Italiano Español Nederlands Français
Home arrow África ▸ arrow Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo arrow Después de la gracia de Dios, el pueblo es nuestro más grande recurso
Advertisement
Imprimir Enviar a un amigo
 

Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo



 

DESPUÉS DE LA GRACIA DE DIOS, EL PUEBLO ES NUESTRO MÁS GRANDE RECURSO


Discurso de Michele Chiappo, Responsable General de la Comunidad Redemptor hominis, pronunciado en la parroquia de Obeck, en Mbalmayo, con ocasión de la instalación del nuevo párroco, Franco Paladini

 


Al tomar la palabra para presentar formalmente a Franco, en vista de su toma de posesión de la parroquia Bienheureuse Anwarite de Obeck como párroco, deseo expresar, ante todo, mi profunda gratitud a Su Excelencia Mons. Joseph-Marie Ndi-Okalla, Obispo de Mbalmayo, por su presencia en esta ocasión, que manifiesta, una vez más, su sincera atención hacia la vida de nuestra Comunidad Redemptor hominis, como ha hecho en varias ocasiones, por ejemplo, en el caso de la muerte de Silvia, cuando ha querido presidir la Misa de su entierro en Bélgica.

Gracias, Excelencia, por su amistad y por su constante cercanía.

Me dirijo, luego, a todos ustedes, queridos fieles de Obeck, entre los cuales hoy estoy de vuelta, a ustedes que me han visto nacer como sacerdote, y me han acompañado en los primeros años de mi sacerdocio, que he ejercitado aquí. Nos unen vínculos profundos que solo la fe compartida puede hacer nacer. Desde mi llegada, muchos recuerdos emergen o se vuelven más vivos que nunca.

Es con gran alegría y profunda emoción con que vuelvo hoy a esta iglesia donde he celebrado mí primera Misa, veintidós años atrás.

Regreso como Responsable General de la Comunidad Redemptor hominis, y, en cuanto tal, deseo lo mejor a Franco y le expreso el apoyo y la alegría mía y de la Comunidad.

Esta toma de posesión se realiza en la fecha muy significativa, en que la Iglesia celebra la fiesta de santa Teresa del Niño Jesús, Patrona universal de las misiones.

Se trata de una fiesta que nos recuerda el lugar de la misión en la vida de Franco y en nuestra vida. Y no una misión cualquiera, sino una misión en el signo de la pequeñez, de la humildad. Esta es una dimensión que está bien presente en la vida de Franco. En efecto, más de treinta años atrás, él ha renunciado a seductoras perspectivas de carrera en el mundo de la búsqueda científica, para embarcarse en la aventura del Evangelio, que lo ha llevado a dejarlo todo y a partir para Camerún. Recuerdo, a propósito de esto, el día en que, con ocasión de su primer paso por su pequeña ciudad natal, después de su ordenación sacerdotal, asistí a una conversación entre él y su profesor de matemáticas de la Universidad de Parma, que había llegado para felicitarse con él. Cuando Franco se alejó para saludar a otros amigos y conocidos, el profesor me confió que Franco era uno de las inteligencias más brillantes que había podido contar entre sus estudiantes.

¿No es esto el hacerse pequeño? ¿No es esto el elegir el amor por encima de cualquier actividad, por bella, benéfica e importante que sea? Es exactamente este el pequeño camino de santa Teresa del Niño Jesús, quien en la Iglesia quiso ser el corazón que late.

A partir del relato del testimonio de Franco, que se puede interpretar a la luz de una teología del rostro y de una teología narrativa –muy querida por Mons. Ndi-Okalla–, sus feligreses perciben de nuevo la llamada a ser, cada vez más, una comunidad auténticamente misionera, que no se cierra en sí misma, sino que vive en plenitud la dimensión católica de la fe, abriendo su corazón y sus ojos para construir por todas partes, en el mundo, el único Cuerpo de Cristo, que es la Santa Iglesia Católica.

