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Vida de la parroquia de Ypacaraí


 


MÚSICA Y ECOLOGÍA

Saludo durante el Seminario de "Sonidos de la Tierra" en Ypacaraí

   

De 18 a 21 de julio se ha llevado a cabo, en Ypacaraí, el Seminario Nacional de la Asociación "Sonidos de la Tierra", que ha reunido más de tres mil niños y adolescentes, como culminación anual de su programa de formación humana y musical. Un programa que está sintetizado en este lema del Maestro Luis Szarán, director de orquesta, compositor y fundador de "Sonidos de la Tierra": "El joven que interpreta a Mozart de día, de noche no rompe vidrieras".

Toda la ciudad de Ypacaraí ha sido involucrada en este evento de grandes proporciones, incluso la Parroquia, en cuyo salón se han realizado diferentes actividades del Seminario, que ha consistido en ensayos, conciertos y charlas educativas, particularmente sobre la conservación del medio ambiente, y más precisamente de las reservas hídricas.

Durante la ceremonia de inauguración del Seminario, el cura párroco de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, el P. Michele Chiappo, ha pronunciado el discurso que reproducimos.

 

El Señor Intendente de Ypacaraí, Raúl Fernando Negrete Caballero, me ha invitado a dirigirles la palabra, durante esta ceremonia de inauguración del Seminario Nacional de "Sonidos de la Tierra".

La finalidad de estos días es la de fomentar el amor a la música y al canto y la conciencia ecológica, particularmente con respecto al tema del agua.

Música y ecología: es el mismo binomio que encontramos en uno de los documentos más importantes del Papa Francisco, la encíclica Laudato si', sobre el cuidado de la creación.

Esta encíclica saca su inspiración justamente de lo que cantaba san Francisco de Asís: "Laudato si', mi' Signore" "Alabado seas, mi Señor". Allí el canto se une al amor a la naturaleza. De hecho, el asombro que se siente frente a la naturaleza es parecido al que produce una linda música. Las dos suscitan la misma maravilla.

"En ese hermoso cántico explica el Papa Francisco san Francisco de Asís nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: 'Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba'"[1]. El agua también es nuestra hermana, "muy humilde, preciosa y casta".

"Cada vez que san Francisco de Asís miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas... Se sentía llamado a cuidar todo lo que existe"[2].

El cuidado de la naturaleza requiere mucho más que adherir a una campaña, firmando una petición o poniendo un "me gusta" en Facebook.

Se trata, en primer lugar, de adquirir personalmente unos estilos de vida, porque "el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social", por eso, "no se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos", porque "los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás"[3].

Esta disposición se fundamenta en lo que primero el Papa Benedicto XVI, y luego el Papa Francisco, han llamado la "ecología humana", es decir, una serie de actitudes básicas, que forman un conjunto inseparable en todos los campos de la vida humana, no solamente en la relación con el medio ambiente.

En este sentido, "el cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión"[4].

Estos estilos de vida se adquieren familiarizándose con pequeñas cosas diarias, como el orden, la puntualidad, la limpieza, la seriedad.

Se trata también de evitar y rechazar comportamientos como el de echar a la calle bolsitas de plástico, botellas, envases varios, que, además de convertirse en criaderos del mosquito transmisor del dengue, acaban en el cauce de los cursos de agua y finalmente, en esta cuenca, en lo que fue el "lago azul" de Ypacaraí.

Cosas pequeñas, que, sin embargo, marcan la diferencia. Un ejemplo: ustedes son más de 3.000, y casi todos tienen la costumbre de mascar chicle, lo cual sea dicho entre paréntesis no es bueno para la salud, debido a la cantidad de substancias nocivas que la mayoría de los chicles contienen, y al daño que un uso excesivo puede producir a la mandíbula. Y ¿cuántos de ustedes tienen la costumbre de tirar el chicle a un basurero después de mascarlo? Sin duda, suelen más bien escupirlo por la calle o incluso pegarlo debajo o encima de una silla o de un banco, donde destruirá pantalones o polleras. ¡Imagínense en qué va a convertirse nuestra ciudad, si sus salones, sus clases y sus veredas van a ser ensuciados por los millares de chicles que ustedes van a mascar en estos días! Y lo mismo puede decirse de los plásticos y de los envases que van a pasar por sus manos.

Que estos días representen un verdadero seminario ecológico, en el sentido de un entrenamiento en costumbres que fomentan la conservación del medio ambiente.

La Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, que desde hace años promueve la maduración de una conciencia ecológica, y siempre está dispuesta a una colaboración con las Instituciones en este ámbito, en el respeto de la distinción de sus respectivas competencias, saluda esta iniciativa y a cada uno de los participantes.


P. Michele Chiappo
Cura Párroco




[1]  Laudato si', 1.

[2] Laudato si', 11.

[3] Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la XLIII Jornada Mundial de la paz (1 de enero de 2010).

[4] Laudato si', 228.




28/07/2017

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis