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Vida de la parroquia de Ypacaraí 



"CERCANOS AL "DULCE CRISTO EN LA TIERRA"


Visita de Mons. Karel Kasteel a Ypacaraí



 Una larga y fuerte amistad nos ata a Mons. Karel Kasteel: compañero de Emilio en el Almo Colegio Capranica -la institución eclesiástica romana donde ambos se prepararon para el sacerdocio-, luego él ha seguido y acompañado con afecto la evolución de nuestra Comunidad. Un encuentro suyo con Emilio en el palacio de Propaganda Fide (Congregación para la Evangelización de los Pueblos), donde Mons. Kasteel en aquella época era Oficial, estuvo en el origen de las primeras aperturas misioneras de nuestra Comunidad, dando inicio a las fundaciones fuera de Italia.

De regreso de Chile, donde había ido en calidad de Comisario Apostólico, él ha querido venir a pasar algunos días con nosotros, compartiendo nuestras preocupaciones y satisfacciones, desde el punto de vista comunitario y pastoral.

El gozo de volverse a encontrar ha caracterizado esos días del tórrido comienzo del diciembre paraguayo: tiempo de Adviento, esto es, etimológicamente, de "visita" y "presencia". Y los fieles de la parroquia de Ypacaraí han vivido este acontecimiento precisamente como un Adviento, arrastrados por el entusiasmo: a través de la persona de Mons. Karel Kasteel, han percibido casi la presencia del Papa mismo.

 "Escuchar a Ud. es como estar allá, en el Vaticano, muy cerca de Su Santidad Benedicto XVI", ha declarado Andrés, hablando en nombre del Consejo Pastoral, al final de la visita.

"He venido para mostrar mi afecto a Emilio y a la Comunidad, y, a través de ellos, a todos ustedes, pueblo de la parroquia. Estoy aquí porque, desde hace casi cincuenta años, he podido vivir mi sacerdocio en unión con Emilio, y de esto han nacido muchas buenas cosas", ha afirmado, por su parte, Mons. Kasteel al comienzo de la visita, revelando también que su corazón estaba abrumado por las emociones, a causa del entusiasmo de la ceremonia de bienvenida, en una Capilla de un sector periférico particularmente populoso, frente a los cantos, a las danzas tradicionales y a los lindos adornos con flores según los colores de la Santa Sede.

Cincuenta años al lado del Santo Padre

"He tenido el privilegio de servir a seis Vicarios de Cristo": con estas palabras se ha presentado a los fieles de la parroquia, sintetizando una experiencia de más de medio siglo en el Vaticano. "Me he quedado al lado del Santo Padre en los últimos cincuenta años y algo más, aún antes de ser sacerdote". Pocos pueden decir lo mismo. "Hay quien ha servido a dos Papas, quien, a tres. Pero, haber servido a seis es un gran privilegio, que comporta algunas responsabilidades y me obliga a dar lo mejor de mí mismo".

Sin embargo, la costumbre de estar en contacto con el Santo Padre -ha confesado- no sustrae nada a la emoción y a la conmoción de poderlo servir: "No es posible que uno se acostumbre a esto. Ya desde la primera vez, y hasta hoy, cuando estoy cerca del Santo Padre, siempre tengo el sentimiento de hallarme muy, muy cerca de Jesús. Santa Catalina de Siena llamaba al Papa 'el dulce Cristo en la tierra'. Es verdad. Cada vez que uno ve al Papa se da cuenta de que es la persona que representa a Cristo para toda la tierra".

Mons. Karel Kasteel Esta cercanía con el Vicario de Cristo ha comenzado, para Mons. Kasteel, cuando era todavía joven seminarista: "Me pusieron a trabajar para los pobres de Roma, en aquel tiempo bastante numerosos. En un par de ocasiones fui conducido por el papa, Pío XII, que quería conocer la situación de los pobres de la ciudad. Recuerdo muy bien la primera vez que pude verlo de cerca. Todos teníamos una enorme veneración por él. Luego, en 1957, se celebró el quingentésimo aniversario de la fundación del Capranica, del cual el mismo Papa había sido alumno. Con nuestra gran sorpresa, el Papa vino a hacernos visita: era una época en que el Papa salía del Vaticano solo una vez al año, para ir a Castel Gandolfo. El año después, el 21 de enero, fiesta de Santa Inés, patrona del Capranica, tuvimos el honor de hacerle una visita. El mismo año, estando a punto de morir, él hizo pedir al Rector del Colegio que los seminaristas vinieran a rezar a su cabecera en las horas de agonía. Pasamos toda la noche con él. Estar al lado del Vicario de Cristo que estaba yendo hacia Cristo, después de tanto trabajo y tantos sufrimientos, fue una experiencia increíble. Para nosotros, era como si fuera el fin del mundo".

Pero, fue bajo su sucesor, Juan XXIII, cuando Mons. Kasteel entró establemente al servicio de la Santa Sede. "El Cardenal José María Caro Rodríguez, Arzobispo de Santiago, me había llevado consigo al Cónclave, y pidió al Papa poder ser el primero de los Cardenales electores en saludarlo. Y así tengo una fotografía donde estoy con los Cardenales, quienes, los primeros, han podido ver al Papa vestido de blanco. Recuerdo que él me pidió: '¿Cómo me hallas en blanco?' Lo había conocido cuando todavía era Cardenal, en el momento en que llegó al Capranica, para saludar a uno de los seminaristas de su diócesis".

Juan XXIII pidió al Obispo de Mons. Kasteel, el Cardenal Alfrink, de enviarlo a la Academia Eclesiástica, donde se formaban los sacerdotes que se preparaban para formar parte del servicio diplomático de la Santa Sede: fue el primer holandés desde la fundación de la Academia. "Me costó mucho permanecer en Roma, porque ya había hecho algunos programas con el Cardenal: puesto que conocía los idiomas, me habría ocupado de los migrantes, muy numerosos en esa época en los Países Bajos. La idea de tener que estar todo el día en una oficina, lejos del pueblo de Dios, me costaba. No entendía todavía lo que era el servicio al Papa y a la Iglesia universal. Pero, como siempre, un sacrificio auténtico es recompensado. Fui destinado a Propaganda Fide, donde he permanecido treinta años".

Sufrir por la Iglesia

 Para Mons. Kasteel, el aspecto más lindo e íntimo del estar cerca de los pontífices ha sido ver cuánto han sufrido por el bien de la Iglesia. Esta es una confidencia que ha hecho respondiendo a los miembros del Consejo Pastoral, después de que le habían presentado el recorrido de la parroquia en los últimos años, guiados por Emilio. Le habían contado que la llegada de la Comunidad Redemptor hominis había representado un cambio radical para la parroquia, con la centralidad de la liturgia, vivida en silencio, orden y devoción, la predicación de Emilio, la transparencia económica. Un proceso -le han explicado- que no ha sido exento de tensiones y conflictos, y, por tanto, de sufrimiento, pero necesario y sumamente benéfico.

Ser capaces de sufrir por la Iglesia, no tener miedo de ser impopulares, de recibir críticas, es el mensaje que Mons. Kasteel ha confiado al Consejo Pastoral, confirmándolo así en el camino emprendido. Un mensaje que él ha reforzado, revelando algunos episodios de su relación con los Papas. "Con Pablo VI tuve muchísimos contactos, porque él quería conocer personalmente a sus colaboradores. No se contentaba con leer las relaciones, sino que quería conocer al redactor de las mismas. Permanecimos muy sorprendidos cuando nos transmitieron la instrucción, que determinaba que fuesen firmados los  documentos que debían ser sometidos al Papa. Él quería saber quién estaba detrás de esas páginas, con cuál personalidad y cuál sensibilidad. Pues bien, todos estos contactos me han permitido ver su coraje de llevar adelante y poner en práctica el Concilio, en una época particularmente turbulenta, sin dejarse influenciar por el miedo de no ser comprendido. Recuerdo cuando, en Castel Gandolfo, pocos días antes de morir, me hizo llamar para tener un parecer sobre un dosier particularmente delicado. Estaba postrado, y me recibió en bata. Después de leerlo, les hice presente que, según mi parecer, había dos opciones, y que la que me parecía la mejor, inevitablemente, habría comportado algunas críticas a la actuación del Papa. Él no tuvo dudas: tenía que ser esa, porque el destino de quién ama a la Iglesia es, a menudo, ser incomprendido. Nos ha dejado el ejemplo de cómo es necesario sufrir por la Iglesia, sobre todo cuando no somos comprendidos y aun somos insultados".

