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Vida de la parroquia de Ypacaraí


 


LA GRATITUD DE LOS MONAGUILLOS
Y DE LAS NIÑAS LITURGISTAS POR EL 51°
ANIVERSARIO DE SACERDOCIO DE EMILIO




El 31 de octubre de 2017, la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Paraguay) ha festejado el 51° aniversario de la ordenación sacerdotal de Emilio y, como ya es costumbre en esta ocasión, durante la celebración eucarística han sido entregadas las vestiduras sagradas a un grupo de veinticinco entre monaguillos y niñas liturgistas.

Como invitados especiales a la celebración estaban los padres de los muchachos, que han recibido la vestidura sagrada del monaguillo o el fular de la niña liturgista.

Todos los monaguillos y las niñas liturgistas de la parroquia, unos noventa entre niños y niñas, muchachos y muchachas entre los 8 y 16 años, han querido prepararse bien a esta ocasión en que, recordando el sacerdocio de Emilio, lo han agradecido públicamente con una carta que un grupo de ellos, entre los mayores, ha escrito recogiendo las ideas y los sentimientos de todos.

Por eso, antes de que Emilio pronunciara su homilía, y antes de la entrega de las vestiduras, la carta de los monaguillos y de las niñas liturgistas ha sido entregada a Gustavo, uno de los lectores de la celebración, un joven crecido en esta parroquia junto con Carolina, su esposa, con la que se casó exactamente en esta fecha, el 31 de octubre de nueve años atrás. Gustavo y Carolina, en efecto, habían querido que Emilio celebrara su matrimonio y luego, hace siete años, una vez más en la misma fecha, habían querido que Fiorella, su primera hija, recibiera el Bautismo de Emilio mismo.

Gustavo ha leído la carta, en una atmósfera de silencio y con la gran atención de Emilio y de toda la asamblea.


Ypacaraí, 31 de octubre de 2017

Querido Emilio:

En este día muy especial para ti, para todas las personas que te conocen y para toda la comunidad parroquial, te queremos decir: "Muchas felicidades por tus 51 años de sacerdocio y de servicio ante Dios". El tiempo pasa rápido. ¡Es un hecho especial que todo haya encomenzado un 31 de octubre del año 1966, cuando tenías tan solo 27 años!

Desde que te conocemos, tú has sido una persona muy humilde, bondadosa, sabia, y has demostrado que te gusta lo que haces.

Debemos rezar para que Dios, en su providencia, suscite en nuestros corazones y dé a tantos jóvenes el deseo de entregarse totalmente a Cristo, que está en la base del ministerio sacerdotal, como tú lo hiciste.

¡Quién habría imaginado que nos habríamos vuelto tus monaguillos y niñas liturgistas!

Desde el primer día en que empezamos nuestro camino de monaguillos y niñas liturgistas, tuvimos una conversación con un sacerdote, y supimos que a través de cada palabra que él pronunciaba habríamos podido aprender algo más.

Todos nosotros y nosotras queremos agradecerte por todos los años en que nos preparaste y nos ayudaste a comprender lo que significa ser un servidor de Dios.

Muchas gracias, Emilio, por las enseñanzas que nos diste a lo largo de estos años, con tu sabiduría y humildad y con tu manera de ver la realidad. Hemos aprendido tantas cosas, que nos sirven en la vida para mejorar cada día.

En una de las tantas charlas, nos hablaste sobre el no tener una mala conducta. Con tu manera de llamar la atención, nunca podemos olvidar tus enseñanzas sobre el no mascar chicle en la iglesia, el mirar el celular, el no hablar durante la Misa, y el respetarnos entre nosotros.

Siempre nos exiges que cumplamos con nuestra responsabilidad y nuestro compromiso como monaguillos y niñas liturgistas, pero, siempre con ese cariño de padre que corrige a sus hijos por su bien, y con esa sabiduría que has adquirido durante los años. Gracias por todos los consejos que nos has dado.

Junto a ti, con tus homilías largas que nos ayudan a reflexionar, hemos aprendido muchas cosas. Tu forma de pensar y ver las cosas nos ha ayudado a tener una perspectiva diferente de aquella de las demás personas, porque siempre busca la verdad, para ayudar a los demás y, sobre todo, a las personas más necesitadas, enfermas, a los pobres. Tu solidaridad hacia los pobres es impresionante.

Fuiste siempre un amigo, y compartiste buenos momentos con nosotros. Además de habernos enseñado a servir a Dios de esta forma, nos has enseñado el camino de la felicidad. Te queremos decir que tú eres nuestro guía para seguir el Bien.

Todos estamos unidos en la oración que tú nos enseñaste, desde que empezamos a ser fieles servidores al altar de Jesucristo, y hoy te queremos acompañar en este día especial.

Feliz aniversario sacerdotal, Emilio. Esperamos que sigas siempre con nosotros.

Te queremos mucho. Tus amigos:

Los monaguillos y las niñas liturgistas

 
Al término de la lectura y después de un espontáneo aplauso, Emilio, volviendo a tomar algunas de las últimas palabras de la carta, "esperamos que sigas siempre con nosotros", ha precisado a los más pequeños y a todos los presentes, que no es tan importante que él continúe estando siempre con estos monaguillos y niñas liturgistas, porque todos, en realidad, pasamos por esta tierra y para todos llegará el momento de ser llamados por el Señor, dejándolo todo.

También para mí, decía Emilio, llegará este momento; la cosa importante, sin embargo, es que Jesús permanece para siempre, continúa amando a cada uno de ellos, también y sobre todo cuando ellos se olvidarán de Él, porque nunca el amor del Señor muere y se apaga. Pasará el tiempo y también estos muchachitos crecerán, no serán eternamente monaguillos y niñas liturgistas; lo que vale, por tanto, es que se preparen bien para tener una vida bella y feliz.

Pero, para tener todos una vida feliz porque Dios ama a todos sin distinción de persona, y con un amor preferencial por los más pobres, marginados y abandonados, es necesario crecer bien en el amor al Señor y tener el coraje del sacrificio, del esfuerzo, de la fatiga, de la lucha y del combate.

Como repite siempre Emilio, y en esta ocasión lo ha recordado también a los más pequeños, el primer combate se desarrolla en el propio corazón, porque el primer enemigo se debe reconocer en uno mismo. Por eso, se tiene que saber luchar dentro del propio corazón para cambiarlo, para ser mejores, y esto requiere sacrifico. Sabemos, en efecto, que sin fatiga, sin esfuerzo, sin lucha no se alcanza ningún resultado y se fracasa en la vida.

Deseando que todos tengan una vida bella y feliz, Emilio subrayaba también que se necesita descubrir la voluntad de Dios, porque Dios ama a cada uno más de cuanto cada uno se ame a sí mismo. Tenemos necesidad, por tanto, de que el amor del Señor esté siempre con nosotros: es de Él del que viene la esperanza, y estamos seguros de que es Él quien estará presente. Él seguirá estando con estos monaguillos y niñas liturgistas, porque la Iglesia, la Esposa de Cristo, de una u otra manera, seguirá estando presente en medio de la ciudad de los hombres.

Sin olvidar a los pobres quienes son los más amados por Dios, y haciendo siempre la distinción entre quién es perezoso, holgazán y no quiere trabajar, Emilio mencionaba a sus interlocutores, como decía san Pablo, que quien no quiere trabajar que tampoco coma.

Cada uno, en base a la edad, debe hacer el propio trabajo, un monaguillo de nueve-diez años tiene su trabajo que desarrollar: ir a la escuela y estudiar, no hacer caprichos en casa, ser bueno, ayudar a los abuelos, no torturar a sus padres pidiendo tantas cosas innecesarias. Todo esto es el trabajo que un monaguillo y una niña liturgista deben hacer bien. Son cosas pequeñas, pero es siempre de las cosas pequeñas de las que se comienza, para poder, luego, llegar a realizar las más grandes.

Un monaguillo o una niña liturgista tiene que ser bueno dondequiera que se encuentre, en la escuela, en casa, con los amigos, jugando a pelota, en la ciudad. De esta manera, ayuda a tomar cuidado de la ciudad, a construir a la ciudad de los hombres que es también ciudad de Dios.

Emilio ha invitado a niños y muchachos a realizar cosas bellas, a crecer bien, porque también para los más pequeños llegará el momento de no ser más monaguillo y niña liturgista, sino de tener que tomar la decisión fundamental de la propia vida, que nadie podrá imponerles, sino que cada uno tendrá que pagarse con responsabilidad, empezando hoy a cumplir bien las cosas diarias pequeñas, en la fidelidad de cada día.

Agradeciendo a los interlocutores privilegiados de esta celebración por la linda carta que le han escrito, Emilio ha querido saludar también a tantos niños y muchachos que, en Camerún, están acompañados por Franco y Tonia, dos miembros de la Comunidad Redemptor hominis que, en esta ocasión especial, Emilio ha agradecido por su fidelidad y por el gran e inteligente trabajo que están llevando delante en aquel País africano.

 

La celebración, luego, ha continuado con la bendición de las vestiduras, tenidas en las manos por los padres, quienes, con fidelidad y sacrificio, han acompañado a sus hijos a los encuentros semanales durante todo el año, haciendo posible la alegría de estos niños y muchachos, orgullosos de estar al servicio del Señor.

Emocionados y contentos más que sus hijos, los padres, luego, han vestido a los nuevos monaguillos y a las niñas liturgistas, recibiendo de ellos un gran abrazo de gratitud.

Como ellos mismos han escrito en la carta, la solidaridad de Emilio con los pobres es impresionante. Por eso, de parte de los monaguillos y de las niñas liturgistas no podía faltar un pensamiento concreto hacia los más necesitados.

Durante el ofertorio, ellos han entregado a Emilio diecisiete canastas de alimentos de larga conservación, a fin de que a través del grupo Cáritas puedan ser distribuidos a personas y familias necesitadas de la parroquia.

Lo mismo han hecho numerosos otros colaboradores de la parroquia, realizando, de tal manera, también en este 51° aniversario de Emilio, una larga procesión de solidaridad con los más pobres, marco distintivo de su sacerdocio.

 (A cargo de Emanuela Furlanetto)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)



 

04/11/2017

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis