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Vida de la parroquia de Ypacaraí



UN TÍTULO HONORÍFICO MERECIDO Y GANADO

 

Testimonio de Joaquín Paniagua

sobre el otorgamiento del título de Ciudadano Ilustre a Emilio Grasso

 



Joaquín Paniagua es uno de los colaboradores que ha seguido en primera persona, desde el comienzo y desde dentro, el cambio que ha acontecido en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, desde cuando ha sido confiada al cuidado pastoral de Emilio y de la Comunidad Redemptor hominis.

 

Desde hace tiempo, se hablaba de otorgar un reconocimiento oficial a Emilio; finalmente ha llegado el  momento de moverse.

En la Junta Municipal de la ciudad hay tres grupos políticos. Yo me he encargado de hablar con los consejeros de mi grupo, los Colorados; Digno Yegros ha hecho lo mismo con los de su grupo, los Liberales, y luego se ha implicado también a los demás de Patria Querida. Todos se han encontrado de acuerdo sobre la iniciativa.

Al Intendente le ha agradado mucho el material que le ha sido entregado, con el currículo y los numerosos artículos, publicados en el sitio www.missionerh.it, sobre lo que ha hecho Emilio en la parroquia y en la ciudad. Se ha quedado impresionado por las muchas news sobre Ypacaraí. Ha leído todo el material, y luego lo ha entregado a los miembros de la Junta Municipal, y también ellos lo han apreciado y han reconocido la cantidad y la calidad del trabajo realizado en la parroquia, y su repercusión positiva e importante en la ciudad. Sin ningún problema, por unanimidad, ha sido acogida la propuesta de otorgar el título honorífico de Ciudadano Ilustre a Emilio.

 

La transformación de la realidad parroquial

Por otra parte, el trabajo hecho es visible y concreto. Para nosotros, en efecto, en la vida de la  parroquia hay un “antes” y un “después” de la llegada de Emilio a Ypacaraí. A él tenemos que agradecerle infinitamente por todo lo que ha hecho, por la lucha dura que aquí ha llevado adelante, para obtener lo que hoy todos ven.

Todos permanecen impresionados por el número de niños, jóvenes monaguillos y muchachas del grupo litúrgico que hay aquí en la parroquia, y de cómo están perfectamente preparados. No se encuentra en ninguna otra parroquia del Paraguay una realidad como la de la escuela para los monaguillos, que se hace aquí en Ypacaraí. Así como en ninguna otra parroquia, hoy, se da tanta atención a los jóvenes y a su formación, con tal seriedad y eficiencia. Numerosos son los jóvenes que participan en la vida de la Iglesia, como lectores o catequistas o para desarrollar algún servicio; todos con una preparación responsable y exigente, como tiene que ser. Y todo esto gracias a Emilio.

La realidad que se ve hoy en esta parroquia: el silencio, el orden, la limpieza y la participación decente y compuesta antes no había. Para mí, hoy, ya no se puede prescindir de esto. La Misa ahora es un momento en que verdaderamente se escucha la Palabra de Dios, anunciada y vivida. Esta es evangelización.

Para lograr esto, Emilio ha debido luchar mucho contra la mentalidad de antes, cuando en la iglesia se podía hacer lo que se quería; donde todo se hacía excepto escuchar la Palabra de Dios. Si un párroco es débil, nosotros los laicos nos aprovechamos de él, hacemos lo que queremos, y cada uno se hace su  idea personal de Iglesia. Nosotros, aquí en Ypacaraí, antes de que llegaran Emilio y la Comunidad Redemptor hominis, actuábamos de esta manera.

Él se ha preocupado y ocupado de todos, del Centro y de las Capillas más periféricas. Se ha ido a celebrar por todas partes, para dar vigor y anunciar el Evangelio.

La firmeza y la tenacidad de Emilio en enseñar y en mostrar qué y quién es verdaderamente la Iglesia ha suscitado varias críticas. Muchos de quienes las hacían, sin embargo, han cambiado de opinión viendo el resultado actual, y la verdad y la corrección de sus enseñanzas.

Otorgando a Emilio el título de Ciudadano Ilustre, pues, se ha hecho justicia, al menos en parte, por todo lo que él ha sufrido y debido aguantar; por lo que ha realizado con gran pasión, amor y siempre con gran respeto; por el valioso acompañamiento y la responsable formación que ha dado y sigue dando a todos. Con él, la Iglesia verdaderamente se ha abierto a todos.

 

Una bendición para Ypacaraí

Emilio y la Comunidad Redemptor hominis han sido una bendición para Ypacaraí. Desde cuando han llegado, las cosas han cambiado radicalmente, también desde el punto de vista administrativo y  económico. Ahora sabemos cómo se administra una parroquia: desde el orden de los libros parroquiales, que antes, a menudo, se encontraban en un estado desastroso, hasta la informatización del sistema de registro, que permite obtener enseguida lo que se necesite. Por no hablar de la transparencia económica. Si antes se tenía que hacer siempre actividades comerciales para el mantenimiento de la iglesia, ahora la parroquia no solo está en activo y no se endeuda, sino que se mantiene de por sí, con las colectas y con el trabajo de las manzaneras, es decir, con la participación libre de los fieles que dan su contribución para el sostenimiento de la iglesia, según la propia posibilidad.

El gran mérito de Emilio es el trabajo hecho, sobre todo el de la predicación y de la formación: él nunca se ha cansado de dar explicaciones y de repetir allá donde algo no resultaba claro.

Somos gente de Ypacaraí y todos hemos reconocido la transformación en la parroquia, y el impacto de esto en la ciudad. También quien no frecuenta regularmente la iglesia o es de otra religión, no puede no ver y no aprobar la realidad concreta del cambio que ha acontecido.

Quien, como yo, ha conocido cómo era antes la parroquia, puede decir que Emilio en Ypacaraí ha hecho un verdadero milagro.


(Testimonio recogido por Emanuela Furlanetto)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 


02/01/2013

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis