Comprender el Derecho Canónico/5
 


EL MATRIMONIO/1

¿Qué es el matrimonio canónico?



 Uno de los argumentos de actualidad,  que se discute en el parlamento y en las plazas, es el matrimonio. Matrimonio que en Italia, con motivo del Concordato entre el Estado italiano y el Estado del Vaticano, posee un estatuto especial: el matrimonio religioso, llamado concordatario, tiene todos los efectos civiles, una vez trascrito en el registro civil.

En otros Estados europeos, con una legislación que ha sufrido el influjo del Código Napoleónico y en la cual vige el principio de laicidad  llamada neutral, respecto al fenómeno religioso[1], como en Francia y en los Países Bajos, el matrimonio es contraído civil y religiosamente en dos momentos diferentes. A causa de la neta separación entre Estado e Iglesia, el Estado considera válido sólo el matrimonio civil y este antecede la ceremonia religiosa.

En esta sede hablamos del matrimonio religioso, regulado por el Código de derecho canónico al que los católicos, que no tengan prohibición del derecho[2], tienen que atenerse, si quieren contraer un matrimonio válido para la Iglesia: para ellos, precisa el Código de derecho canónico, no puede existir un matrimonio que no sea sacramento[3].

Hacen excepción los católicos que han abandonado la Iglesia con acto formal, ya que no están obligados a observar las leyes eclesiásticas: ellos están equiparados a los bautizados no católicos. El matrimonio civil, en ambos casos, crea un vínculo reconocido por la Iglesia como indisoluble.

Otras disposiciones tienen valor para el matrimonio entre una parte católica y una  bautizada no católica de rito oriental, para cuya validez se solicita siempre y esencialmente la intervención del sacerdote[4].

La Iglesia se considera competente en lo que concierne al sacramento del matrimonio, pero el ordenamiento canónico no desconoce el papel del Estado en lo que se refiere a los efectos civiles, como nota el can. 1059, hecha excepción obviamente de las normas que regulan el divorcio, porque tocarían la esfera del
derecho divino.

El matrimonio religioso o canónico es, en síntesis, una forma particular de pacto voluntario y libre entre dos personas, ambas bautizadas - o al menos una de ellas - en la Iglesia católica o en ella recibida, de sexo diferente, que se empeñan en una comunión total de vida, cuya celebración está a cargo de un "ministro asistente"[5], que actúa en nombre de la Iglesia, y de dos testigos, cuya función es la de certificar que ha sido dado el consentimiento[6].

El Concilio de Trento ha incluido definitivamente el matrimonio entre los siete sacramentos del Nuevo Testamento[7], declarándolo uno de los instrumentos adecuados para realizar el proyecto divino sobre la humanidad.

Ante todo, no es un sacramento vivido estrictamente en el ámbito privado, sino que contribuye a la edificación de toda la Iglesia, como lo quiere subrayar su celebración pública. En este marco, tiene una tarea y una misión específicas: el matrimonio, a partir de la unión interpersonal de un hombre y una mujer,  simboliza y hace presente entre el pueblo de Dios la unión que existe entre Cristo y la Iglesia. Por esto, es un pacto de amor con características propias: el bien de los cónyuges, en la entrega recíproca; la unidad, que es opción de fidelidad para con el partner; la indisolubilidad, es decir el empeño para toda la vida; la fecundidad, como abertura a un tercer elemento, los hijos, que son el fruto del amor entre los esposos[8].

El hombre, que también Nietzsche define como el animal que puede prometer, es capaz de hacer una elección totalizadora, que compromete el futuro y pide el precio de toda la existencia. Esta elección es también la expresión de su libertad que ha decidido para quién y en qué campo jugar su presente; esto es un testimonio relevante en nuestro tiempo en que a menudo se confina la misma existencia al instante nunca definitivo.

La pareja, atada a Cristo, se convierte en el objeto de su amor y es corresponsable de su proyecto de salvación, volviéndose testimonio de unidad y fecundidad, instrumento de regeneración para la humanidad.

Ésta es la valencia particular del matrimonio, visto en el proyecto de Dios: camino para hacer del hombre un ser integrado en todas sus funciones, con un centro suyo unificado, capaz de entrar en relación con el otro, formando una comunión interpersonal.


                                                                                Maria Cristina Forconi




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[1] El principio de laicidad inspirado por un comportamiento de neutralidad religiosa, a diferencia de aquel pluralista, parte de la premisa de que la elección religiosa de la persona posee  relevancia solamente en el ámbito privado y no en la vida pública.
[2] Cf. can. 1058.
[3] Cf. can. 1055 § 2.
[4] Cf. can. 1127 § 1. El § 2 trata, además, de la dispensa de la "forma canónica" en presencia de graves dificultades.
[5] El ministro asistente (testigo calificado) es el Obispo o el párroco, u otro sacerdote o diácono delegado por ellos. En el caso de que hubiera penuria prolongada de sacerdotes o diáconos, el Obispo puede, a norma del can. 1112 § 1, delegar laicos, de acuerdo con la Conferencia Episcopal y con licencia de la Santa Sede.
[6] Aquí se hace referencia a la así llamada "forma canónica ordinaria". Los cánones 1108-1123 ordenan el conjunto de la materia. La "forma canónica extraordinaria" tratada por el can. 1116, prevé en cambio, por su carácter excepcional, la celebración del matrimonio en presencia de dos solos testigos sin un ministro asistente, a condición de que haya una grave dificultad para acudir a él, en dos casos precisos: en peligro de muerte o si se prevé prudentemente que tal situación va a prolongarse durante un mes.
[7] Cf. Denzinger, n. 1801.
[8] Cf. cánones 1055 y 1056.

21/07/07