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Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo



 

LA ALEGRÍA DE LA EVANGELIZACIÓN

La Primera Comunión de Benjamin

Un estremecimiento de alegría y de ternura atravesó la iglesia de Obeck, cuando Benjamin respondió en voz alta y entusiasta: "¡Heme aquí, Señor!", porque estaba invitado por nombre a presentarse para el Bautismo y la Primera Comunión. Todos los cristianos de Obeck conocen a Benjamin, este muchachito menudo que ahora tiene 14 años. Lo han visto en la iglesia desde que tenía 7 años: primero llevado en cochecito por los jóvenes de la catequesis a la Misa del domingo, luego transportado en brazos con las piernas enyesadas, siempre con su sonrisa "rompecorazones" y el "gracias" sincero en los labios a cada pequeño gesto de ayuda recibido. Y, en fin, el pasado 15 de agosto los fieles lo han visto avanzar con las muletas hacia el altar.




Benjamin, tabernáculo del Señor

Benjamin tenía el rostro radioso. Escuchaba al sacerdote, quien hablaba de la fiesta de la Asunción que se celebraba en aquel día, como prenda para todos nosotros de Resurrección de la carne, también de su cuerpo enfermo, y explicaba, por consiguiente, la importancia del cuidado de la salud y de la higiene, de la ecología... Y decía, luego, que los niños que reciben la Primera Comunión se transforman en tabernáculo de Dios...

¿Él, Benjamin, era tabernáculo de Dios?

¿Él, el niño abandonado delante de la casa de la abuela paterna, cuando la mamá había descubierto que estaba enfermo, paralizado en las piernas?

Luego, una vez desaparecida no se sabe dónde, aquella muchacha no había querido decir ni siquiera las condiciones en que la enfermedad se había manifestado. Benjamin era, para ella, un fardo del cual debía desembarazarse, el signo de una maldición, no un niño que la llamaba a un amor más grande.

Curado de la manera mejor posible por la abuela, una anciana enferma, para que tuviera lo necesario para vivir y el cariño que le había sido negado por la mamá, Benjamin sabía que los niños como él son "estorbantes" y, a menudo, son considerados también poseídos por un espíritu maléfico. Si hacen algo malo o son testarudos es signo del espíritu malo que hospeda en ellos. Estos niños, llamados "niños serpientes", porque incapaces de tenerse de pie, a veces son abandonados en la ribera de un río para dejar que se transformen en su realidad más profunda, en serpientes de agua, y desaparezcan...

Ignorancia, superstición, pobreza, pocas estructuras que sensibilizan y ayudan, todas estas condiciones juntas hacen difícil, casi imposible, hacerse cargo de tratamientos continuos y costosos..., tales niños son considerados, a menudo, un peso inaguantable.

La avergüenza y el miedo moraban en el corazón de Benjamin.

Él tenía miedo también del papá, un joven que vivía de trabajos precarios que lo obligaban a quedarse lejos de su casa por largo tiempo. Un papá que ni siquiera comprendía que ciertas cosas Benjamin no lograba absolutamente hacerlas, y que en la mayoría de los casos no eran caprichos... Le daba pesados castigos corporales, que consideraba su derecho de corrección paterna. Hemos hecho comprender al papá que esta actitud suya no habría cambiado absolutamente nada, si no hacer aumentar el terror y los trastornos de Benjamin.

Benjamin, en efecto, tenía necesidad de tratamientos, de cariño y de confianza.

Gracias a la Cáritas, es toda su familia la que, en efecto, ha sido llamada a conversión, ha encontrado el sentido profundo del amor y del Evangelio. También su papá se ha dejado interrogar por los miembros de la Cáritas, buenas mamás y bondadosos papás de familia, quienes lo han involucrado en el cambio que se quería para Benjamin. La abuela ahora sabe que no ha sido dejada sola y el papá, en fin, ha comprendido, ha agradecido por todo lo que se ha hecho para su hijo y se ocupa de él por lo que le compete.

Benjamin había sido ayudado para curarse, en los primeros años, luego para ir a la escuela, en un instituto adecuado para él, aunque con gran atraso. Sobre todo, había sido defendido, amado y esto lo trasformó en un niño más maduro respecto a su edad, con reflexiones llenas de bondad y de sinceridad propias de un "sabio".

En el día del Bautismo estaba orgulloso de que le fuera reconocida, delante de todos, la dignidad de hijo de Dios: ¡recitaba el Credo y el Padre Nuestro junto con nuevos hermanos en la fe, cantaba feliz de poder recibir al Señor en la Eucaristía!

Era para todos un signo de caridad que eleva el cuerpo y, sobre todo, da dignidad y cambia la mentalidad de una familia y de un ambiente.

¿Qué podía hacer Benjamin con los ojos llenos de lágrimas y de gozo si no agradecer, al final de la pequeña fiesta en la que participó con la abuela, diciendo que, junto a esta última, la parroquia, particularmente la Cáritas, los jóvenes y la Comunidad son su familia?

La alegría donada y recibida... ¡he aquí "la alegría de la evangelización!"

La teología sobre la misión, los discursos pronunciados desde una cátedra universitaria nunca sabrán expresar suficientemente esta alegría vivida por toda la parroquia, en el día del Bautismo y de la Primera Comunión de Benjamin. Porque el Evangelio es buena noticia de vida y de alegría.

La misión tiene muchos aspectos y todos importantes, pero en el corazón de ella está la caridad. Sin la caridad, seríamos un címbalo que resuena; como dice San Pablo en su himno a la caridad, si falta el amor, nada sirve (cf. 1 Co 13, 1-13).

"La Iglesia sin testimonio es solamente humo", ha dicho el Papa Francisco últimamente a los jóvenes reunidos en Roma, antes del Sínodo dedicado a ellos.

El haber conocido a Benjamin ha ayudado, en este sentido, a varios jóvenes a descubrir el amor concreto respecto a este niño simpático y lleno de agradecimiento.

La misión está hecha de historias, de rostros, de sufrimiento, de lucha, de compromiso, en fin, es gozo puro como lo era el rostro de Benjamin.

Un trabajo paciente de la Cáritas

Notamos a Benjamin, por primera vez, sentado en un rincón en su casa, durante un encuentro con personas ancianas y enfermas del barrio reunidas por la Cáritas, con ocasión de la tournée de Gladys, miembro de nuestra Comunidad en el Paraguay, de visita a Camerún.

Comenzó allí la historia eclesial de Benjamin, un niño que no tenía ni siquiera el acta de nacimiento. Habría sido un "inexistente", si no hubiera intervenido su buena abuela, quien luego acogió también las propuestas de la Cáritas. Nos informamos de su salud y nos preguntamos qué se podía hacer para él.

Empezó así un recorrido de pasos pacientes, porque las intervenciones de lo alto, que tampoco trabajan en el terreno familiar, se habrían quedado sin continuidad.

Con la Cáritas se comenzó a sensibilizar a la familia y ayudarla a descubrir y aprovechar las posibilidades existentes en Mbalmayo, cuales hospitales y el Centro social existente. A menudo, en efecto, no se sabe ni siquiera que se tiene algunos derechos y hay estructuras que pueden ayudar.

La abuela, una pobre mujer que se busca la vida comprando y revendiendo un poco de aceite de palmera en un pequeño banco en el mercado, hizo con generosidad lo que le fue aconsejado y tomaba a Benjamin, lo hacía subir a un mototaxi y lo acompañaba varias veces a la semana al Centro social, donde trataron de reforzar los músculos de las piernas y de despertar su inteligencia. Esta última pronto se mostró intuitiva, con una buena memoria de hechos y personas encontradas. Así comenzamos a esperar que algún día pudiera ir a la escuela.

Sensibilización pastoral

Después de trascurrir un breve período de stage en una escuela especializada e inclusiva para niños con hándicap, en Yaundé, promovimos con la Cáritas de Obeck una sensibilización de la parroquia sobre el tema, invitando a algunas personas de aquel Centro, la "Promhandicam" (Promoción minusválidos Camerún), a visitarnos y hablar a los fieles después de la Misa. En aquella ocasión, varias mamás, hallaron el coraje para presentar a sus hijos, afectados de diferentes trastornos. Entre ellos estaban también Benjamin junto con su abuela.

Los padres fueron animados, orientados, y muchos niños recibieron algunos tratamientos que dieron buenos resultados. Actualmente todavía muchos niños mal videntes son atendidos y curados.

Pero la cosa más importante, ahora, es que ya no se esconde más a un niño enfermo como un "monstruo", sino que los padres comienzan a comprender que el Señor les pide que lleven aquella Cruz y amen a aquellos niños.

Se explica a los padres cuáles derechos y posibilidades existen en Camerún, y cuáles Centros más cercanos y lejanos hacen tratamientos más apropiados para ellos.

Hubo varios y provechosos intercambios pastorales para echar una luz nueva sobre estas situaciones.

La mirada de la parroquia sobre los niños minusválidos ha cambiado, ya no es más tabú, pero aún queda mucho que hacer.

Comenzó también para Benjamin una colaboración más estrecha de tratamientos con "Promhandicam", para intentar no dejarlo sentado en el suelo y tampoco en una silla de ruedas, sino hacerlo ser un poco más autónomo en los movimientos, aunque usara las muletas.

Benjamin pasó varios meses con las piernas enyesadas y lo hizo con paciencia. Aunque sufriera, no lloraba. Quería ir a la escuela y poder tener la posibilidad de todos los demás niños que veía en la Misa, a la que los jóvenes lo conducían cada domingo. Expresó el deseo que también él algún día pudiera ser bautizado y recibir la Primera Comunión.

Gracias a la ayuda de bienhechores que compartían nuestra orientación e intervención, fue posible para la Cáritas, en los últimos dos años, pagarle la pensión y la escuela especial de "Promhandicam" en Yaundé. La abuela y el papá fueron invitados a dar su participación y, sobre todo, acompañarlo en sus necesidades durante el año.

Cuando vuelve para las vacaciones, Benjo, como lo llaman los jóvenes, recomienza a frecuentar la parroquia y este año, una vez formado por un joven catequista, Michel, ha podido coronar su sueño y recibir el Bautismo y la Primera Comunión.

El camino no ha sido siempre lineal, hemos ido al ritmo de Benjamin y de su familia: hay que avanzar y detenerse con ellos. Se avanza solo si se ha comprendido que cada uno toma sus responsabilidades. Hay un cambio de mentalidad que siempre se debe hacer.

Benjamin mismo ahora es un adolescente, y sufre más conscientemente su estado y sus consecuencias. Ha superado momentos de cerrazón en sí mismo y de no aceptación. Ha comprendido que se camina con los pies, pero también con el corazón y la inteligencia, comprometiéndose en la propia totalidad.

El futuro de Benjamin es incierto todavía. ¿Qué hará en la vida? Si los resultados en el plano físico son alentadores, pero no espectaculares, es su rostro de alegría el que da el sentido y la recompensa de tanto trabajo hecho y seguido con amor por tantas personas, a quienes recordamos junto con él en la oración.

Una cosa es segura. Él sabe que es amado. Con el corazón corre y es feliz. Sabrá enfrentar las dificultades que se presenten y lo hará con la fe en Cristo y en su Iglesia, "familia de Dios".

Antonietta Cipollini

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


 


01/10/2018
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis