Entrevistas/3
 



Sumar esfuerzos para promocionar la cultura


 

Desde el 22 de mayo hasta el 8 de junio, se ha realizado la XIV edición de la Libroferia Internacional Asunción 2008.
Esta actividad, promovida por la Cámara Paraguaya de Editores, Libreros y Asociados (Capel), se lleva a cabo cada año.

Por primera vez, también nosotros hemos participado de esta actividad, ofreciendo nuestras publicaciones.
Hemos hablado con la Señora Vidalia Sánchez, socia fundadora y actual presidenta de la Capel. En la entrevista que presentamos, ella nos cuenta cómo ha iniciado su actividad en el mundo editorial y cultural. 


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Señora Vidalia, ¿cómo empezó a trabajar en el mundo editorial y cultural?

Antes de empezar el cuento de mi historia, quiero agradecerles por la entrevista y decirles que,Señora Vidalia Sánchez para mí, es un gusto estar con ustedes de la Comunidad Redemptor hominis.

Cuando falleció mi papá, tuve que buscar un trabajo. Puesto que el único disponible era el de vendedora, me presenté a una empresa editorial, que me propuso la venta de enciclopedias y diccionarios, a crédito, realizando visitas a las oficinas o casa por casa. Así empecé. Mi mamá, que es profesora, y mi papá, que era un asiduo lector, me infundieron la pasión por la lectura. Me incliné a ese trabajo, quizás, porque me gustaba leer.

Después de un tiempo, quise salir de esa empresa, porque el material que se vendía era muy costoso y, por eso, no estaba al alcance de la gente que, a veces, para comprarlo se endeudaba.

Comencé a trabajar para la Editorial
Rafael Peroni Edit y la de la Narrativa Paraguaya (Napa), dirigida por un escritor muy famoso, Juan Bautista Rivarola Matto. Fue un gusto trabajar con él, porque no solo yo vendía libros, sino que aprendí muchas cosas: profundicé en la literatura, me ejercité en la venta y conocí a numerosas personas en el ámbito cultural.

Rivarola Matto, como editor era excelente, porque conocía profundamente la literatura paraguaya. Seleccionaba y corregía. Yo le hacía un gran acompañamiento y me encargaba del departamento de venta. No era muy difícil vender, porque había pocos libros paraguayos y la gente empezaba a buscarlos. Por eso, los pusimos en las farmacias y los supermercados, y fue un éxito total. Matto era un escritor de primera línea, una excelente persona; pero, era poco experto en administración y gerencia y, por eso, los negocios no fueron muy bien y, después de editar 27 títulos, un título por mes, tuvo que cerrar la Editorial.

Como estaba ya muy metida en el ambiente de las publicaciones, me lancé hacia la Editorial Nacional, de donde comencé a comprar libros para volver a venderlos. Tenía una clientela ya formada. Llevaba a hombros un bolsón de cuero repleto de libros, con el cual visitaba a los empleados de las oficinas, de los bancos y de las financieras. Era una atención personalizada y directa.

En el año 1991, varios libreros se unieron a la municipalidad de Asunción en un proyecto cultural, para juntarse todos en una gran librería, en la Plaza Uruguaya de Asunción, desde donde poder promocionar la difusión de los libros. Entonces, me contactaron para la venta y la administración, teniendo en cuenta mi experiencia en Ediciones Napa.

Dicho proyecto cultural estaba conducido por un directorio compuesto de siete libreros. Les expliqué que se necesitaba tener libros paraguayos, producidos aquí, mientras que estábamos trayendo libros de Argentina, México y España. Se trataba de libros importantes de literatura universal, pero, para mí, lo más importante era la difusión de libros paraguayos. Felizmente, les convencí y empezamos a editar libros. Tímidamente, en principio.

Después de un tiempo, los socios, puesto que no podían llevar adelante toda la actividad, decidieron cederme la librería, ofreciéndome mucha facilidad para el pago. Así, de gerente pasé a ser propietaria de la casa editorial Servilibro. El desafío era más grande, porque no solo tenía que vender los libros, sino también pagar la deuda.  

Hablé con algunos escritores, quienes me aconsejaron acerca de lo que en ese momento hacía falta, y fue un verdadero acierto: todos los títulos que imprimimos tuvieron éxito. Desde el principio, publicamos en ediciones económicas. Si antes solo los colegios privados podían comprar libros, desde que apareció Servilibro, entramos también en los colegios públicos. Los chicos tuvieron la posibilidad de comprar libros baratos. En volumen de ventas, ganamos lo que otras editoras ganaban vendiendo menos, pero más caro. Esto fue lo que nos abrió la puerta al mundo editorial.

A través de mi editorial, me contacté con todo el mundo cultural, y hoy todos me conocen.
 

* ¿Cuáles fueron los obstáculos y los desafíos que encontró?

El obstáculo principal fue y es que no había y no hay todavía un apoyo del sector público para la actividad privada relacionada con la cultura. Por eso, en el discurso inaugural de apertura de la Libroferia, afirmé que el sector privado debe unirse con el sector público, en una gran campaña nacional por el libro y la lectura, de manera que se puedan abrir librerías y bibliotecas en todo el país. En el pasado, el mayor obstáculo fue que la persona, que quería realizar una actividad cultural o estaba en el mundo del libro, encontraba siempre muchas dificultades para obtener la autorización, por ejemplo, para hacer su lanzamiento. En aquel entonces, no había ningún interés por la promoción del libro y de la lectura, porque esto no les convenía a algunos, quienes, por consiguiente, querían que el pueblo siguiese sin información y sin lectura, y permaneciese en la oscuridad. Pero, creo que esto ha cambiado. En efecto, desde hace unos cinco años, estamos trabajando intensamente en todas las editoriales, y el libro está entrando en todos los hogares paraguayos y en las instituciones; sin embargo, hay mucho que hacer todavía. Este es, para mí, el desafío que tenemos: el libro no está todavía en todas partes como, por el contrario, tendría que estar.
 

* ¿Cómo inició la Libroferia en el Paraguay?

Los orígenes de la feria se remontan a la señora Nidia Vera Radice, quien trabajaba con la Cámara Paraguaya del libro y, con mucho esfuerzo, realizaba pequeñas ferias. Quizás, su actividad no creció mucho, porque ella no creó un enlace con otras instituciones. La señora Nidia tenía 20 años de actividad, y nosotros teníamos necesidad de conocer los datos y la rendición de cuenta, como tiene que ser. No habiendo podido lograr un acuerdo, nos separamos de ella y fundamos la Capel, de la que yo soy socia fundadora.

La Cámara Paraguaya de Editores, Libreros y Asociados (Capel) realizó su primera feria en un lugar del centro de Asunción, el Shopping Mall Excelsior, con la participación de ocho expositores. Luego, nos mudamos a varios sitios, de preferencia a los grandes supermercados, poniendo nuestros libros de manera tal que, al salir de los estacionamientos, la gente pudiese analizarlos: así logramos captar a nuevos lectores y nuevos clientes. De esta manera, la feria fue creciendo, hasta que, de los cuarenta stands del año anterior, este año pasamos a ochenta.

Tenemos gente, como ustedes del Centro de Estudios Redemptor hominis, que, con mucha voluntad y esfuerzo, colaboran con nosotros, porque comparten la idea de que todos juntos debemos tirar del carro, para tener mejores resultados en el campo de la cultura.

Cuando me dicen: "¡Qué bueno que editaste 70 títulos, imprimiendo mil ejemplares de cada uno!", respondo, "Setenta por mil, son setenta mil, y esto es poco para un país de seis millones de habitantes".

Cuando me voy a las ferias internacionales me preguntan: "¿Es cierto que los paraguayos no quieren leer?". A mí me da mucha rabia, porque no es cierto. En efecto, lo que pasa es que los libros no están al alcance de los paraguayos.
 

* Desde su perspectiva y su larga experiencia ¿qué sugerencias podría darnos para nuestro Centro de Estudios?

Si nos unimos todos, nuestra actividad va a dar sus frutos. Por ejemplo, esta feria no se habría podido realizar, sin la presencia de ustedes y de los demás, que nos acompañan. Esto se ha hecho gratuitamente, porque no hay ninguna institución que nos haya ayudado económicamente. Cobramos por los stands, porque con esta plata hay que pagar el montaje de los mismos. Este local nos cuesta veintidós millones de guaraníes. Los gastos de nuestra feriaPastoral de la inteligencia se cifran en cien millones de guaraníes. ¿Quién ha invertido la plata, para que el país pudiese tener una feria así? Nosotros los libreros, los editores, la gente de cultura.

En el área del libro, hay también personas a las que les interesa solamente vender, pero la mayoría de nosotros trabaja por la promoción de la lectura. Todas las actividades culturales se realizan para que la cultura se desarrolle. Estas son semillitas que vamos sembrando; luego irán germinando, para generar a nuevos lectores. Por supuesto, se trata de un trabajo a largo plazo.

Cuando aumentan los lectores, vamos a ganar todos: los editores, los libreros, y el país entero, porque va cambiando la mentalidad.

En efecto, sin la cultura, uno no entiende el por qué y el para qué de los acontecimientos, de la realidad, y de lo que lo rodea. Al contrario, progresa, cambia su manera de ver, y el país avanza, cuando comprende el contexto donde vive. Por este motivo, hay que sumar los esfuerzos de todos, de grupos como ustedes, para alcanzar el objetivo.

(A cargo de Maria Laura Rossi)

16/06/08