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Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo



 

¡CREAMOS en el amor!

Homilía pronunciada por Franco Paladini, con ocasión de su
instalación como párroco de la parroquia Bienheureuse
Anwarite
de Obeck (Mbalmayo - Camerún)

 

 

Muy queridos Amigos:

Una inmensa alegría alberga hoy mi corazón: la alegría de las grandes fiestas... Con la instalación de un párroco, en efecto, se entabla un nuevo pacto entre este y la parroquia. En cierto modo, en Obeck, hoy se celebra un matrimonio. La prueba de esto es la presencia excepcional de los representantes más eminentes de mi familia de origen, la Comunidad Redemptor hominis, y de aquella adquirida, la Diócesis de Mbalmayo.

Es un gran honor, para mí, el haber sido designado por nuestro joven y querido Obispo y por el Responsable de mi Comunidad Redemptor hominis, para concretar tal nueva alianza con este pueblo importante, orgulloso y maravilloso de la parroquia de Obeck.

Pueblo de Obeck... un pueblo de "pico" duro y cortante[1], pero al mismo tiempo, de corazón grande, fascinante y variado como el arco iris. ¡Un solo corazón, tantos colores!

Gracias a todos ustedes, pueblo de Obeck, porque lo que soy hoy, en gran parte lo debo a cada uno de ustedes: a sus consejos, a sus oraciones, a sus correcciones, a sus estímulos; en una palabra, a su amor que nunca se ha apagado, durante todos estos años.

Mi pensamiento va, naturalmente, a Emilio, Fundador de la Comunidad Redemptor hominis. Le digo infinitamente gracias por haber aguantado, por mí causa, un verdadero martirio de la paciencia; él ha creído siempre en mí, aun en los momentos oscuros, difíciles y áridos de mi camino espiritual. Nada es imposible para Dios. Siempre me ha dicho la verdad sobre mí mismo; me ha enseñado, sobre todo, a no considerarme un superhombre y a creer que, como cada mortal, soy tan solo un pobre hombre, un pobre hombre que, sin embargo, nunca se cansa de ir siempre adelante, creyendo que el hombre lo puede todo en Aquel que le da la fuerza.

Invocando, por tanto, Aquel que lo puede todo, me apresto a compartir con ustedes el pan de la Palabra de hoy. Me detendré solo en algunos versículos del Evangelio, que espero poder hacer sabroso y nutriente para su espíritu.

Se trata, precisamente, de la imagen sacada de la parábola contada por Jesús, donde se habla de un joven que, después de decir inicialmente "no" a la invitación de su padre a ir al trabajo, se arrepiente y, al final, obedece.

Es la historia de un joven que, inicialmente, se presenta como un insolente, un fanfarrón y un orgulloso, que, sin embargo, acaba por hacerse bueno, obediente y también simpático a nuestros ojos.

Jesús, proponiéndonos esta muy simple historia, no nos da ninguna explicación psicológica del comportamiento. Nos muestra esencialmente a una persona que cambia y se convierte. Es verdaderamente una buena noticia para todos nosotros. El mundo moderno, así como, por otra parte, el mundo tradicional, con sus ideologías y sus modos de pensar, tiende a hacernos creer que estamos condicionados y como definitivamente cerrados por los determinismos, que nos quitan cada responsabilidad y cada libertad.

¿No sentimos, tal vez, frecuentemente en nuestros barrios, estos estribillos: "Me han cerrado en la botella"; "Me han atado"; "Me han hecho el maleficio"..., sin contar, luego, los horóscopos y los adivinos que tantos consultan para conocer lo que está ya escrito sobre ellos? ¿No se dice, tal vez, también en las oficinas y hasta en las altas esferas: "No puedo hacer nada, porque he heredado una situación desastrosa"?

¡Es tan fácil y cómodo poner nuestros fracasos, nuestras faltas en la cuenta del brujo, de la sociedad, de nuestros antecesores, de los extranjeros, de nuestro temperamento, del ambiente familiar donde hemos crecido... de los demás, en conclusión!

Jesús, en cambio, nos remite, hoy como siempre, a nuestra responsabilidad, repitiéndonos que los juegos no están hechos una vez por todas. Cualquier que sea nuestro pasado, cualquieras que hayan sido nuestros rechazos precedentes, un cambio es siempre posible.

Jesús nunca cierra a nadie en el propio pasado; Jesús concede una oportunidad a cada hombre, incluso al más pecador.

Dios no nos ve "fijados" definitivamente, sino en trasformación. En nuestras dificultades actuales, Él ve al hombre nuevo que se prepara a nacer.

Gracias, Señor, por esta esperanza que pones en nosotros. Gracias, Señor, por los espacios de libertad y de compromiso que ofreces a cada uno de nosotros.

Señor, gracias por el don de la conversión y del cambio. Un tiempo, yo enseñaba las matemáticas y la física, luego Tú me has dado la posibilidad de anunciar la Buena Noticia; un tiempo, he sido párroco y vicario parroquial, con paciencia Tú me has enseñado y hoy me llamas a volverme pastor.

Ayúdame, Señor, en mi nuevo ministerio a convertirme a tu Palabra cada día, a escuchar la sed de infinito escondido en el fondo del corazón de las personas que encontraré, a no clasificar a las personas..., a no etiquetarlas definitivamente, sino a darles la posibilidad de una renovación, para que tengan una vida bella y feliz.

Que santa Teresa del Niño Jesús, Patrona universal de las misiones, de la cual celebramos hoy la memoria litúrgica, ¡me ayude y me acompañe en este noble camino!

Teresa del Niño Jesús es santa porque ella también ha experimentado, como el joven de la parábola del Evangelio, la alegría de la conversión y del cambio interior. Entrando en la vida religiosa, aspiraba a las obras más grandes: al martirio, a la misión, a la profecía, pero, no lograba realizarlas. Por eso, su corazón estaba profundamente inquieto, porque no sabía cómo concretarlas en su modesta vida entre los cuatro muros de su pequeño convento. Y esto, hasta el día en que la Gracia la visitó.

A este propósito, ella escribe: "En la caridad descubrí el quicio de mi vocación. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que solo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno. Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: 'Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo y mi deseo se verá colmado'".

Muy queridos, ¡ved cómo Dios sabe hacer las cosas! He comenzado mi homilía hablando de un pacto de alianza, y esto me ha llevado a concluirla hablando del amor...

La Buena Noticia de hoy nos enseña, por lo tanto, que la conversión es posible, que el amor es posible. ¡Dejémonos tocar por esta Buena Noticia! ¡Creamos en el Amor!

Muy queridos fieles de Obeck, comienzo a hacer yo mismo esta profesión de fe que pido también a ustedes: me comprometo a ser en medio de ustedes testigo de este Amor dulce y paciente, que ha cambiado mi vida y aspira a renovar también la de ustedes, y a dar un nuevo soplo de vida a la parroquia, para que avance mar adentro en aguas profundas.

Una vez más, gracias de todo corazón, a Mons. Joseph-Marie, Obispo de Mbalmayo y a Michele, Responsable General de la Comunidad Redemptor hominis y párroco de la Parroquia Sagrado Corazón de Jésus de Ypacaraí, en el Paraguay: la presencia de ustedes en este día de mi instalación nos confirma y nos anima a seguir adelante, en esta dinámica de misionaridad y de universalidad.

Que María, la Madre del Amor Hermoso, nos acompañe en nuestro camino y nos recuerde cada día que el hombre no puede vivir sin amor (cf. Redemptor hominis, 10). En el momento de la prueba y de la desolación, nos ayude a testificar con coraje que el amor es más fuerte que la muerte, y que nada puede separarnos del amor de Dios, que se ha manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.


(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

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[1] A nivel de sonido, Obeck equivale al francés ¡Oh bec!, expresión que evoca el pico (bec en francés) y, por tanto, la boca de los fieles de la parroquia, cuya lengua, como se dice en italiano, no tiene pelos, o sea, son famosos en ciudad por su hablar franco.




24/10/2017
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis