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Vida de la parroquia de Ypacaraí


 


SALIR DE LO VIRTUAL PARA VIVIR LA REALIDAD

Pascua Joven 2018 en Ypacaraí

 

   

La Pascua Joven que se desenrolla ya tradicionalmente en nuestra parroquia de Ypacaraí como un importante momento formativo en el contexto del Triduo Pascual también este año ha mostrado la presencia atenta, seria y organizada de los jóvenes pertenecientes a los tres años de la preparación para la Confirmación.

Además del ahondamiento en temáticas humanas, culturales y religiosas, sobre el sentido de la vida y de las elecciones que cada uno está llamado a hacer, estas tres jornadas de retiro se han caracterizado también por intensos momentos emotivos, sobre todo por el testimonio de Daysi y Alberto, y por la participación devota y ordenada de los muchachos en las varias celebraciones litúrgicas.

El análisis de algunas características de la sociedad de hoy en la cual cada vez más emerge un individualismo narcisista y se elimina el encuentro físico, para sustituirlo con una multitud de relaciones virtuales que pasan por las redes sociales, a través de la pantalla de una computadora o de un celular ha dado a Emilio la pista para introducir esta Pascua Joven y para invitar a los jóvenes a descubrir y a vivir relaciones reales, a no esconderse y aislarse detrás de un celular, aprovechando estas jornadas para socializar, conocerse, hablar y confrontarse con los demás sobre tantas situaciones que viven.

Llamados a una vida concreta y real

La sociedad virtual, amonestaba Emilio, deja a cada uno en la propia soledad, cerrado en sí mismo, en la ilusión de estar en contacto con todos, a través de una conexión, un perfil, una foto postada en las redes sociales.

Se olvida intencionalmente, en una especie de autoengaño, de que se trata solo de una relación entre dos aparatos, dos celulares conectados, donde la relación concreta está sustituida por un "me gusta" colocado debajo de un perfil.

Experimentamos todos, de un modo u otro, como también el Papa Francisco ha subrayado en diversas ocasiones y ha escrito en la exhortación apostólica Amoris laetitia, los varios síntomas de una cultura de lo provisional, del usar y tirar, del desecho, de la relatividad y de la velocidad de las relaciones de cualquier tipo, también de las afectivas. "Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente... Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con los objetos y el medio ambiente: todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva" (Amoris laetitia, 39).

La realidad virtual depura la vida de la fatiga, del esfuerzo, de la alegría y del sufrimiento de una relación humana, afectiva, del contacto físico y real que requiere un tiempo, un compromiso, un cuidado, un sacrificio, una escucha del otro.

Por eso, son importantes momentos como estos explicaba Emilio a los jóvenes, que nos permiten socializar, encontrar verdaderamente a los demás, no estar agachados y solos con el propio celular para contemplarse a sí mismos.

Sin quitar nada a la utilidad del celular, si se usa racionalmente, este instrumento para muchos jóvenes efectivamente parece ser cada vez más como afirmaba el conocido sociólogo Franco Ferrarotti una prótesis de la mano de la persona, una prolongación de este miembro que, sin embargo, crea cada vez más a un ser deforme incapaz de relacionarse, miedoso de contactos verdaderos, a un hombre para el cual no existe nada y nadie, solo el propio "yo", cerrado en un autismo autoproducido y en la mentira virtual. Detrás de la pantalla, en efecto, nadie te ve, nadie te escucha, nadie te dice nada y no hay necesidad de asumir la responsabilidad del propio actuar.

Dios, sin embargo, amonestaba Emilio, ha creado al hombre como ser social, capaz de tener relaciones con sus semejantes y de vivir los desafíos auténticos que la vida nos ofrece. Para enfrentar la realidad de la vida, la primera cosa que los jóvenes deben hacer, es la de salir de la búsqueda de todo lo que es fácil, que no cuesta fatiga ni esfuerzo, que da una satisfacción momentánea, que, sin embargo, determina virtualmente todo lo que se quiere.

La vida virtual no se confronta con la dificultad auténtica de lo real. El amor, la familia, la sociedad se construyen siempre con sacrificio, poniéndose al servicio no de los caprichos ajenos, sino de las necesidades auténticas de los hombres, como nos ha mostrado la pasión y la muerte de Cristo. Cada uno, en tal sentido, está llamado a cambiar la propia vida, la mentalidad, la manera de actuar, a no estar contemplando siempre la propia imagen, sino a ser como Jesús, viviendo la vida real, confrontándose con personas concretas que viven los problemas, los obstáculos, los gozos y los sufrimientos de la existencia.

El testimonio de Daysi y Alberto

La realidad de la vida es la de personas físicas, como Daysi y Alberto, a quienes conocemos desde hace muchos años, crecidos en nuestra parroquia. Con su testimonio vivo y verdadero han mostrado la realidad de su relación, la del amor entre dos muchachos que se han conocido, han formado una familia, se han vuelto padres, asumiendo responsablemente todas las consecuencias, los desafíos, las pruebas que esta elección suya, en la buena y en la mala suerte, les ha presentado.

Daysi y Alberto, entre tanta emoción, han transmitido a los jóvenes lo que han construido y vivido entre ellos y con Lucas, su primer hijo, afectado de una grave enfermedad. Su historia, contada de manera simple pero eficaz, ha suscitado una gran conmoción entre los presentes y ha sido para todos un momento muy intenso de esta Pascua Joven.

Daysi y Alberto han construido su amor y su familia no sobre un sentimiento momentáneo y superficial, sino como una verdadera vocación.

Su historia no es extraordinaria, al contrario, se puede considerar una historia normal. Hijos de familias simples, humiles, se han encontrado cuando eran muchachos, han frecuentado la parroquia, se han vuelto novios, han terminado sus estudios, se han conocido y preparado durante nueve años, no aislándose, sino comprometiéndose y abriéndose a los demás, también como catequistas, trabajando ambos son profesores para tener la posibilidad de formar una familia, tener una casa e hijos. Se han casado.

En un determinado momento, en su vida ha llegado Lucas. Un niño extraordinario, que muchos de los jóvenes presentes habían conocido. Lucas, sin embargo, ha nacido con algunos problemas. En un momento dado, Alberto y Daysi se han dado cuenta de que no crecía y no subía de peso, y estaba mal.

Ha empezado un largo calvario para Lucas y sus padres. En el Paraguay, hace quince años, cuando Lucas ha nacido, a pesar de todos los estudios y los análisis muy caros para una familia como la de ellos, los médicos no lograron diagnosticar su enfermedad.

Daysi y Alberto no se dieron por vencidos, empezaron a buscar en cualquier dirección la posibilidad de saber qué tenía Lucas y de sanarlo. Con la ayuda de los parientes, una numerosa familia, y de muchos amigos, porque no habrían podido enfrentar solos toda la carga también económica de la enfermedad, lo llevaron a Chile, como indicaban los médicos, donde en poco tiempo le diagnosticaron una insuficiencia renal aguda con pocas esperanzas de vida.

Empezaron los tratamientos. En aquel tiempo no se podía hablar de trasplante ni de diálisis, que Lucas no tenía la fuerza ni el peso para soportar. Se sabía, sin embargo, que, antes o después, Lucas habría debido ser sometido a diálisis, si hubiera logrado sobrevivir. A través de tratamientos y controles, Daysi y Alberto intentaron hacerle la vida lo más normal posible. Lucas iba a la escuela con resultados superiores a la norma, era un niño alegre, activo, atento, sensible, con una inteligencia aguda y perspicaz. Cuando tuvo la edad para entender su estado físico, preguntaba a los médicos y lo sabía todo acerca de su enfermedad, sabía que si hubiera satisfecho las condiciones habría podido entrar en la lista de espera para un trasplante.

Daysi y Alberto siempre han cuidado, seguido y acompañado a Lucas con gran amor, dentro y fuera de los hospitales, para las visitas médicas, en los altibajos de su enfermedad. Todo lo que podían hacer lo han hecho. "Con la ayuda de muchas personas a quienes hemos encontrado siempre a nuestro lado ha dicho Daysi y que Dios nos ha puesto en nuestro camino, hemos podido seguir adelante".

Después de un primer intento de trasplante, frustrado porque Lucas estaba enfermo, el año pasado, en el mes de noviembre, pocos días antes de su decimoquinto cumpleaños, ha aparecido un donante compatible. A pesar de los tantos temores para la operación, Daysi y Alberto vivían la felicidad y el entusiasmo de Lucas por esta oportunidad.

Después del trasplante, la situación parecía desarrollarse de la manera mejor. Pronto, sin embargo, han empezado las complicaciones, hasta que ha sido diagnosticado el rechazo y el riñón trasplantado ha debido ser extirpado. En poco más de un mes, Lucas, entre esperanzas y desánimos, ha subido siete intervenciones quirúrgicas. Su físico no ha aguantado, pero no quería morir el día de Navidad. Ha resistido y ha muerto media hora después de la medianoche, cuando era ya el 26 de diciembre.

Daysi, contando esta historia, con la emoción y el sufrimiento de revivir todos los momentos felices y dolorosos pasados con Lucas, ha querido remarcar para los jóvenes presentes la importancia de cuidar en cualquier momento el aspecto espiritual de la vida. "Sin una fuerza espiritual, la fuerza de la fe, no podemos hacer ni un paso y es difícil seguir adelante. Con la ayuda de Dios, por cuantos obstáculos encontremos en la vida, siempre hallaremos la posibilidad de ir hacia adelante, pero si no tenemos a Dios en nuestro corazón, en nuestra vida cotidiana decía Daysi nos derrumbaremos y no podremos recuperarnos. Lo que querría decirles con insistencia es que no tengan miedo de acercarse a Dios. Nosotros, sin la fe y la ayuda de muchas personas, no habríamos podido soportar todo esto".

"Lo que hemos vivido ha contado Alberto no es virtual, sino muy real, y solo el amor, la relación fuerte entre yo y mi esposa, junto con la fe en Dios, nos ha permitido sostener todo cuanto hemos vivido y amar a Lucas con todas nuestras posibilidades, manteniéndonos firmes en nuestra relación".

Daysi y Alberto han recomendado también, a los jóvenes que los escuchaban, que no se apresuren en las relaciones sexuales, porque estas no lo son todo. "Que conozcan bien a la persona con la cual piensan construir una vida, que se amen y que confíen en Dios: estas son las cosas más importantes. Que no anticipen los tiempos, que crezcan en un grupo juvenil, en un compromiso cristiano, en la parroquia, que cuiden el aspecto espiritual, para crecer juntos cuando será el momento de volverse novios, que no jueguen, sin embargo, con el amor. Si el matrimonio es su vocación, que sea bien fundado humana y espiritualmente. Si verdaderamente construyen con amor, por cuantos obstáculos encuentren podrán volver a levantarse siempre".

Alberto recordaba a todos que se tiene que amar lo que se hace y se tiene que hacerlo bien, de otra manera es mejor no hacerlo. Ha contado que cuando era joven y frecuentaba nuestra parroquia, escuchó una reflexión sobre el tiempo como don de Dios y sobre el transcurrir del tiempo. Cada cosa tiene su momento subrayaba hay un tiempo para llorar, uno para reír, uno para sembrar y otro para recoger.

"Cada uno decía Alberto debe aprovechar el tiempo que tiene, debe llenarlo de las cosas buenas que la vida le ofrece y cada cosa tiene su tiempo. Les puedo asegurar, junto con Daysi, que nuestra historia con Lucas no ha sido virtual; somos reales y nos hemos ayudado y sostenido en todo lo que teníamos que hacer para Lucas. Para mí, todo ha sido una cruz de amor. Y tengo que decir que todas las puertas a las que hemos golpeado se nos han abierto, con Lucas adelante. En cualquier lugar adonde íbamos, nos conocían como los padres de Lucas. La cruz continuaba Alberto puede presentarse en cualquier momento de la vida, como ha aparecido para nosotros, pero si no la abrazan con amor, no la podrán soportar. La cruz es sufrimiento, pero al mismo tiempo es amor, sin el amor la cruz se vuelve inaguantable y ninguna cosa tiene sentido. Por eso, los invito a vivir bien el tiempo que están pasando aquí, en estas jornadas, esta juventud suya, como tiempo dedicado a Dios. Es una formación importante la que están recibiendo, con ella Dios prepara a cada uno a llevar la cruz que llegará en la vida. Pero recuérdense que quien abraza la cruz con Cristo ha concluido Alberto llega también a su Resurrección".

Es este el mensaje dejado a todos los jóvenes de esta Pascua Joven.

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

  (Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

02/05/2018

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis