía de la acción de Dios

18

III.  

La cáritas, el corazón de la Iglesia

20

 

1. La caridad

20

 

    El signo de la caridad

20

 

    El descubrimiento del amor de Dios

21

 

2. La cáritas

22

 

    Amor sin interés

22

 

    Cáritas y justicia

23

IV.  

Sin pan y vino no hay eucaristía

27

 

La cuestión del financiamiento en la Iglesia

27

 

Defender la ofrenda de la viuda

28

 

Escuchar a una buena ama de casa

30

 

No se puede gastar lo que no se tiene

32

V.  

El ministerio del lectorado

35

 

Curso de formación y de espiritualidad del lector

35

 

Elementos técnicos y prácticos del curso para los lectores

36

 

La voz al servicio de la Palabra

38

 

Líneas para una espiritualidad del lector

39

 

Llamados a proclamar la palabra de Dios

41

VI.  

Institución de los ministros extraordinarios de la sagrada Comunión

45

 

Personas que aman a la Eucaristía y a la Iglesia

45

 

¿Qué dice la Iglesia a los ministros?

47

VII.  

Los catequistas

52

 

Algunos puntos fundamentales de pedagogía catequética

52

VIII.  

De la vestidura exterior al “hábito” interior

57

 

La conclusión del servicio de un grupo de niñas liturgistas y de monaguillos

57

 

Una enseñanza simple y fundamental

59

 

Abrazar la cruz para ser verdaderos hombres

62

IX.  

La Iglesia, un pueblo peregrinante y nómada

64

 

Testimonio de fe

65

 

Un pueblo peregrinante y nómada

66

 

Acompañados por María

68

X.  

De Eva a María: el sendero hacia la responsabilidad

70

 

Más allá del solo pedir y recibir

71

 

Una pregunta exige una respuesta

73

 

María, modelo de la responsabilidad

74

 

Hasta las grandes cuestiones

75

  

 

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