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TIEMPO DEL CORAJE, TIEMPO DE LA DECISIÓN

Pascua Joven 2015 en Ypacaraí

 

 

Para casi cuatrocientos jóvenes de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Paraguay), los días del Triduo Pascual han sido la ocasión para participar en el Pascua Joven, el retiro anual que se ha vuelto una tradición ya consolidada.

Durante tres días, los jóvenes –muchos de los cuales se preparan a la Confirmación– han vivido este tiempo fuerte participando en encuentros, en proyecciones de películas y en celebraciones litúrgicas, tomando juntos las comidas compradas en la cantina organizada por el grupo Cáritas, cuyo recaudado estaba destinado a ayudar a los más pobres.

Pascua, paso y cambio

Han sido tres días intensos de escucha y de reflexión sobre el tema de la “decisión” en la vida, a la luz de la Pascua, misterio de “paso” de muerte a vida, de un estado a otro, de una mentalidad a otra, de una condición del corazón, del pensamiento y de los sentimientos a otra.

“Si no hay cambio en nuestra vida, no hay Pascua –decía a ellos Emilio–. Pascua es moverse, caminar, cambiar para pasar de la apariencia al ser. Jesús ha venido para que el hombre descubra no el tener, sino el ser. Todo esto está encerrado en el término ‘amor’. Jesús ha amado pasando de la vida a la muerte y de la muerte a la vida. Si amo debo dar la vida, debo estar dispuesto al sacrificio, al esfuerzo, a la lucha, a la fatiga, debo saber madurar en el tiempo y prepararme para el momento de la decisión de la vida”.

Pascua Joven es una experiencia que habla al corazón de los jóvenes, en la edad en que uno se prepara a tomar las grandes decisiones de la vida.

“No sé cuál será la de ustedes –continuaba Emilio–, cuál es la que Dios ve para cada uno de ustedes. Hablo para ofrecerles una ayuda, hablo a su libertad y a su conciencia. Cada uno de ustedes tiene que seguir la propia conciencia y no dejar que otros le impongan sus elecciones. No pueden hacer una elección porque otros la han querido para ustedes, aun si fuera la de recibir la Confirmación”.

En efecto, si el Bautismo ha sido un don, si padres, padrinos y madrinas lo han pedido en nombre del niño, con la Confirmación llega el momento de la libre y personal aceptación de este don.

Dios llama al joven a ser protagonista activo y constructor de su vida, de su futuro, a tomar su decisión.

La decisión, entrar en el ser

“La edad de ustedes –añadía todavía Emilio– es la de las decisiones. Cada uno tiene una sola vida y esta le pertenece solo a él y no a otros. Si fracaso, he fracasado en mi vida, la única”.

Un joven, entonces, debe formarse, pensar, reflexionar, porque no puede existir decisión sin conocimiento, sin saber que la vida es dura y no hace descuentos, que los discursos que plantean los caminos de la facilidad sin lucha y sin cruz son solo un engaño. Un joven tiene que saber cuáles son las consecuencias de los actos que cumple, y cuál es la responsabilidad que deriva de ellos y que no puede descargar sobre otros. Debe tener el coraje de tomar la decisión de la propia vida, listo para pagar el precio de su elección: es esto lo que nos hace hombres, lo que nos manifiesta como tales y no como payasos en las manos de otros que pueden hacer con nosotros lo que quieran: decirnos cómo vivir, qué comer, qué comprar, con quién casarnos, en quién creer y en quién confiar.

En la elección personal, el joven se constituye como hombre libre y consciente, que decide por su vida, por su futuro, por la realización del sueño que lleva en el corazón.

La decisión, al menos la que se merece este nombre, decía el filósofo francés Emmanuel Mounier, no es solo un acto de la persona; es un entrar en el ser, es la persona misma en acto, que se afirma con relación a la verdad o a la mentira, al bien o al mal, que se hace presente al llamamiento de la realidad y de los hombres, y que con su respuesta se compromete en la vida y en la muerte[1].

Por eso, un joven no puede dejar de elegir, no puede dejar de tomar la decisión de la vida, si quiere existir como hombre y no como un títere en las manos de otros; no puede ceder al chantaje del miedo y de la tranquilidad que hace de él solo un cobarde y un pusilánime.

“Es más cómodo vivir dejándose llevar por la inercia de la vida, de las situaciones, de las costumbres –decía el Papa Francisco–, pero el Señor nos ha dado la libertad, una libertad para amar, para caminar por sus caminos. Así nosotros somos libres y podemos elegir. Lamentablemente, no es fácil elegir”[2].

Decidir no es fácil, por supuesto, y la palabra misma lleva consigo, en su raíz, el sentido de cortar, de cizallar, de truncar, el sentido de un sacrificio y de morir a algo.

La elección y el precio del coraje

Las dos historias de vida presentadas durante la Pascua Joven, del Obispo Oscar Arnulfo Romero y de la periodista Verónica Guerin, son historias de personas que decidieron –frente a la vida y a la realidad que las interpelaban– no permanecer pasivas, no aceptar todo el mal que veían, decir “no” y “rebelarse”, en el sentido etimológico más noble de esta palabra, “volver a luchar”, vivir su “Pascua”.

Oscar Romero es un buen sacerdote, a gusto en la vida de oración y en medio de los libros, que, sin embargo, no conoce todavía a su pueblo oprimido y crucificado. Se vuelve Obispo con la fama de un hombre que no habría causado fastidio. Pero, el asesinato de su amigo sacerdote, Rutilio Grande, sumergido en la vida de los pobres, rompe esta tranquilidad, lo revuelve, provoca su conversión, el cambio, el paso. Romero ve el rostro de Cristo en su pueblo crucificado y hace su elección, toma su decisión de vida. Habla, no se calla, y se encarna en el sufrimiento de sus hermanos más pobres. Interpela, amonesta, denuncia, ordena, ya causa fastidio. Lo asesinan mientras celebra la Misa, y su sangre se mezcla a la de Cristo sobre el altar.

Verónica Guerin –periodista que, frente a los muchos jóvenes a quienes ve morir por la droga, se compromete, con sus artículos, en una lucha contra los narcotraficantes en la Irlanda de los años 90– se interroga, viendo los riesgos y sintiendo cada vez más cercanas las amenazas, si escribir o no escribir, si hablar o callarse; toma su decisión, se enfrenta, le disparan a las piernas y luego la asesinan. Su sacrificio y su coraje despiertan las conciencias; se crea un movimiento y se cambian y se exacerban las leyes contra los narcotraficantes.

“Cada uno está llamado a tomar su decisión de vida –decía Emilio a los jóvenes–, a no tener miedo, a encontrar el coraje de elegir, porque es mejor morir que vivir una vida como esclavo, que traicionar la palabra pronunciada, la dignidad profunda que Dios ha puesto en cada uno de nosotros. Este es el sentido de la Pascua”.

Verónica Guerin

Delante de sus historias, los jóvenes se han preguntado dónde Verónica Guerin y Oscar Romero habían encontrado un coraje tan grande hasta llegar a sacrificar la propia vida.

“Es el amor el que da el coraje de decir ‘no’, respondía Emilio a un joven que le preguntaba dónde encontrar el coraje de rebelarse y de luchar hasta el final. Es el amor el que hace estallar la dignidad, y no permite que esté malvendida y pisada la imagen de Dios en el hombre, en el hermano, en los pequeños y en los oprimidos. Un hombre que no es capaz de rebelarse contra el mal, un marido que no defiende a su familia, a su esposa, a sus hijos, que los deja solos, que los abandona en el momento del peligro, no es un hombre, es solo un cobarde”.

Es el amor el que hace vencer el miedo y hace encontrar esas energías insospechadas para luchar y reaccionar, para defender y construir.

“Todos tenemos miedo –continuaba Emilio–. Verónica tenía miedo a ser torturada, a morir. Tenía miedo sobre todo cuando amenazaban la vida de su hijo. Vence el miedo. Porque delante de nosotros siempre tenemos las dos caras de nuestro rostro: la de quien tiene miedo a enfrentarse y se encierra en la vergüenza de la cobardía, y la de quien encuentra el coraje y es capaz de enfrentar la lucha, de pagar el precio por su elección, de quedar solo y aun de morir, para no traicionar la imagen y la semejanza con Dios”.

“Habrá dificultades –terminaba Emilio– y las primeras vendrán precisamente de la familia y de los amigos. ‘Los enemigos de cada uno son los de su propia casa’ (Mt 10, 36). Pero, un joven se vuelve hombre, hombre auténtico, cuando se descubre a sí mismo de este modo, en la soledad de su decisión personal, cuando está listo para sacrificarse y para pagar el precio de su elección, a fin de no frustrar el sueño de su vida”.

(A cargo de Giuseppe Di Salvatore)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

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[1] Cf. E. Mounier, Trattato del carattere. Con introduzione di G. Campanini, Paoline, Roma 1982, 539.

[2] Papa Francisco, Meditación matutina en la capilla de la “Domus Sanctae Marthae” (19 de febrero de 2015).

 

20/05/2015


 

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