Los Papas y la cruz

Se trata, entonces, de creer en la fecundidad de la cruz, como Mons. Kasteel ha explicado a los colaboradores de la parroquia: "He visto, a menudo, que los Sumos Pontífices miran a la cruz con una mirada tan intensa que nos inspira a todos". De la oración de los Papas, él ha sido frecuentemente testigo: "Me ha impresionado constatar que Juan Pablo II dedicaba cada día muchas horas a la oración, a pesar de todos sus compromisos. A menudo, he participado en la Misa que celebraba en su capilla particular, a las siete de la mañana, precedida de una hora de oración personal y, después de los saludos a los eventuales presentes, seguida de otra hora de oración personal, con ulteriores largos momentos de oración a mitad de la mañana, al comienzo y al final de la tarde".

 Con respecto a la cruz en la vida de los Papas, Mons. Kasteel ha evocado particularmente a Juan Pablo II: "Para él, ningún sacrificio era demasiado grande. Se consideraba hasta el final Siervo de los siervos de Dios, y se dedicaba a la gente sin medidas. Frecuentemente le hacían notar que hacía saltar los horarios, comenzando por los de las comidas. Era intolerante, sobre todo en los primeros tiempos, respecto a las recomendaciones de quien lo invitaba a no desgastarse. Su vida ha sido una kénosis, un darse totalmente, hasta la última gota de sangre, hasta el último respiro". Esta es una imagen que trae a la mente de Mons. Kasteel el momento de la muerte de Juan Pablo II, a cuyo cabezal él estuvo presente.

La cruz como criterio no solo de la vida espiritual, sino también de la acción pastoral es, según Mons. Kasteel, una de las grandes enseñanzas dejadas por Juan Pablo II. Todas las culturas tienen que pasar por el crisol de la cruz, corazón de la evangelización: "En perspectiva misionera y pastoral, es fundamental lo que frecuentemente Juan Pablo II repetía: 'Yo amo todas las culturas, las aprecio y quiero comprenderlas en profundidad, pero mi deber es proclamar la cultura del Evangelio, que tiene que entrar en todas las culturas'. De hecho, amaba mucho lo que veía en todos los países que visitaba; era profundamente experto en humanidad -no había situación humana que él no comprendiese-, pero, por encima de todo, él amaba la palabra de Dios".

En estas palabras, los colaboradores de la parroquia han visto reflejarse su experiencia: "Hemos comprendido, en estos años, que la cultura se cambia, en nombre del Evangelio".

Al descubrimiento de la caridad del Papa

A los miembros del grupo Cáritas de la parroquia, que le han descrito su compromiso a favor de los pobres y de los enfermos de la ciudad, Mons. Kasteel ha hablado de su trabajo como Secretario del Pontificio Consejo Cor Unum y, además, como Observador de la Santa Sede ante la Fundación Juan Pablo  II para el Sahel. Animándolos, les ha dicho: "Por muchos años, el Santo Padre ha querido que yo fuera Secretario del Pontificio Consejo Cor Unum, instancia de la Santa Sede, responsable para la orientación y la coordinación entre las organizaciones y las actividades caritativas promovidas por la Iglesia católica. Colaborar con el Papa, estando en los lugares más pobres y postrados de la tierra, ha sido una de mis experiencias más lindas. De esta manera, sé que la fe se concretiza en la caridad, que la caridad tiene una vitalidad inagotable, y que si cae la caridad, caen también la esperanza y el testimonio. En la parroquia de ustedes vive la caridad".

Hablando a los miembros de la Cáritas, Mons. Kasteel ha evocado el amor de Juan Pablo II por los pobres: "Recuerdo lo que nos impresionó de Juan Pablo II, al comienzo de su pontificado. En una reunión con los responsables de los dicasterios en los que se planificaba sus viajes, cada responsable presentaba la prioridad y los criterios para establecer un esbozo. Después de escuchar a todos cuidadosamente y de reflexionar, el Papa declaró sin vacilaciones: 'He decidido. Daré la prioridad a los países más pobres. He sido llamado por Cristo a anunciar a los pobres la Buena Noticia'".

Luego, ha presentado una etapa importante y emocionante en la organización de la caridad del Santo Padre, el "llamamiento de Ouagadougou", cuando, en 1980, en el momento crucial de la carestía que devastaba el Sahel, el Papa lanzó un llamamiento solemne al mundo entero para ayudar a los "países de la sed". "Cuando se instituyó la Fundación Juan Pablo II para el Sahel, el primer ofrecimiento llegó de un musulmán, quien declaró que el Papa había entendido cómo ayudar a los más pobres entre los pobres".

Auténticamente católicos, apostólicos y romanos

Con el conjunto de los fieles, Mons. Kasteel ha comentado algunas catequesis de Benedicto XVI sobre el Año de la Fe, permitiéndoles celebrar juntos la única fe, la maravillosa realidad de pertenecer a una sola Iglesia, fundada por Jesucristo. Benedicto XVI es un Papa con quien Mons. Kasteel está en contacto desde hace mucho tiempo: "Lo conocía muy bien porque yo era Comisario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que él era Prefecto. Además, nuestras casas estaban cerca, así que nos veíamos prácticamente todos los días. Es el hombre más humilde al que haya encontrado en mi vida".

A los fieles de Ypacaraí, a los que ha impartido la bendición apostólica en nombre del Santo Padre, ha hecho una promesa: "Hablaré de su fe al Papa. Ha sido una experiencia imborrable, de la que no sé con cuáles palabras podré informar al Santo Padre. Nunca habría podido imaginar, cuando nos conocimos, ya desde hace más de medio siglo, que un día, gracias a Emilio, habría conocido a este lindo País donde habría recibido tantos signos de afecto. Les deseo que sigan recorriendo el camino emprendido, cada vez más, porque no sería la primera vez que, a partir de una parroquia, se convierte todo un País".

 Los fieles, por su parte, han captado cuánto de extraordinario había en esta visita, viviéndola con gran emoción. Hablando en nombre de ellos, Andrés ha expresado sus sentimientos con estas palabras: "Nuestro amor por el Santo Padre se ha fortalecido en estos años, gracias a la enseñanza de Emilio, y nos atrevemos a pedir a Ud. que haga saber al Santo Padre, 'dulce Cristo en la tierra', que Ypacaraí es una parroquia auténticamente católica, apostólica y romana. Nos gloriamos de profesar nuestra fe, arraigada en el ministerio de Pedro en el que continuamos profundizando, seguros de que nos lleva a conocer el rostro de Cristo y a amarlo hasta el final. Nos ha impresionado mucho su amistad con Emilio y con la Comunidad Redemptor hominis. Desde pequeños gestos transparentaba la intensidad de una amistad que tiene como fundamento a Dios mismo y el don de sus personas a Él".

El gozo de la comunión

"Por lo tanto, también el volver a verse es un dios", escribió Dietrich Bonhoeffer, en una carta de julio de 1944, citando una notable y linda frase de Eurípides, en una escena de hallazgo después de una larga separación. Una frase que no se limita a describir el gozo de volver a encontrarse, sino que indica también que la comunión no es un producto de esfuerzos y programas humanos, y acontece, cuando acontece, "no por medio de nuestras fuerzas sino por medio de Dios", por usar las palabras del mismo Bonhoeffer.

Después de una separación que ha sido solo física, porque el diálogo siempre ha continuado ininterrumpido y apasionado, hemos tenido de nuevo entre nosotros un gran amigo, con el cual hemos podido hablar a corazón abierto. Y también para nosotros este encontrarse, volver a verse y hablarse ha sido un dios.

Michele Chiappo

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)




 

Mons. Karel Kasteel (La Haya, 1934) es Comisario Apostólico, Secretario Emérito del Pontificio Consejo Cor Unum, Decano Emérito de la Cámara Apostólica, Prelado Superior de la Santa Sede y Protonotario Apostólico.
 




20/01/2013

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis