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Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo


UN DÍA EN EL BARRIO

Visita a las Comunidades Eclesiales Vivientes de Obeck


Para encontrar a las familias en su ambiente de vida, en los meses pasados he llevado a cabo la tournée de las Comunidades Eclesiales Vivientes (CEV), permaneciendo un día entero en cada barrio de nuestra parroquia de Obeck. Ha sido un modo para dedicar más tiempo y atención a las personas, en particular aLos barrios de la periferia de Mbalmayo través de las visitas a todos los enfermos de la Cáritas, y una ocasión para reflexionar, junto con los jóvenes y los adultos, sobre los desafíos de la evangelización en nuestro contexto urbano.

Los barrios de la periferia de Mbalmayo, donde está ubicada nuestra parroquia, son verdaderos bidonvilles; hecha excepción de pocas casas bien construidas y cercadas, hay pequeños edificios arrimados el uno al otro, construidos con material de fortuna, a veces, todavía de tierra apisonada, y fuera de todo plan de urbanización. Por eso, son barrios abandonados por la administración, que no tiene ni los medios ni la voluntad de ocuparse de esta población, caracterizada por una gran movilidad; compuesta de pequeños funcionarios destinados por un tiempo más o menos duradero a Mbalmayo; de jóvenes que frecuentan las numerosas escuelas de la ciudad; de obreros o de la mayoría que "se las arregla" en la vida a través de pequeños comercios o recursos.

Era la imagen de un hormiguero humano, de una pobreza diversa de aquella, para mí más usual, de los campesinos de las aldeas, que se me abría delante, mientras recorría los callejones polvorientos y estrechos y cruzaba los puentecitos de fortuna, que unen las casas y dejan fluir a cielo abierto los líquidos pútridos. Entrando en las casas de esta gente - que, a pesar de la pobreza, reserva la habitación más importante para la acogida de los huéspedes -, con los muros tapizados con fotos de sus seres queridos e imágenes religiosas, he conocido mejor a muchas personas, y he tocado más de cerca las contradicciones de nuestra pequeña ciudad y el deterioro de sus barrios.

He percibido, además, la fatiga de nuestros colaboradores, para no caer en el fatalismo frente a las dificultades vitales, como, por ejemplo, el problema higiénico de eliminar las inmundicias. Algunos de ellos me expresaban toda su amargura por el hecho de que esto se deje a la iniciativa personal o de la CEV, y que la administración de la ciudad no ponga a disposición ni un camión para recoger la basura. Un camión llega de la capital solo con ocasión de las fiestas ciudadanas y de la parada nacional, para limpiar el centro, y luego nada más, a pesar de las protestas de la gente. Naturalmente se pide a las poblaciones que paguen los impuestos, pero, no se muestra ningún signo de interés por los barrios, que anime a la gente y eduque su sentido cívico. Mientras tanto, los niños siguen jugando entre los residuos, y se acostumbran al olor agrio de las sustancias nocivas emanadas de las hogueras improvisadas.

Los niños menos pobres, por ser un período de vacaciones escolares, los he encontrado "pegados", desde la mañana, al televisor, que vertía, también este, programas-basura. A veces, improvisaba con ellos un breve encuentro de conocimiento, para luego vernos de nuevo en la parroquia.

Mi mañana en el barrio transcurría veloz. Junto con los miembros de la Cáritas y algunos jóvenes que me acompañaban, rogábamos con los más pobres, los enfermos crónicos graves clavados en sus casas por la vejez, la parálisis o la ceguera. Momentos simples, pero hermosos, como los vividos junto con Gauthier, un muchacho de quince años, parapléjico, quien se sentía feliz por los dulces y la pelota que le habíamos ofrecido.

A mitad de la jornada, una familia me acogía para comer algo juntos, y para un primer intercambio sobre la vida del barrio, sobre las esperanzas y las dificultades encontradas por la CEV, confrontada no solo con serios problemas sociales, sino también con desafíos eclesiales, como el desinterés de los jóvenes y los adultos por la vida de la Iglesia. Particularmente preocupante es la difusión de las sectas que, en dicho ambiente de miseria y enfermedad, encuentran un terreno favorable para la evasión y a las ilusiones mágicas y "místicas".

Comunión y amistad

Alrededor de la tarde avanzada, luego, se llevaba a cabo el encuentro de la CEV - el núcleo de familias de diversos orígenes y etnias que, desde hace un decenio hace visible la dimensión de la Iglesia como comunión de las diversidades -, durante el cual, ante todo, se hacía la lectura del Evangelio del día y un comentario libre de los participantes. Luego, yo hacía un breve momento de formación acerca de la pastoral de la familia, animada por el Papa en su reciente viaje a Camerún, y, en fin, se dialogaba sobre la situación de la CEV y de la evangelización del barrio. Continuábamos hasta tarde, llevados, a veces, por la profundidad de los motivos de reflexión del Evangelio aplicado a su vida y situación, o por la sinceridad respetuosa con la cual se afrontaban las dificultades de la vida de las familias y de las relaciones entre generaciones; problemas presentes en todos los tiempos y bajo todos los cielos, que, sin embargo, aquí se han vuelto más agudos por una transformación rápida de los modelos culturales. Nos despedíamos, a veces, en el patio de la casa, entre cantos. Otras veces, los responsables me acompañaban hasta mi casa, junto con Jeannette, de nuestra Comunidad, que mientras tanto me había alcanzado para el encuentro vespertino con la CEV. No nos dejaban volver nunca con las manos vacías, sino que nos ofrecían generosamente los signos simples de su profunda amistad.

Regresaba a casa, por la tarde, con el corazón lleno de rostros e interrogantes, con la sensación de deber y poder hacer algo más, que siempre te aferra cuando te sumerges en el ambiente vital de la gente en África; con la inquietud de la misión, unida, sin embargo, a una confianza religiosa que recuerda que, a pesar del sentido de inadecuación frente a tantas exigencias, una semilla había sido echada y había arraigado. Aquellos amigos fieles desde hace años, que han "perseverado en las pruebas", en efecto, son ya el signo de un laicado y una Iglesia adultos y responsables. Ciertamente, es necesario indicar el recorrido del porvenir de las CEV, a través de una reflexión junto con sus representantes, una programación de la formación permanente de los animadores, y un acompañamiento más continuo en un renovado impulso de evangelización y de impacto social; sin embargo, lo esencial de la gratuidad de la amistad, del simple hablarse de corazón a corazón, alrededor de la palabra de Dios, existe ya. Después de haber experimentado años de misión y dificultades, se sabe apreciar la rareza y la preciosidad de esta amistad y fraternidad evangélicas.


Antonietta Cipollini


22/01/2010

 

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis