Perfiles misioneros y espirituales


Jules Monchanin


Mística y misión


Jules Monchanin es una figura particular en el panorama misionero del siglo XX. Nacido en Francia en 1895, hombre de eminente cultura y de vastos intereses, una vez ordenadoJules Monchanin sacerdote, pide dedicarse a la parroquia de un centro obrero.

Estimado por sus conferencias filosóficas y científicas, impresiona a teólogos como Jean Daniélou y Henri de Lubac, al cual lo ligará una gran amistad.

Luego, en contacto con los jóvenes, los empuja a interrogarse sobre las grandes cuestiones, a no reprimir sus angustias en el contentarse falsamente consigo mismos, porque el hombre sin inquietud se pierde. Los invita a la búsqueda apasionada; a abrirse a la esperanza y más todavía a hacer de la contemplación trinitaria la fuente de su existencia; a saciarse de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia; a no rechazar ningún sector del saber, en cuanto todo comunica con el Misterio.

Temas de su mensaje son: la persona, el tiempo, el Cuerpo místico, la Trinidad, las religiones y la misión. Monchanin se orienta luego hacia India y estudia los textos sagrados del Hinduismo. En 1939 llega a aquella tierra donde su experiencia espiritual y misionera llegará a maduración.

También otros, entre sus oyentes, partirán para un humilde servicio de fraternidad, intelectual o contemplativo. Este último será la tarea de algunas de sus hijas espirituales, que se retiraron en monasterios de países no cristianos para llevar a cabo, en sí mismas, la búsqueda de Dios presente en los hermanos de otras religiones, unificarla en Cristo y presentarla al Padre en el Espíritu, como les escribía Monchanin. El misterio de la Trinidad, en efecto, siempre ha permanecido en el centro de su existencia, orientada hacia la búsqueda de comunión con el Absoluto.

En este marco místico se insiere su visión de la misión como dimensión constitutiva de la Iglesia. Para él, ningún cristiano puede sustraerse de esta exigencia sin excluirse de la comunidad eclesial.

Él insistía en la función que cada bautizado tiene que tener para favorecer la progresiva integración de toda la creación en el Cuerpo místico de Cristo, el cual, venido para asumir aJules Monchanin todo el hombre, tiene que expresarse a través de todas las culturas y sus valores: el arte, el pensamiento, el amor, la religión. También las religiones, en efecto, hallarán su cumplimiento en Cristo.

Monchanin, penetrando profundamente la sabiduría india, percibe cada vez más las dimensiones y las exigencias de la única sabiduría de Cristo. Él pone de relieve cómo tantos hijos de India han sido grandes investigadores de Dios y cómo el monaquismo es la expresión más fiel del genio religioso indio. El Logos y el Espíritu Santo actúan ya en estas experiencias, llamadas "preparaciones evangélicas".

Convencido de que el valor de una vida está en su carga de adoración del Absoluto, él quiere asumir, unificar y transfigurar por amor lo que India tiene como esencial, en su experiencia espiritual, en su pensamiento, en su sensibilidad, en su vida consagrada. Es decir, "retomar la auténtica búsqueda india para cristianizarla" por medio de una vida enteramente dedicada a la búsqueda de Dios y a su adoración, en nombre de India y en la espera de que ella llegue a eso plenamente.

Su idea se concretiza en 1950 cuando, junto con el monje Henry Le Saux, funda un pequeño y pobre monasterio en que la tradición benedictina se une a las tradiciones espirituales de India.

Sin embargo, experimenta lo que había escrito a sus hijas espirituales: "Rezar no es suficiente, el mundo ha sido salvado no a través del anuncio de las bienaventuranzas, sino a través de la Cruz, la impotencia, la muerte".Jules Monchanin

En efecto, el proyecto de crear una forma de vida monástica, según el modelo de los sannyasis ("los renunciantes" hindúes), que vivían como anacoretas en la meditación, no logra consolidarse y Monchanin permanece solo como el Cristo en la cruz. Visitado por los pobres de los pueblos cercanos que piden bendiciones o de una pía mujer hindú que lo considera su gurú, y que, sin embargo, permanece totalmente insensible al Evangelio, él no logrará ni siquiera hacer de aquel lugar un centro de estudios o de formación espiritual, como esperaba.

Extremado por una vida austera y afectado por una enfermedad, en 1957 Monchanin será transportado a Francia. Poco después morirá, confortado por los amigos de un tiempo y ofreciendo su vida por India.

Su existencia aparecer como la semilla evangélica que muere para dar fruto. La ermita de Monchanin llegó a ser un monasterio afiliado al orden benedictino. Sus intuiciones son un camino hacia la inculturación y la misión, pero él es, sobre todo, testigo crucificado de aquella búsqueda de lo absoluto que la Iglesia es llamada a vivir.

Mariangela Mammi

09/10/08