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“Querido amigo…”/24

 

Ypacaraí, 15 de octubre de 2014

 

Queridos monaguillos y queridas niñas liturgistas de la parroquia de Tacuatí:

 

A través de Mary y Rosalba recibo siempre noticias de ustedes. Emanuela y yo trabajamos continuamente para la formación de los monaguillos y de las niñas liturgistas, porque urge una formación adecuada y específica, para ellos.

Ser monaguillo y niña Liturgista requiere tener un corazón puro, ser virtuoso, tener una voluntad fuerte y mantener constantemente el orden en todas las cosas. Exige, sobre todo, permanecer perseverante en la oración.

Hay que tener presente que nuestra Madre Iglesia nos pide que seamos fuertes y valientes, para defenderla contra todos los enemigos. Por eso, es fundamental que ustedes crezcan cada día fieles a su compromiso.

Como monaguillos y niñas liturgistas están llamados a mantener con fidelidad el compromiso tomado, la participación en los encuentros y sobretodo en la Misa del Domingo. Esta fidelidad los llevará a ser coherentes en todas las cosas que hagan.

Para progresar en este camino que están siguiendo, es fundamental una actitud de escucha y de humildad. Saber estar en silencio nos ayuda, por sobre todo, a escuchar lo que Cristo quiere de nosotros: es por eso por lo que, cuando se está en la iglesia, hay que guardar el máximo silencio, porque este es un lugar sagrado destinado al encuentro con Cristo.

Hablando de la importancia de mantener el silencio, san Juan Pablo II decía: “Procurad hacer un poco de silencio también vosotros en vuestra vida para poder pensar, reflexionar y orar con mayor fervor y hacer propósitos con más decisión. Solo en el silencio el hombre logra escuchar en lo íntimo de la conciencia la voz de Dios, que verdaderamente lo hace libre”.

Cuando uno va a participar en la Misa debe procurar llegar a tiempo, mantener un ánimo sosegado y tranquilo, tener el teléfono celular apagado, no entrar comiendo y tampoco mascando chicle. Es necesario que uno sepa también cuándo, durante la Misa, debe sentarse, arrodillarse o pararse, participar en las oraciones y en los cantos; además, debe poner cuidado en no hacer ruido cuando se arrodilla durante la Consagración, y en sentarse en una postura correcta y nunca acostarse en los bancos. Hay también que enseñar a los niños a comportarse de manera apropiada y a no correr por la iglesia. Además, para comulgar, uno debe estar en gracia de Dios y prepararse bien quedándose recogido en oración cuando se pone en fila, y no andar saludando a diestro y siniestro.

Estas reglas nos predisponen a una actitud de escucha y acogida del Misterio del cual se va a participar. Una cosa que hay que cuidar es también el modo de vestir. No se trata de buscar lucirse, sino de destacar la solemnidad que se está celebrando y de hacer de manera que nuestro aspecto exterior acompañe a nuestra interioridad.

Es necesario, pues, prepararse bien para el encuentro con el Señor, hay que tener en cuenta que Jesús está vivo en la Eucaristía, hablándonos y haciéndose realmente presente como ofrenda al Padre en el altar, para nuestra salvación y nuestra reconciliación.

De ninguna manera hay que pensar que el tiempo ofrecido a Cristo sea un tiempo perdido, al contrario, nos ayuda a fortalecernos en nuestro compromiso cristiano de ser verdaderos hijos de Dios.

Hoy en día, la Iglesia vive en medio de tantas tentaciones y tribulaciones, por eso, se necesita que cada uno de nosotros rece mucho por Ella y, sobre todo, pida a Dios que, con el poder de su gracia, nos mantenga fieles y firmes para velar por Ella.

Muchos saludos a todos ustedes y a sus familiares.

Con amistad 

 

Liz


 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis