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Zoom sobre Camerún/17

 


HOMOFOBIA Y DERECHOS HUMANOS

 


En julio de 2013, el joven camerunés Éric Lembembe moría asesinado a causa de su militancia gay; el 10 de enero de este año, el compatriota Roger Mbede ha fallecido por falta de cuidados médicos, que le fueron negados porque él había declarado públicamente que amaba a un hombre, abandonado por su familia de la que había mellado el honor.

Estos son solo algunos recientes acontecimientos de crónica, que muestran la criminalización de la homosexualidad, en Camerún.

Alice Nkom

En las cárceles del país, las detenciones de personas homosexuales se multiplican. Según la ONG “Human Right Watch”, Camerún es el país africano con el más alto número de homosexuales en la cárcel. Estas personas son indicadas como “detenidos 347 bis”, esto es, con el número del artículo del Código Penal de Camerún, que castiga “con la prisión de 6 meses a 5 años y una multa de 20.000 a 200.000 Fcfa (de 30 a 305 euros) a quien tenga relaciones sexuales con una persona de su mismo sexo”.

La abogada camerunesa Alicia Nkom, premiada por la “Amnesty Internacional” alemana por su empeño en favor de los derechos humanos, habla de la existencia, en el país, de una verdadera apartheid antihomosexual.

Las listas negras

Permanece todavía vivo en el recuerdo popular el escándalo mediático, estallado a mitad de enero de 2006, cuando el diario local La Météo (seguido inmediatamente por otros diarios) desencadenó una caza a las brujas, publicando algunas listas de presuntos homosexuales. En tales listas, que poco a poco se ponían al día, aparecían nombres de ministros, de directores de empresas, de hombres de negocios e incluso de eclesiásticos; los diarios en cuestión decían que se basaban en fuentes confiables, por otra parte nunca identificadas.

Fue un éxito mediático sin antecedentes, con una tirada de ejemplares de los diarios, vendidos a precio triplicado, que pasaba de 5.000 a 20.000. Paralelamente, surgió un mercado negro de millares de fotocopias de estos diarios, que contribuyó a amplificar el fenómeno mediático. En el transcurso de algunos días, todo Camerún estaba enterado de los nombres de los presuntos homosexuales; la inmensa mayoría de la población aprobaba esta divulgación.

Algunos analistas han intentado comprender las razones de un tal “éxito”. Las listas de los presuntos homosexuales, redactadas basándose en delaciones y simples sospechas, han sido consideradas el reflejo de una sociedad que ya no avanza, y busca hallar las causas de esta parálisis.

La práctica del así llamado “bilingüismo” (expresión púdica para nombrar la homosexualidad), que es ilegal en Camerún, es considerada como un formidable ascensor social para obtener colocaciones, lograr promociones, ganar un mercado. En el imaginario colectivo, en efecto, se constata ampliamente difundida la mentalidad que, para tener éxito en la sociedad actual, es necesario “bajarse los pantalones”.

El interés patológico de las masas populares por las listas mencionadas ha sido interpretado como la reacción de un pueblo oprimido por el aumento de la desocupación, por el crecimiento de la pobreza, por la dificultad de acceder a los cuidados sanitarios, frente a una reducida clase elitista, que se enriquece de manera ilícita y ostentada. La población se siente traicionada, la denuncia de presuntos culpables, corruptos y por lo tanto... homosexuales suena como una venganza, un rechazo de la clase dirigente, que no puede ser manifestado de manera diferente.

La homofobia de Estado

En su informe de junio de 2013, “Amnesty Internacional” apuntaba el dedo contra las encarcelaciones y contra el crecimiento de las agresiones y de los crímenes, de los que habían sido víctimas las personas homosexuales, en África. Estas actitudes, de las cuales los autores, a menudo, se jactan, están respaldadas por las legislaciones que los Estados del continente no están dispuestos a modificar.

Si es verdad que los actos de agresión son debidos a comportamientos individuales, se debe afirmar también que la homofobia, en África, se presenta como un sistema profundamente arraigado en la cultura religiosa, social y política del continente. Se trata, como ha sido dicho, de una homofobia de Estado. Su particularidad, en efecto, es que se encuentra orquestada a nivel institucional y erigida a política de Estado. Los homosexuales son demonizados y penalizados en todas las situaciones, tienen dificultad para acceder a los puestos de trabajo, a los cuidados sanitarios y a los servicios sociales más esenciales.

Solo 16 de los 54 países africanos tienen una legislación que no considera la homosexualidad un delito. Esta es ilegal y criminalizada en 38 países del continente.

En Mauritania, en Sudán, en el norte del Níger y en el sur de Somalia, la homosexualidad es punible con la pena de muerte. Varios países africanos, como Uganda, Liberia y Nigeria, en los últimos cinco años, han endurecido su legislación respecto a los homosexuales.

El África del Sur, país donde está prohibida toda forma de discriminación, incluida la que se funda en las orientaciones sexuales, es el único Estado africano en que los homosexuales se pueden casar, heredar de su pareja y adoptar hijos; sin embargo, tampoco aquí la situación es pacífica, y son frecuentes las agresiones contra los homosexuales. Varias crónicas sobre estos hechos informan de violencias físicas “correctivas”, sufridas por mujeres homosexuales.

¿”Enfermedad” que ha llegado del Occidente?

Una visión muy difundida (e instrumentalizada) considera la homosexualidad como una realidad exógena al continente, ajena a la dignidad de los africanos, a su cultura y a sus valores. Se trataría, en práctica, de una “enfermedad” que ha llegado del Occidente.

Según Geneviève Garrigos, Presidente de “Amnesty Internacional” en Francia, es exactamente lo contrario. La mayor parte de las disposiciones jurídicas de los Estados africanos en materia de homosexualidad han sido heredadas por la colonización. La práctica de la homosexualidad existía en muchos países del continente antes de la colonización, que, en cambio, ha impuesto leyes que la criminalizan. Estas leyes homófobas, luego, han permanecido en los Códigos de estos países, a pesar del proceso de descolonización, y actualmente, sostiene Géneviève Garrigos, se quiere hacer pasar como una identidad africana los que son los rastros del colonialismo.

La homofobia, a menudo, se encuentra instrumentalizada para alcanzar fines demagógicos; los homosexuales son declarados responsables de los problemas económicos del país, o bien, con la homofobia se quiere desviar la atención de los graves problemas sociales del país, asegurándose así el sostén de las clases conservadoras de la población. Los que se destacan mayormente en esta línea son los Presidentes de Uganda y de Zimbawe, quienes no dejan pasar ninguna ocasión para expresar en público su homofobia. En estos países, la homosexualidad se sanciona con la cadena perpetua y los trabajos forzosos.

La homofobia, además, se sustenta de raíces religiosas. Las nuevas Iglesias evangélicas juegan una función de gran relieve en el discurso homófobo y en financiar a los Gobiernos africanos en su política de discriminación. En su informe, “Amnesty Internacional” sugiere que esta homofobia en África sea financiada y promovida por grupos religiosos adventistas americanos.

Desde 1992, la Organización Mundial de la Salud ya no considera la homosexualidad como una enfermedad mental. Actualmente, son casi 80 los Estados en el mundo que violan los derechos humanos de los homosexuales; esta violación alcanza la cumbre en Oriente Medio y, sobre todo, en el continente africano.

Esta tendencia, también en Camerún, no parece estar sujeta a cambio.

Fuentes:

www.rfi.fr (25/6/2013); www.lexpress.fr (29/6/2013); www.jeuneafrique.com (17/2/2014); www.lalibre.be (28/2/2014); www.slateafrique.com (11/3/2014)


(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

Con la rúbrica “Zoom sobre Camerún”, a cargo de Silvia Recchiofrecemos a nuestros lectores algunas informaciones, sacadas de la prensa local, sobre la realidad de Camerún, presentando particulares situaciones culturales y sociales de este país.



 

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