Italiano Español Nederlands Français
Home arrow África ▸ arrow Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo arrow Subiendo al monte
Imprimir Enviar a un amigo
 

Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo



SUBIENDO AL MONTE

Los jóvenes en romería


Han sido más de dos mil los jóvenes de la ciudad de Mbalmayo, en Camerún, que han participado de su tradicional romería anual, que el Obispo de la Diócesis, en los últimos años, ha encomendado a mi responsabilidad. Entre los jóvenes, numerosos eran los muchachos y lasLos jóvenes al Santuario “María, Reina de la Paz” muchachas de nuestra parroquia de Obeck.

Se trata de una marcha de una quincena de kilómetros, marcada por siete paradas y otros tantos momentos de meditación. Comienza de mañana temprano desde la Catedral; pasa por el interior de la ciudad y se concluye, por la tarde, con la celebración eucarística en el Santuario "María, Reina de la Paz", ubicado en la alta colina rocosa que domina Mbalmayo.

Aunque la mayor parte de los jóvenes eran católicos, no faltaban los grupos protestantes que han adherido a la iniciativa, sin olvidar a sus compañeros musulmanes que se han unido a ellos.

Varios sacerdotes y religiosos de la ciudad han participado de la marcha, dando a los jóvenes, a lo largo del recorrido, la posibilidad de acceder al sacramento de la reconciliación o de tener un diálogo sobre el sentido de la oración y la penitencia.

Del "desprecio" a la "meditación"

Es en 1994 cuando los fieles de Mbalmayo han llevado a cabo una romería anual, hasta la colina que domina la ciudad.

La elección de la colina fue hecha no solo por la belleza del panorama del que se goza allí acerca de la entera aglomeración urbana, de la extensión verde de la selva ecuatorial que la rodea y de las sinuosidades del río Nyong que la atraviesa, sino también para purificar, de cierto modo, la memoria colectiva de la ciudad.

En efecto, al tiempo de la colonización, la colina, originariamente llamada Nkol Abam (Colina del Abam, el majestuoso árbol de madera preciosa, particularmente buscado para la fabricación de los muebles), fue apodada Nkol Ebiandi (Colina del desprecio), a causa de los castigos públicos que aquí eran infligidos por la administración francesa a los "dignos hijos de Mbalmayo".

Con ocasión de la primera romería, la colina fue rebautizada con el nombre de Nkol Ebindi (Colina de la meditación), un nombre fonéticamente similar al precedente, pero completamente diferente por lo que se refiere al sentido, para marcar el rescate de los fieles y la dignidad de la que la fe cristiana es portadora. Una cruz pintada de barniz blanco, de proporciones modestas, fue plantada en aquella ocasión en la cumbre de la colina.

En 2002, la cruz fue reemplazada por otra mucho más alta, de unos quince metros, bien visible también desde el centro de la ciudad. En aquel mismo año, la Diócesis procedió a poner la primera piedra del actual Santuario "María, Reina de la Paz", solemnemente inaugurado en 2007.

De año en año, el número de los participantes de la romería aumentó, como también los problemas organizativos. Los adultos soportaban con dificultad la manera de comunicar más expansiva y alegre de los jóvenes, y estos últimos se sentían frustrados en los momentos de oración y meditación, monopolizados por los catequistas de la ciudad.

Por eso, a partir de 2004, se desarrollan dos romerías anuales distintas: una para los adultos y otra para los jóvenes. El número de los participantes de la primera se ha estabilizado en alrededor de unos centenares de personas, mientras que el de los jóvenes aumenta cada año, más allá de toda previsión. Los jóvenes reconocen en ella un espacio propio; los más comprometidos entre ellos la consideran una ocasión para "evangelizar" a los coetáneos que tienen dificultad a acercarse a las estructuras eclesiales. Por eso, a los grupos parroquiales y a los movimientos juveniles de las escuelas ciudadanas les interesa preparar con gran seriedad esta cita.

Por lo que concierne a mi compromiso, se trata de definir bien el tema de la romería y de armonizar las diferentes intervenciones de oración y meditación: es una oportunidad para dirigir la palabra a una población joven, aunque con la mayor parte de ella para mí el encuentro queda solo ocasional.