En este crecimiento misionero, la función de Franco será la de ser el Pastor de las ovejas, el Buen Pastor. Con respecto a eso, me parece que frecuentemente olvidamos que la característica del Buen Pastor no es solo la de conocer a sus ovejas, sino también la de ser conocido por ellas: “Yo conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí”.

Me atrevo a decir que sus ovejas lo conocen muy bien. No solo porque él ha sido el primer párroco de Obeck, y tampoco porque casi se ha envejecido con ellos –aunque estos dos elementos, ciertamente preciosos, merecen nuestra consideración–, sino porque lo han acompañado como amigos que han comprendido que la fidelidad a su vocación, como para cada miembro de nuestra Comunidad comprometido en esta parroquia, era y es también “problema” de ellos. Se han dado cuenta de que nuestra Comunidad no quiere ser un mundo inaccesible, en su realidad ad intra. Mas, al contrario, la mirada y la atención de amor sobre nuestra realidad comunitaria, de parte de los que nos acompañan en nuestro compromiso, son fundamentales. Como afirma la exhortación apostólica Ecclesia en Africa, con palabras que el Estatuto mismo de la Comunidad Redemptor hominis ha retomado, es el pueblo, después de la Gracia de Dios, el más grande recurso para la Iglesia.

Sé que esta es una convicción arraigada en Franco. Él está profundamente ag radecido con los fieles, por los momentos en los cuales ellos mismos han sabido encontrar el camino en las situaciones más difíciles, permitiéndole así ponerse detrás del rebaño, contemplando la acción de Dios en su pueblo.

Es el mismo Papa Francisco quien nos dice que un pastor debe saber colocarse sea delante, sea en medio, sea detrás del pueblo.

En varias ocasiones, Franco ha expresado una gran admiración por la fe de muchos de sus feligreses. Por ejemplo, cuando, al principio de su presencia en parroquia, fue a vivir en los barrios, se llenó de maravilla por el hecho de que, en los encuentros de las Comunidades Eclesiales Vivientes o en los diferentes grupos, los fieles encontraban las imágenes y las palabras más apropiadas para comunicar su experiencia del Evangelio, para encarnarlo, para reivindicarlo. Ha recibido también fuerza en la contemplación de la alegría de los niños que escuchan con atención el Evangelio, lo acogen y lo practican a su nivel, como también en la experiencia, repetida muchas veces, de la generosidad y del entusiasmo de los jóvenes.

Los fieles de Obeck no se han echado atrás frente a las exigencias de la palabra de Dios, que es como una espada de doble filo que penetra hasta las profundidades del alma, y no se han escandalizado frente al despliegue de esta Palabra.

Han conservado la esperanza en medio de tantas pruebas y no han dejado de ejercitar la caridad, con mucha generosidad.

Han sido amigos atentos, preocupados y delicados, que han manifestado, a Franco y al conjunto de nuestra Comunidad, su cercanía llena de cuidado y de atención.

Estas ovejas lo conocen. Esto le permitirá ser un Buen Pastor. Un pastor que sabrá  unir la missio ad extra, es decir, la proclamación en el exterior que desbarata los criterios y crea una realidad nueva según el Evangelio, y la missio ad intra, es decir, la comunicación del mismo amor en el interior de su Comunidad y también del grupo de sus colaboradores parroquiales; juntas estas dos dimensiones, ad intra y ad extra, edifican la misión o decretan su fracaso, si una de ella queda descuidada o negada.

Lo que deseo a Franco y que nuestra Comunidad espera de él es que sea un Buen Pastor, siguiendo las prioridades que son también las nuestras en América Latina, en la parroquia de Ypacaraí, cuya pastoral ha sido estructurada gracias al profundo discernimiento de Emilio, quien, por otra parte, sigue animándola y sosteniéndola también en este período de mi viaje a Camerún: el reconocimiento de la primacía de la iniciativa de Dios, que requiere la escucha profunda y atenta de su Palabra; la transparencia económica; la responsabilidad de los fieles laicos; la catequesis de los niños y de los jóvenes; la caridad y la pastoral de la cultura... prioridades que tendremos la posibilidad de profundizar juntos durante esta semana de mi estadía en Obeck.


(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 




26/10/2017
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis