Comprender el Derecho Canónico/12
 

 

EL "BIEN COMÚN" EN EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO 


 

"Debemos encontrar el camino para discutir, con un lenguaje comprensible y común, ... [con] una especie de «gramática» que sirve al mundo para afrontar esta discusión sobre su mismo futuro"[1]. Esto expresaba Juan Pablo II a la Asamblea General de las Naciones Unidas, con ocasión del 50.° de su constitución. Juan Pablo II a la Asamblea General de las Naciones Unidas

Fundar nuestros discursos en el uso correcto de un lenguaje común es fundamental, si no queremos caer en tergiversaciones. Nos referimos a la expresión "bien común" usada en el Código de Derecho Canónico, y nos preguntamos: El sentido que el Código eclesial atribuye a la expresión "bien común" ¿es el mismo que se da en el lenguaje corriente? O sea, ¿el "bien común" equivale al "bien de la sociedad civil"?

Contestar a esta cuestión es de gran importancia, si se tiene presente la confusión o la polémica que puede engendrar, y efectivamente ha suscitado, el can. 287 que, en el §2, presenta una cláusula a la restricción que concierne al "clérigo"[2], al cual se le prohíbe tener "parte activa en los partidos políticos". Dicha cláusula prevé la suspensión de la restricción, por "la defensa de los derechos de la Iglesia o la promoción del bien común".

En nuestro anterior comentario a este canon, hemos constatado que la valoración y la decisión si, en situaciones extraordinarias, sea necesario que un ministro sagrado (tanto sacerdote como Obispo) intervenga en la vida política de un Estado civil corresponden a la autoridad eclesiástica competente. Y tienen que contribuir a tomar una decisión tanto el Ordinario del lugar donde se querría ejercer dicha leadership[3], como el propio Ordinario del sacerdote (o sea, el Obispo o quien tenga la misma potestad ordinaria, con respecto al sacerdote)[4]. En caso de que se trate de un Obispo, la decisión compete al Romano Pontífice.

A partir de la naturaleza del Derecho Canónico, seguidamente, examinaremos el sentido teológico de la expresión "bien común", para, luego, pasar a la lectura de cada uno de los cánones, en los que se utiliza esta formulación.

La naturaleza teológica del "bien común"

Según la índole propia del Derecho Canónico, "el bien común en la Iglesia debe ser considerado ante todo bajo el aspecto teológico, para comprender y actuar el bien común jurídico"[5].

Esta es la base en la que se apoya el Derecho Canónico, que está abierto a las realidades divinas, sin olvidarse de tener los pies bien enclavados en las humanas. En efecto, "la función propia del derecho eclesial es hacer posible que los fieles superen el propio individualismo, y realicen su vocación, al mismo tiempo personal y comunitaria, porque la finalidad del derecho en la Iglesia es dúplice: tutelar la comunión eclesial y proteger los derechos de cada uno de los fieles. Sin embargo, estos dos fines dependen el uno del otro, en cuanto solo en promover y tutelar el bien común, es decir la comunión eclesial, se consigue, cada vez más, la plena realización del hombre como persona humana y como fiel. ... Por esto, los deberes y los derechos de los fieles son deberes y derechos sobrenaturales, y las instituciones de la Iglesia, con todas las leyes positivas que las regulan, tienen como fin el de ser instrumentos de gracia, y, por eso, el de favorecer el bien de los fieles, que es la salvación eterna"[6]. Esta última expresión concluye, en efecto, la serie de los cánones del Código de Derecho Canónico, y es el alma del derecho de la Iglesia.

Por tanto, la imagen a la que la Iglesia aspira, y en la que se realiza, es la de la "comunión espiritual entre todos los bautizados, es decir, como comunión de los santos, donde el bien de todos se convierte en el bien de cada uno, y el bien de cada uno se convierte en el bien de todos"[7]. En base a esta definición, resulta que el "bien común" se refiere a la Iglesia, que tiende a la salvación eterna suya y del individuo, ya que tiene una índole sobrenatural que Cristo le ha otorgado[8].

El sentido de "bien común" en los cánones

En la parte que concierne a los derechos de todos los fieles, en el can. 223 §1, se habla del "bien común de la Iglesia", en vista del cual los fieles pueden ejercer sus derechos como individuos y en asociaciones. El §2 del mismo canon precisa que corresponde a la autoridad eclesiástica regular su aplicación "en vista del bien común". Aquí el canon aclara que el "bien común" se refiere a la Iglesia misma.

En la parte en que se trata del mantenimiento de los seminarios, el can. 264 §2, utiliza la expresión "el bien común de la Iglesia". También aquí el sentido del texto es explícito.

Por lo que concierne a las asociaciones privadas de los fieles,  en el can. 323 §2, se hace referencia al "bien común" cuando se regula el ejercicio del apostolado, que debe ser ordenado alrededor de tal fin. También en este canon, tratándose del apostolado, su ejercicio concierne, a fortiori, al bien de la Iglesia.

Solo el can. 795 presenta una diferente acepción del "bien común". Este canon trata de la educación de los niños y de los jóvenes, como formación integral de la persona humana "en vista de su objetivo último y junto del bien común de la sociedad". Con una formulación detallada, el canon se refiere al "bien común" que no es el de la sociedad eclesial, sino el de la sociedad civil.

En base al análisis de los textos, podemos decir que el Código eclesial utiliza el término "bien común" para significar el bien de la Iglesia, presentando una especificación una vez que se trate del bien de la sociedad. Esta interpretación está reforzada por el sentido que tiene otra expresión parecida, es decir "bien público", en otras partes del Código.

El sentido de "bien público" en los cánones

En el can. 116 §1, que se refiere a las finalidades de las personas jurídicas públicas de naturaleza y finalidades eclesiales, se dice que la tarea que se les ha confiado es "en vista del bien público". Del contexto se deduce que el "bien público", del que se habla, es el de la Iglesia.

En el can. 1201 §2, está definida la naturaleza del juramento promisorio, en relación con el acto que se promete. Si se jura cumplir un acto que lleva daño a los demás o perjudica el "bien público" y la "salvación eterna", tal juramento es inexistente y no obliga a su realización. La formulación indica el bien público de la Iglesia, unido íntimamente a la salvación eterna de sus miembros.

En la parte que concierne a las sanciones penales, el can. 1348 evoca el "bien público", además del bien del individuo, cuando el Ordinario aplica algunas admoniciones. Conociendo la índole del derecho penal eclesial, no cabe duda de que el "bien público" concierne solo a la Iglesia, en la que se conmina una pena por la salvación eterna de la persona y de la comunidad de los fieles.

En el derecho procesal, el "bien público" está presente en diversos cánones[9]. En ellos, el "bien público" se refiere a la Iglesia, en la cual y para la cual está en vigencia el derecho. La misma interpretación se debe aplicar al canon 1715 §1, que concierne al derecho patrimonial.

Ahora bien, después de haber hojeado esta panorámica de expresiones, podemos sacar algunas conclusiones.

Conclusiones

Partiendo del aspecto sobrenatural de la Iglesia, en el cual el Derecho Canónico encuentra su colocaciónLa Trinidad de Rublev, sacamos esta primera conclusión: el carácter sobrenatural del "bien común" es la dimensión intrínseca de la comunión eclesial, el alma de la Iglesia, que es la unión entre los fieles basada en las relaciones trinitarias. El "bien común" es, por lo tanto, el bien sobrenatural vivido ya hoy concretamente, en la Iglesia, entre los fieles, "porque el hombre puede experimentar su verdadera liberación únicamente en la comunión eclesial, que es la comunión con la vida divina trinitaria"[10].

Desde el punto de vista del análisis exegético de los cánones, la expresión "bien común", como la otra análoga "bien público", se refiere a la Iglesia. Una referencia a la sociedad civil no está descontada en el contexto del Código de Derecho Canónico. Los cánones, en efecto, no tienen la finalidad de regular la vida de la sociedad civil que, según el principio de la justa autonomía de las realidades terrenales, se gobierna según un sistema estatuario propio. Por eso, ya en el Concilio Vaticano II se exhortaban a los sacerdotes, a tener "el máximo respeto por la justa libertad que les compete a los laicos en la ciudad terrenal"[11].

Volviendo a la pregunta inicial, podemos concluir que la expresión "bien común" no es unívoca en el Código de Derecho Canónico y en el lenguaje corriente. Por tanto, no es legítimo identificar el "bien común" del §2 del can. 287 con el de la sociedad civil. Este es principalmente el bien de la Iglesia, como realidad que transciende al mundo y sus valores. Por eso, la competencia de establecer la oportunidad o menos de que un sacerdote, en cuanto "testigo de las realidades futuras" o un Obispo, en cuanto "ministro del gobierno de la Iglesia", desempeñe cargos políticos recae exclusivamente sobre la jerarquía eclesiástica.

Con una interpretación individualista de esta cláusula, un ministro ordenado rompería la comunión eclesial, con la consecuencia de que la jerarquía eclesiástica tendría que intervenir, para salvaguardar el bien de las almas, máxima lex in Ecclesia. Una tal intervención, por tanto, no es un acto de autoritarismo, como algunos querrían hacer creer, sino un servicio necesario para restablecer el orden destrozado de la estructura interior de la Iglesia, y salvaguardar la salvación eterna del individuo, más importantes que todo éxito mundano. Tareas de servicio y salvaguardia, que son específicas de la jerarquía.

Si, luego, el individuo se siente en conciencia de deber romper con la comunión eclesial, ciertamente no podrá apelarse a la ley de la caridad, al menos no a la que está en vigencia en la Iglesia Católica, que reconoce a la jerarquía como la institución escogida por Cristo, para conducir a los fieles hacia una finalidad sobrenatural: la unión con Dios, que es la plenitud de la caridad.

                                                                                         Maria Cristina Forconi

 



[1] Cf. Giovanni Paolo II, New York: il messaggio consegnato nella sede dell'Organizzazione delle Nazioni Unite, per la celebrazione del 50° di fondazione (5 ottobre 1995), en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, XVIII/2, 732.
[2] El término "clérigo (o ministro sagrado) comprende toda la gama del sacramento del orden, desde el diaconado hasta el episcopado (cf. can. 1009 §1). La constitución conciliar Lumen Gentium en el n.° 21 afirma que con la ordenación episcopal "se recibe la plenitud del sacramento del orden".
[3] Cf. Código de Derecho Canónico. Edición bilingüe comentada por los profesores de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca. Director L. De Echeverría, BAC, Madrid 1983, 173.
[4] "En general es «ordinario» quien es titular de un oficio eclesiástico que comporta una potestad ordinaria de un cierto modo asimilable a la episcopal", G. Ghirlanda, Ordinario (Ordinarius), en Nuovo Dizionario di Diritto Canonico. A cura di C. Corral Salvador, V. De Paolis, G. Ghirlanda, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 736. Para una lista de los Ordinarios, cf. can. 134.
[5] G. Ghirlanda, Diritto canonico (Ius canonicum), en Nuovo Dizionario di Diritto Canonico..., 352.
[6] G. Ghirlanda, Diritto canonico..., 352-353.
[7] G. Ghirlanda, Diritto canonico..., 353.
[8] Es evidente que el bien común de la Iglesia, así establecido, tiene implicancias en la sociedad, aunque siempre en la distinción entre orden sobrenatural y natural que, en la única historia de salvación, se recapitulan en Cristo. En esta sede queremos, no obstante, subrayar el significado preciso de los términos y su justa utilización.
[9] Se trata de los cánones 1430, 1431 §1, 1452, 1481 §3, 1532, 1536, 1598 §1, 1691, 1696, 1728 §1.
[10] G. Ghirlanda, Diritto canonico..., 352.
[11] Cf. Presbyterorum ordinis, 9.

                                                                                       
17/03/08