Además de esto, hace falta poner a punto el servicio de orden - el tráfico no es indiferente en el centro de la ciudad - y sobre todo el de los primeros auxilios, coordinado por algunos enfermeros, asistidos por una veintena de jóvenes estudiantes preparados para dicho objetivo. Este último servicio, dotado de un vehículo, se desvela por prevenir las situaciones de crisis, sobre todo durante los últimos kilómetros, en el momento en que el sol está en el zenit y la subida a la colina se hace más ardua. El 2009 será recordado como el año en que, a pesar del elevado número de los participantes, ningún joven ha pasado el umbral del servicio de urgencias del hospital ciudadano.

Más allá del "efecto Tabor"

Sería superficial juzgar este acontecimiento, esperado cada año por centenares de jóvenes, como un insignificante momento de diversión. Lo mismo en caso de que se lo liquidara como una simple búsqueda de "bendiciones" para los exámenes pendientes, y de "protección" frente a los problemas, a las incertidumbres de la vida y a las disgregaciones de la sociedad.

Tales componentes, ciertamente presentes, no darían el verdadero sentido del fenómeno. La romería, como otras formas de religiosidad popular, expresa en los jóvenes también una búsqueda de autenticidad, de verdad, una "sed de Dios", que estamos llamados a purificar y a hacer más explícita.

Es con esta visión con que he afrontado tal acontecimiento. He tratado de acompañar a losLos responsables de los grupos a Obeck jóvenes a superar lo que los sociólogos llaman el "efecto Tabor", ayudándolos a traducir en lo cotidiano, ciertamente más arduo y menos luminoso, lo que se ha vivido en una circunstancia particularmente emocionante.

Lo he hecho "antes" de la romería, encontrando a los responsables de los grupos; "durante", con la predicación, y "después", volviendo a encontrar a los encargados y en particular a los jóvenes de la parroquia de Obeck.

Hay siempre algunos valores religiosos que una romería transmite, como la dimensión penitencial y de éxodo de la vida, la devoción mariana celebrada, durante la marcha, con el rezo del Rosario y, al final de ella, con la celebración en el santuario dedicado a "María, Reina de la Paz".

Educar a los jóvenes a una correcta devoción mariana los ayuda a abandonar un "cristianismo oportunista" y a purificar el núcleo de la fe que, antes de ser conocimiento o reglas morales, es relación personal, misterio de libertad que sabe abrirse a la responsabilidad en la construcción de la Iglesia. María no es la "mamita", detrás de la cual los hijos se esconden para evitar el riesgo de sus elecciones, sino la "Madre" dulce y determinada que llama a la madurez de la fe. Su "sí" recuerda a los jóvenes que para cambiar el mundo, precisa empezar por la propia respuesta personal.

La romería hacia el santuario no tiene que reducirse a una fuga, sino que debe ser una ocasión para una toma de conciencia y un juicio, con vistas al cambio personal y comunitario. Pasar, durante el camino, delante de los puntos neurálgicos de la ciudad permite abrir los ojos sobre los sufrimientos y las contradicciones experimentadas cada día: el hospital, el palacio de justicia y la prisión, la municipalidad y los barrios populares, las industrias de la madera y, apenas fuera de la aglomeración urbana, las pobres aldeas rurales. El cristianismo no es nunca evasión, sino que vive en el corazón de la historia humana y de nuestras realidades cotidianas que, iluminadas por la luz del Evangelio, nos permiten encontrar al Señor.

La marcha de cada día

Este año hemos afrontado la marcha meditando sobre el pasaje bíblico del Éxodo acerca del don del maná, que Dios hace a su pueblo en el desierto.

El camino de la libertad indicado por Dios a Israel no es el más fácil: se avanza con fatiga, afrontando las dificultades, paso a paso. Nada está asegurado; hace falta esperar, creer cada día, perseverar. Es la pedagogía "viril" que Dios actúa con su pueblo: no anestesia las conciencias y quiere que el hombre adhiera personalmente a su plan salvador.

En este camino, una tentación que se debe vencer es la de los "atajos". Para llegar a la tierra prometida, el Señor no indica un camino directo y allanado, al contrario, uno largo y duro. Cotidianamente hace falta salir del campo para recoger el maná y cuando, queriendo hacer trampas, alguien toma una cantidad de maná superior a la ración cotidiana, el sobrexcedente se pudre. Cada día hace falta recomenzar; cada día precisa luchar y tener fe.

Es lo que he querido comunicar a los jóvenes, para que no se detengan a una emoción pasajera y al entusiasmo experimentado "subiendo al monte".

"Bajando al valle", deben comprometerse en la "marcha" cotidiana con los amigos, en la familia, en la escuela, en la parroquia.

Franco Paladini

09/06/09
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis