Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo



MUJERES AFRICANAS Y GENIO FEMENINO

Promoción de la mujer en parroquia

 

El documento de trabajo en preparación al próximo Sínodo sobre la Iglesia en África muestra una atención particular por la situación de la mujer, preocupado por su promoción social yL'asociación de mujeres a Obeck eclesial. Tomando la expresión de la Carta apostólica sobre la dignidad y vocación de la mujer, Mulieris dignitatem, el documento espera una más visible manifestación del "genio femenino".

En la Escuela de formación para Laicos de Obeck, en Camerún, en la que colaboro desde hace años, varias veces he tenido la oportunidad de divulgar las posiciones del Magisterio sobre la promoción de la mujer. También recientemente, la parroquia ha organizado algunos momentos de sensibilización sobre el tema, con una conferencia, algunos testimonios y también una película.

Los testimonios de Alvine y Marguerite, dos fieles colaboradoras de la parroquia, merecen ser mencionadas.

El coraje de osar

Alvine, esposa del ex intendente de la pequeña ciudad de Mbalmayo, es una mujer dinámica que tiene una discreta instrucción. Ella afirma que raramente las mujeres tienen el coraje de emerger, de exponerse, de asumir posiciones como líder; viven en una cultura de general sumisión a las iniciativas de los hombres, se sienten inferiores y procedentes, bíblicamente hablando, de la "costilla" del hombre.

Alvine, sin embargo, tiene la convicción de que la mujer debe osar, tiene que dirigir su propia vida y no subirla; con este espíritu ha fundado a una asociación de mujeres (Odefcom) para elAlvine desarrollo. Ha aprovechado la nueva legislación camerunesa de los comienzos de los años 90, que favorecía el asociacionismo, para luchar contra la pobreza. En todo caso, hoy reconoce que la filosofía de aquella legislación ha sido impuesta de lo alto, también con apoyos económicos, pero, ha descuidado el aspecto formativo de las mujeres, muy importante, que habría podido garantizar aquellos resultados que, en cambio, han faltado.

Numerosas mujeres habían entrado en su asociación. Recuerdo cuando, algunos años atrás, por invitación de Alvine, transcurrí un día entero en la plantación donde las mujeres trabajaban juntas; transcurrimos varias horas intercambiándonos experiencias de vida, dificultad y esperanzas, y les hablé de la Mulieris dignitatem.

Muchas mujeres, admite Alvine, habían adherido a la asociación porque ella era, en aquel tiempo, la esposa del intendente, del cual esperaban particulares beneficios. No ha madurado en los miembros de la asociación una conciencia, una reflexión racional sobre lo que, juntas, habrían podido conseguir. Alvine, que proviene de una familia campesina, está convencida de que la mujer en el ambiente rural, si está formada, puede producir riqueza para sí, para su familia y para el país. Desafortunadamente, la ignorancia, la incapacidad de administrar los bienes y de repartir los frutos comunes, han conducido a estas asociaciones al fracaso de los propios objetivos, en particular, en el aspecto que concernía a los "campos comunitarios" de trabajo.

Cuando, para su marido, terminó el mandato de intendente, muchas mujeres salieron de la asociación. "La mujer mata a la mujer", declara Alvine, citando un dicho local, y esto a causa de las divisiones, de los celos, de la ignorancia y de la pobreza.

Alvine, de su parte, no se ha desanimado nunca; hoy, la asociación que ha creado está abierta a muchos jóvenes y también a hombres, con una diversificación de las plantaciones, en que se cultivan mandioca, maíz, bananas plantains y varios otros cultivos.

Las consejeras "invisibles"

Marguerite, profesora en un liceo técnico de Mbalmayo, es una mujer valiente y de muchas iniciativas; siempre ha ofrecido a la parroquia una constante colaboración, asumiendo funcionesMarguerite de responsabilidad en los consejos parroquiales. Ella está convencida de que la promoción de la mujer tiene que empezar en la familia, donde, desde pequeña, ella respira una cultura de sumisión al hombre: mientras el hermanito juega al fútbol, la niña tiene que servirlo, debe ayudar en los quehaceres domésticos y, en las aldeas, es ella la que va a tomar el agua del manantial.

Las mujeres son realistas, concretas, trabajadoras - afirma - pero, si osan levantar demasiado la cabeza, encuentran a la aldea o al barrio listos para juzgarlas, y cuando logran imponerse financieramente son inculpadas de "brujería". Un hombre no recibe órdenes de una mujer y, a menudo, tiene que elegir entre la esposa y la familia de origen; si escucha demasiado a la esposa, es acusado de ser súcubo de sus artes mágicas. El hombre es libre; la mujer, en cambio, a menudo, vive en el miedo de ser abandonada por el marido, tiene que padecer, esconder sus dificultades, sus enfermedades, mantener sus "secretos". Todos afirman - dice Marguerite - que las mejores consejeras son las mujeres, pero, ellas tienen que actuar de tal manera que permanezcan "invisibles": los frutos y los resultados "visibles" pertenecen a los hombres.

En el barrio, Marguerite ha organizado a grupos de mujeres, para tratar de realizar, juntas, una producción económicamente útil para sus familias. Ha comenzado también un tipo de Caja Mutua común, y ha sugerido varios proyectos de inversión para aumentar las entradas; ha creado algunos call-box (puestos telefónicos). Las dificultades con las cuales se ha enfrentado, en su experiencia, siempre han tenido las mismas raíces: el temor de emprender nuevas iniciativas por parte de las mujeres y su desconfianza; la falta de hombres en el grupo alimentaba su sentido de inseguridad y dejaba sin autenticidad los proyectos propuestos por simples mujeres. "A menudo, somos nosotras mismas las que nos autodestruimos", dice Marguerite, porque no hay un esfuerzo adecuado de análisis claros e inteligentes, para un desarrollo de las situaciones. Confiesa también, humildemente, que no ha sabido transmitir esta capacidad de análisis y responsabilidad a otras mujeres y concluye declarando su confianza en la Iglesia, que puede hacer mucho para formar a las mujeres y abrirles los ojos. La parroquia de Obeck es, para ella, un ejemplo, en este plano, fuera de lo común.

Romper las complicidades

En la Escuela de formación para Laicos, alrededor de 130 personas han asistido a la conferencia-debate sobre la promoción de la mujer africana, según el documento enLa Escuela de formación para Laicos preparación al Sínodo. En la sala, estaban presentes los miembros regularmente inscritos en la Escuela, y también representantes de varios grupos y asociaciones femeninas de otras parroquias de Mbalmayo, atraídas por el tema.

No ha sido difícil, para el auditorio, en su mayoría, pero no exclusivamente, femenino, adherir a los análisis expuestos, traídos del documento sinodal. En este último, se mete el dedo en los puntos críticos de las sociedades africanas, que perjudican a la mujer. Se habla de muchas llagas: de las discriminaciones en materia de herencia, que la cultura tradicional destina al hombre y de la cual excluye a la mujer; de los rituales brutales de la viudez para purificar a la esposa, culpable de haber "causado" la muerte del marido; de las bodas forzadas por la presión de las familias; de la poligamia, que se opone al sentido cristiano del amor conyugal, que es comunión de vida y donación recíproca en partes iguales; del sistema de la dote, que en el pasado tenía el sentido de proteger a la mujer, y que hoy, en cambio, ha degenerado en un tipo de compra-venta de la misma; de las terribles mutilaciones sexuales.

Más difíciles, en cambio, han sido los análisis de los obstáculos a la promoción de la mujer. A esta se opone, sin duda, el peso de las prácticas tradicionales, que se expresan en prejuicios sobre la superioridad del hombre, traducidos bajo forma de interdictos y reflexiones socio-culturales discriminatorias. Se oponen también, y ha sido, quizás, este el tema más delicado del discurso, las "complicidades" de la mujer, que adhiere a aquel sistema que la pone a los márgenes, por falta de conciencia de la propia dignidad, por insuficiencia de compromiso de formarse, por una visión fatalista y no cristiana, contra la cual no tiene el coraje de luchar.

Son muchas las "complicidades" que romper, que exigen de las mujeres un compromiso, una fatiga y algunas convicciones profundas, para asumir, conscientemente, su propia promoción que no podrá caer sencillamente del cielo.

El "genio" femenino

El documento de trabajo en preparación al Sínodo desea que la función de las mujeres se vuelva más eficaz; requiere que haya una visibilidad más grande de su misión en la Iglesia. Reconoce que el "genio femenino", asumido en el espíritu de Cristo, puede engendrar una cultura de paz y justicia y humanizar a las mismas sociedades africanas.

En la Iglesia, en África como en occidente, donde la situación de la mujer goza de una mayor evolución sociológica, no se trata de luchar por una concepción igualitaria de las funciones hombre-mujer; la dignidad de la mujer y el "genio" femenino se afirman desarrollando su propia vocación específica, aunque en la igualdad fundamental de la común humanidad.

La vocación eclesial de la mujer, así como la distinción de las funciones en la Iglesia, no seLa reina Ester deben interpretar a la luz de las reglas de funcionamiento de las sociedades civiles, sino según los criterios específicos de la economía de los "signos" elegidos por Dios para hacerse presente entre los hombres. Esta economía nos permite acoger y valorizar la diversidad, sin consecuencias discriminatorias para la dignidad de la mujer, sino en la perspectiva de la comunión y la unidad del pueblo de Dios.

En la Biblia, encontramos muchos ejemplos de figuras femeninas, que han dado un viraje decisivo a situaciones difíciles.

Así, en la Escuela de formación para Laicos, en fin, hemos querido ilustrar con una película la historia de la reina Ester. Su fe en Dios ha permitido salvar al "pequeño resto", del cual habría salido el verdadero Promotor de la dignidad de la mujer, Jesús el Cristo.

Silvia Recchi

15/06/09