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“Querido amigo…”/15



De Bélgica, donde se encuentran para un período de formación, Mary Beatriz Portillo y Liz María Gómez, miembros de la Comunidad Redemptor hominis,  mantienen una regular correspondencia con los niños de la catequesis, con los monaguillos y las niñas liturgistas de las parroquias de Tacuatí e Ypacaraí.
En esta rúbrica "Querido amigo...", publicamos estas simples, pero significativas cartas, escritas en una realidad tan diferente de la del Paraguay, que, sin embargo, continúan aquel diálogo apasionado con los niños, entre los cuales Mary y Liz trabajan desde hace tiempo.




 

Genk, 19 de octubre de 2012

Querido Ariel:

 He leído con mucha alegría tu carta, y estoy muy contenta de saber que tú y Belén siguen fielmente su compromiso. Emanuela siempre habla bien de ustedes, y me dice que la ayudan en el trabajo con los más pequeños, para que ellos también aprendan y vivan este servicio con entusiasmo y responsabilidad. Me dice que siguen siempre realizando el trabajo de controlar los libros y los cuadernos del Centro de Estudios; este servicio que prestan es de gran utilidad.

Me has contado que has sobresalido por tus buenas calificaciones en los exámenes: esta es verdaderamente una buena noticia. Ser un monaguillo responsable significa hacer bien las cosas en la Iglesia y también en la escuela o en el colegio. Ser amigo de Jesús significa asumir responsablemente el compromiso y hacer su voluntad; Cristo es siempre fiel y nunca nos abandona.

El papa Benedicto XVI, dirigiéndose a los jóvenes, ha dicho: "No seáis perezosos, sino jóvenes comprometidos, especialmente en el estudio. Este es vuestro deber cotidiano y una gran oportunidad para crecer. Por lo tanto, sed disponibles y generosos con los demás, venciendo la tentación de centraros en vosotros mismos, porque el egoísmo es el enemigo de la alegría".

Nuestro compromiso cristiano nos llama a comprometernos cada día a vivir según la voluntad de Cristo y a perseverar fielmente en esto. La vida cristiana es un camino, es como recorrer un sendero de un monte en compañía de Jesús, y entonces no hay nada que temer.

Yo y Mary estamos aprovechando este tiempo de estudio, y cada día aprendemos algo nuevo. Estar aquí es verdaderamente una gracia de Dios: contamos con una biblioteca enorme, vemos películas y visitamos muchos lugares maravillosos. Las plazas de Bélgica no son como las del Paraguay, son llenas de flores de todo tipo; además, aquí hay muchas zonas boscosas, donde se puede caminar respirando aire puro; en síntesis, todos los lugares son bellos y ordenados.

Para mí, el curso más difícil es el del piano, pero es lindísimo; cada día hago la práctica, y da gusto escuchar la melodía de la música.

 La música y el canto son muy importantes en la celebración eucarística; por eso, hay que comprender bien sus verdaderos sentidos. El que canta debe pronunciar bien las palabras y sobre todo vivirlas, cambiando su vida interior, para que el canto nuevo sea su vida misma.

Emilio explica muy bien la importancia de la música y del canto en su Cuaderno Pastoral n.° 21, diciendo: "La música y el canto cumplen una función de signos, indicando a Dios, Jesús y la Eucaristía, para que la atención del hombre se dirija a ellos. Este es el valor de la música, que no debe distraer, sino ayudar a entrar en relación con Dios, para vivir la celebración devotamente. Si la música distrae, si no favorece la concentración, no eleva al hombre hacia Dios. En este caso, no sirve para nada y es mejor alejarla de la celebración litúrgica".

La función del coro no es actuar como si estuviera en un festival o en un espectáculo artístico, sino ayudar a la asamblea a participar activamente. Su misión es acompañar, estimular y mover a la asamblea, para que participe cantando.

Espero que, cuando volveré, ustedes me ayuden a cantar con mucha devoción y gozo, en las celebraciones eucarísticas.

Nos tenemos presentes recíprocamente en las oraciones.

Muchos saludos por parte mía y de Mary a vos, a tu hermana y también a tus compañeros/as.

Con amistad

Liz


22/10/2012
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis