Profundizaciones

 

UNA VENTANA SOBRE LA IGLESIA EN BÉLGICA


El desarrollo de las nuevas tecnologías, en particular de Internet, ha creado ulteriores oportunidades para una comunicación, entendida como servicio al cuidado pastoral y a la reflexión sobre los múltiples aspectos de la vida de la comunidad cristiana.

La comunicación es esencial para la Iglesia, y la actual época del digital representa un nuevo areópago, donde se expresan públicamente los pensamientos, se intercambian las ideas, se hacen circular noticias e informaciones de todo tipo.

Si se piensa que en Bélgica, según un estudio promovido conjuntamente por las Universidades de Lovaina y de Amberes, ya en diciembre de 2004, dos de tres núcleos familiares tenían una computadora; que el 84% de estos aparatos estaba dotado de una conexión a Internet; que de una población global de casi 10 millones, se contaban más de 4,2 millones de regulares surfers con más de 15 años, se entiende bien la envergadura de un fenómeno que asume, cada vez más, los caracteres de un viraje cultural y epocal.

Exponentes calificados de la Iglesia belga, entre los cuales el cardenal G. Danneels, no han vacilado en hablar de un nuevo gran desafío cultural, con el cual la comunidad eclesial en Bélgica está llamada a medirse.

Desde hace tiempo, en efecto, la Conferencia Episcopal Belga ha aceptado entrar en este espacio virtual. Congresos, publicaciones, documentos, como también la reciente oportunidad ofrecida por Kerk en Leven, el semanal católico más difundido, a cada parroquia de Flandes de entrar en el espacio cibernético con un propio sitio, testimonian la importancia de este nuevo signo de los tiempos.

También nuestra Comunidad ha querido abrazar esta línea con la apertura, en abril de 2005, de un propio sitio en la Red, como han hecho diversas realidades eclesiales. Esto nos ha llevado a comprometernos, para proporcionar informaciones sobre la situación eclesial y la acción pastoral y misionera, en las Iglesias locales de los continentes donde estamos presentes.

Faltaba la apertura de una ventana digital sobre la Iglesia en Bélgica, donde la Comunidad está pastoralmente presente, y esta iniciativa quiere cubrir dicho vacío. Un tal empeño está motivado también por la exigencia de dar una respuesta, concreta y contextualizada, a algunos puntos del Estatuto de nuestra Comunidad.

Con referencia a la actividad apostólica del anuncio del Evangelio, el número 20 del Estatuto así se expresa: "En este anuncio estará particularmente presente, en el corazón de los miembros de la Comunidad, todo aquel mundo que vive el drama de nuestra época: la ruptura entre Evangelio y cultura (cf. EN 20)".

El número 21 agrega: "Las obras de apostolado, en armonía con la índole de la Comunidad, pueden asumir diferentes formas, en el escucha evangélica de las necesidades de los hombres entre los cuales ella actúa. Tales obras, en efecto, nacen del diálogo con los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y de los pueblos que constituyen, para la Comunidad, el más importante recurso, después de la gracia de Cristo (cf. EA 53)".

En fin, el número 23 subraya: "En los lugares donde realiza la propia actividad, la Redemptor hominis promoverá iniciativas culturales y editoriales. A través de ellas, la Comunidad tiende a hacer que el Evangelio de salvación, leído según la tradición y la enseñanza de la Iglesia y con atención particular al magisterio de las Iglesias locales, enriquezca las culturas en medio de las cuales la Comunidad actúa, y estas culturas, a su vez, hagan crecer la capacidad de comprensión del Evangelio y de fidelidad a él".

Estos subrayados proporcionados por nuestro Estatuto nos comprometen, por lo tanto, a encontrar un espacio en el interior de aquel mundo que vive el drama del divorcio entre fe y cultura, por medio de diversas formas de diálogo y de comunicación, con la finalidad de enriquecer, en sintonía con el carisma de la Comunidad, a la Iglesia local donde vivimos.

La apertura de esta ventana digital, por lo tanto, es un paso en la dirección trazada.

También teniendo en cuenta que Internet es un lugar virtual del cual la mercantilización y la manipulación son parte integrante, este, sin embargo, ofrece también posibilidades únicas para el desarrollo de la exigencia de comunicación, de información, de conocimiento, de transmisión y testimonio del mensaje profético y de liberación evangélica.

Precisamente porque no hemos nacido para vivir encerrados en nosotros mismos, por medio de este canal de comunicación queremos contribuir a la construcción de aquella comunión eclesial, que es la única capaz de hacer presente el mensaje evangélico en los nuevos areópagos del espacio digital.

Maurizio Fomini

21/07/09