Comprender el Derecho Canónico/22
 


EL SACERDOTE/1



El 16 de marzo de 2009, en vísperas de su reciente viaje a África, el pontífice Benedicto XVI ha anunciado un "Año Sacerdotal", en coincidencia con el 150 aniversario de la muerte de sanEl Santo Cura de Ars Juan María Vianney. El objetivo es favorecer la "tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual, de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio", "para hacer que se perciba cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea", mirando al Santo Cura de Ars, "verdadero ejemplo de Pastor al servicio del rebaño de Cristo"[1].

A partir de estas palabras del Santo Padre, preparadas en los encuentros llevados a cabo con los sacerdotes, como aquel con el clero romano, y retomadas durante su viaje a África enriqueciéndolas con nuevas profundidades, queremos poner de relieve algunos rasgos de la figura del sacerdote. Lo hacemos con el auxilio del Código de Derecho Canónico.

¿Quién es el sacerdote? Esta es la pregunta que queremos hacernos, analizando los cánones, que Benedicto XVI puede hacernos comprender mejor, coloreándolos con su sensibilidad de pastor en contacto con las diferentes realidades del mundo.

Nos detenemos sobre la definición que el Código da de los que son llamados al presbiterado. Los sacerdotes son los fieles cristianos "consagrados y destinados a apacentar el pueblo de Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la persona de Cristo Cabeza las funciones de enseñar, santificar y regir", como expresa el can. 1008[2].

Nos interesa focalizar la atención sobre el sentido de esta consagración, con relación al Señor que llama, y al pueblo de Dios para el cual el sacerdote es llamado y consagrado.

Sacerdote para siempre

"La consagración ministerial es, ante todo, una consagración divina, que atañe a la persona en la profundidad de su ser, comporta un cambio ontológico con respecto a la anterior consagración bautismal (can. 1008), e introduce en un nuevo estado de vida en la Iglesia". Además, imprime en el presbítero un "carácter indeleble", es decir, "el ministro es consagrado por Dios al ministerio, de modo definitivo. Dicha perpetuidad es indicada por el carácter sacramental"[3].

Es importante comprender estas expresiones, que encierran una realidad fundamental: la consagración sacerdotal cambia el ser de la persona, y la pone en una situación profundamente diferente de la de los demás bautizados, porque, "mientras el bautismo da una configuración en la dimensión de la oferta de la vida de parte del Cristo, el orden sagrado la da en la dimensión de Cristo cabeza de la Iglesia y mediador eterno de gracia"[4].

Desde el punto de vista de la misión, Benedicto XVI aclara, "la dimensión misionera del presbítero nace de su configuración sacramental con Cristo Cabeza, la cual conlleva, como consecuencia, una adhesión cordial y total a lo que la tradición eclesial ha reconocido como la apostolica vivendi forma. Esta consiste en la participación en una ‘vida nueva' entendida espiritualmente, en el ‘nuevo estilo de vida' que inauguró el Señor Jesús y que hicieron suyo los Apóstoles"[5].

En la persona de Cristo

El orden sagrado comprende tres grados, el episcopado, el presbiterado y el diaconado, como indica el §1 del can. 1009[6]. Quienes lo reciben, según su grado, tienen funciones diferentes que, sin embargo, "deben ser consideradas de modo unitario porque, en realidad, se trata de una sola función, la de Cristo"[7].

Los ministros sagrados son llamados, cada uno en su propia función, a imitar a Cristo "pastor". El papel de pastor en una diócesis no es, en efecto, solo prerrogativa del Obispo, sino que los sacerdotes están asociados a él, como aclara el can. 369[8], teniendo siempre presentes las debidas diferencias[9].

En los documentos del Concilio Vaticano II, en particular en la Constitución Lumen gentium y en el Decreto Presbyterorum ordinis, cuya enseñanza el Código de Derecho Canónico acoge en sus cánones, en la figura del pastor se reconoce la esencia del sacerdote con relación al Cristo, como ha retomado, luego, la exhortación Apostólica postsinodal Pastores dabo vobis: "Los presbíteros son, en la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor, proclaman con autoridad su palabra; renuevan sus gestos deEl Card. Vallini con Benedicto XVI perdón y de ofrecimiento de la salvación, ... ejercen, hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso del rebaño, al que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu. En una palabra, los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo, Cabeza y Pastor, y en su nombre. Este es el modo típico y propio con que los ministros ordenados participan en el único sacerdocio de Cristo"[10].

Como el Card. Vallini subraya, retomando las palabras del papa Juan Pablo II, para delinear las orientaciones de la formación al sacerdocio, ciertamente se puede decir que "la categoría de ‘pastor', imagen típica de la persona y de la misión de Cristo, puede ser considerada como resumidora y unificadora del ser y de la misión de quienes, a través del sacramento del orden, están configurados con Cristo para la salvación del mundo. En otras palabras, el objetivo fundamental de la formación sacerdotal tiene que ser 'favorecer una plena adhesión al modelo originario y normativo del Buen pastor'"[11].

Pastor en nuestro tiempo

El papa Benedicto XVI, durante el tradicional encuentro de inicio de Cuaresma con los sacerdotes que le son particularmente cercanos, en el ejercicio pastoral de la diócesis de Roma, ha llamado a los mismos a mostrarse auténticos pastores para sus propios fieles, también para los que se acercan a la Iglesia por primera vez: "Debemos ayudar a estos fieles, ... a ver la presencia de la fe, a entender que no es algo del pasado, sino que hoy muestra el camino, enseña a vivir como hombre. Es muy importante que en su párroco encuentren realmente al pastor que los ama y les ayuda a escuchar hoy la Palabra de Dios; a entender que es una Palabra para ellos y no solo para las personas del pasado o del futuro; que les ayuda también en la vida sacramental, en la experiencia de la oración, en la escucha de la Palabra de Dios y en la vida de la justicia y de la caridad, porque los cristianos deberían ser fermento en nuestra sociedad, en la que existen tantos problemas, tantos peligros y tanta corrupción"[12]. El Pontífice traza del sacerdote pastor una figura caritativa, fuerte, abierta al presente y, al mismo tiempo, anclada a aquellos elementos que forman parte de la doctrina clásica de la Iglesia acerca del sacerdocio.

Liquidar estos medios como anticuados y no aptos para evangelizar al mundo actual, solo daría la idea de cuánta superficialidad circula en ciertos ambientes, que querrían medir el deseo profundo del ser humano sobre la base de investigaciones de agrado publicadas en los periódicos. Y, a lo mejor, tampoco uno se percata de aquella cultura "laica" que sabe sopesar bien el valor del hombre, quien, coherente con sus ideales, tiene el coraje de proclamar "la palabra" "en la iglesia, el domingo, entre las personas, en la plaza, entre los escultistas,Roberto Saviano durante las bodas... - come dice Roberto Saviano - una palabra que es centinela y testigo, tan verdaderos, adherentes y claros que solo puedes tratar de eliminarla matando. Y que, a pesar de todo, ha logrado sobrevivir"[13].

Testigo de una vida coherente

Los presbíteros de nuestro tiempo, pues, no son llamados a ser "funcionarios del culto", figuras pálidas, encerradas en la sacristía en donde, a veces, se los querría relegar; sino a ser testigos de la fe en Cristo; a ser pastores santos, porque "la fe, que no es solo adhesión a algunas verdades, sino vida divina que se comunica, tiene necesidad de la paternidad de los santos. Dios ha asegurado a la Iglesia la infalibilidad del Magisterio, pero no ha asegurado la eficacia de la palabra. La palabra es eficaz si es creíble; y es creíble cuando no es solo palabra desnuda, sino testimonio de una experiencia. La prueba de la credibilidad del Evangelio, su interpretación más auténtica es la vida de los santos"[14].

Como Benedicto XVI ha subrayado, recientemente, dirigiéndose a los Obispos argentinos en visita ad limina: "La santidad de vida es un don precioso que podéis ofrecer a vuestras comunidades en el camino de la verdadera renovación de la Iglesia. Hoy más que nunca la santidad es una exigencia de perenne actualidad, ya que el hombre de nuestro tiempo siente necesidad urgente del testimonio claro y atrayente de una vida coherente y ejemplar"[15]. Retomando las palabras de la homilía al principio de su Ministerio Petrino, el Pontífice ha puesto en evidencia que la evangelización "no consiste solamente en transmitir o enseñar una doctrina, sino en anunciar a Cristo, el misterio de su Persona y su amor, porque estamos verdaderamente convencidos de que 'nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él'"[16]. Benedicto XVI recuerda que "la tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo"[17].

Hombre libre, pobre y alegre

Para Benedicto XVI, el ser pastor tiene algunos rasgos claros, que no se confunden con lógicas de poder, de predominio sobre el otro o de búsqueda del aplauso del público. El Pontífice es claro en la figura que esboza acerca del sacerdote que, como pastor, tiene la tarea de ejercer su paternidad hacia los fieles a él confiados. El Papa va más allá de un ministerio que es solo servicio, para hablar del ejercicio de "una paternidad plena y entera", que nace de la paternidadEl Papa Benedicto XVI con los sacerdotes cameruneses divina; una paternidad que se debe vivir "en el ministerio cotidiano", como dice el Pontífice, dirigiéndose a los "hermanos sacerdotes" cameruneses, durante las Vísperas de la fiesta de san José en Yaoundé. "En efecto, la Constitución Conciliar Lumen gentium subraya: los sacerdotes ‘han de preocuparse de los fieles que engendraron espiritualmente con el bautismo y la doctrina' (n.° 28). Entonces, ¿cómo no volver sin cesar a la raíz de nuestro sacerdocio, el Señor Jesucristo? La relación personal con Él es constitutiva de lo que queremos vivir, la relación con Él, que nos llama sus amigos, pues todo lo que ha aprendido de su Padre, nos lo ha dado a conocer (cf. Jn 15, 15). Viviendo esta profunda amistad con Cristo, encontraréis la verdadera libertad y la alegría de vuestro corazón"[18].

Una alegría que el Pontífice en muchos encuentros ha manifestado a sus hermanos en el sacerdocio, y que él sigue experimentando incluso entre muchas dificultades e incomprensiones, que van más allá de su persona y provienen de un mundo que mal soporta la libertad de quien tiene el coraje de anunciar la Verdad.

Benedicto XVI, como pastor supremo de la Iglesia, no propone un ejemplo de pastor solo de palabra, sino que lo muestra también a través de su existencia, como estilo de vida que seguir, que lo hace cada vez más parecido al Señor, libre, pobre y alegre.

Maria Cristina Forconi

(Continúa)



[1] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero (16 de marzo de 2009), en www.vatican.va
[2] Can. 1008. Mediante el sacramento del orden, por institución divina, algunos de entre los fieles quedan constituidos ministros sagrados, al ser marcado con un carácter indeleble, y así son consagrados y destinados a apacentar el pueblo de Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la persona de Cristo Cabeza las funciones de enseñar, santificar y regir.
[3] G. Ghirlanda, Chierico (Clericus), en Nuovo Dizionario di diritto canonico. A cura di C. Corral Salvador - V. De Paolis - G. Ghirlanda, Edizione San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 153.
[4] G. Ghirlanda, Chierico..., 153.
[5] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero... (16 de marzo de 2009).
[6] Can. 1009. §1. Los órdenes son el episcopado, el presbiterado y el diaconado.
[7] G. Ghirlanda, Ordine sacro (Ordo sacer), en Nuovo Dizionario di diritto canonico..., 740.
[8] Can. 369. La diócesis es una porción del pueblo de Dios cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la colaboración del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica.
[9] "Los presbíteros participan de la misma función (munus) del ministerio del Obispo, en cuanto, aunque no teniendo la cumbre del sacerdocio y dependiendo de los Obispos en el ejercicio de su ministerio, sin embargo, son sacerdotes verdaderos del Nuevo Testamento, porque participan del único sacerdocio de Cristo. ... Esto une a presbíteros y Obispos tan estrechamente que los presbíteros son colaboradores de todo el orden episcopal y, junto con el Obispo, constituyen un único presbiterio", G. Ghirlanda, Ordine sacro..., 741.
[10] Pastores dabo vobis, 15.
[11] Giovanni Paolo II, Ai membri del Consiglio della Segreteria Generale del Sinodo dei Vescovi (15 de febrero de 1990), en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, XIII/1, Libreria Editrice Vaticana 1992, 461-462; cit. en A. Vallini, I grandi orientamenti della formazione al presbiterato, en "Quaderni di diritto ecclesiale" 3/1 (1990) 20.
[12] Benedicto XVI, Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Roma (26 de febrero de 2009), en www.vatican.va
[13] R. Saviano, Don Peppino, eroe in tonaca ucciso dal Sistema dei clan, en "La Repubblica" (19 de marzo de 2009), en www.repubblica.it;  cf. R. Saviano, Gomorra. Viaggio nell'impero economico e nel sogno di dominio della camorra, A. Mondadori Editore, Milano 2006, 258.
[14] E. Grasso, Prêtre en Afrique. Les sources trinitaires de son identité selon l'Exhortation apostolique Pastores dabo vobis, Centre d'Études Redemptor hominis (Cahier de Réflexion 6), Mbalmayo (Cameroun) 2005, 66.
[15] Benedicto XVI, Discurso al segundo grupo de Obispos argentinos en visita "ad limina Apostolorum" (2 de abril de 2009), en www.vatican.va
[16] Benedicto XVI, Discurso al segundo grupo de Obispos argentinos..., (2 de abril de 2009).
[17] Benedicto XVI, Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino (24 de abril de 2005), en www.vatican.va
[18] Benedicto XVI, Discurso a la celebración de las Vísperas (18 de marzo de 2009), en www.vatican.va



25/04/09