Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo



¿JÓVENES DEJADOS EN EL PRESENTE?

Encuentro con los animadores juveniles


Es en un clima alegre y al mismo tiempo de reflexión y oración, una treintena de animadores juveniles, de las escuelas superiores y las parroquias de la ciudad de Mbalmayo (Camerún), hanGrupo animadores juveniles transcurrido un día en nuestro Centro Redemptor hominis.

El encuentro ha concluido un año de intensas actividades, de catequesis y de animación cultural, religiosa y litúrgica, con iniciativas específicas, como cinefórums, debates, concursos culturales y peregrinaciones, cuya coordinación ha sido encomendada por el Obispo a Franco, miembro de nuestra Comunidad. Se advertía también la exigencia de una pausa, para evaluar el camino recorrido e individuar nuevas orientaciones para el prójimo año pastoral, que coincide con el escolar y, por tanto, volverá a comenzar en setiembre.

Para la reflexión, hemos sugerido un estudio de los Mensajes de Juan Pablo II dirigidos a los jóvenes desde el inicio de su pontificado, con ocasión de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ). Esta herencia, acogida y enriquecida en los últimos años por Benedicto XVI, representa una verdadera mina de contenidos y métodos de nueva evangelización de los jóvenes.

Hemos propuesto, más precisamente, una lectura de los Mensajes en clave misionera, contextualizada en África, en particular, en Camerún.

Jóvenes, evangelizadores de los jóvenes

"La evangelización de los jóvenes, hecha por los jóvenes mismos" ha sido el verdadero desafío que, incansablemente, Juan Pablo II ha lanzado a los jóvenes, de diversos modos, en sus Mensajes, hablando a sus corazones, con confianza. En 2004, por ejemplo, en el Mensaje para la XIX JMJ, pidió a los jóvenes que atrajesen sus propios amigos a Cristo, como hicieron los Apóstoles, quienes suscitaron en los griegos el deseo de "ver a Jesús".

Tal aproximación ha sido continuada por Benedicto XVI, quien, en el Mensaje de 2008 para la XXIII JMJ, escribía a los jóvenes: "Cada uno de ustedes tenga el coraje de prometer al Espíritu Santo llevar un joven a Jesucristo, de la manera que considere mejor, sabiendo 'dar una respuesta a quien les pida cuenta de su esperanza, con sencillez'" (cf. 1Pe 3, 15).

También este año, en el Mensaje para la XXIV JMJ, el Papa ha insistido en esta dimensión misionera: "Queridos amigos, como Pablo, ¡testimonien al Resucitado! Háganlo conocer a cuantos, vuestros coetáneos y adultos, están en busca de la 'gran esperanza' que dé sentido a su existencia. Si Jesús se ha vuelto su esperanza, díganlo también a los demás, con su gozo y su empeño espiritual, apostólico y social".

La iniciativa misma de las Jornadas Mundiales de la Juventud ha representado, desde su institución, una extraordinaria ocasión para la transmisión de la fe por parte del Papa a los jóvenes, y de participación por parte de estos últimos con sus coetáneos. Este método, característico de la Iglesia primitiva (definido de la "traditio-redditio fidei"), exigía la "transmisión" de la fe, es decir, su comunicación, pero requería también su "restitución", una irradiación inmediata de ella.

Dicho procedimiento, que ha vuelto de actualidad en una situación de secularización y "neopaganismo", sin embargo, exige hoy una formación de los jóvenes más profundizada, llevada a cabo por acompañantes capaces de ofrecer una enseñanza firme y culturalmente comprensible, sobre todo, de escucha y testimonio.

Nos hemos detenido, por tanto, en las características de la misión de los formadores, que -, según algunas indicaciones pedagógicas dadas, en 2002, por la Sección Jóvenes del Pontificio Consejo para los Laicos, con ocasión de una reunión sobre todas las JMJ -, consiste en "ayudar a los jóvenes a crecer en una vida profundamente enraizada en Cristo, estructurada a través de una formación sólida, animada de amor a la Iglesia, comprometida en el mundo y orientada a la misión".

Suscitar las preguntas fundamentales

Basándonos en esta esencial parrilla de lectura, hemos llevado a cabo una verificación de los contenidos y los métodos de trabajo en nuestra situación pastoral. En Camerún, se trata de superar, con respecto al mundo juvenil, un modelo de organización de actividades culturales y religiosas que ocupa el tiempo libre, pero, frecuentemente, sin responsabilizar a los jóvenes mismos ni en el interior de la sociedad, ni en la Iglesia. En efecto, se continúa hablando de "encuadramiento" de los jóvenes, en una visión sociocultural constituida de antemano y casi inmutable, que no se deja interpelar por ellos.

El desafío, en cambio, es realizar un verdadero acompañamiento de los jóvenes, a fin de que descubran su función de protagonistas en el interior de la Iglesia y, a nivel personal, se confronten con las preguntas de fondo de la propia vida, encontrando al verdadero interlocutor en Cristo, quien puede responder a su búsqueda de auténtica felicidad y de valores, que no mueren.

El ahondamiento en las preguntas existenciales, como hipótesis educativa fundamental, la reflexión sociocultural y el empeño eclesial, se confirman como puntos esenciales, para un trabajo con los jóvenes, en Camerún.

En el debate, los animadores han resaltado, dramáticamente, que los jóvenes en los bachilleratos superiores, muy pronto, resultan atraídos por la corrupción difusa y se vuelven víctimas de la prostitución, del SIDA, de los estupefacientes y del alcohol, llagas que, por supuesto, no han dejado inmune el ambiente escolar. Los jóvenes tienen una gran necesidad de atención personalizada y de modelos de vida.

Afirmaba, por ejemplo, Arsène, un catequista en el bachillerato superior técnico, de 25 años: "Tenemos que superar un discurso moralista, y buscar las causas de los comportamientos y los problemas vividos por los jóvenes, a través de la escucha y de una intervención adecuada deEric formación. Los jóvenes necesitan de modelos, que enseñen, sobre todo con el testimonio, a superar la incoherencia de la 'doble vida', en parroquia y en el barrio".

Otro animador, Eric, de 23 años, responsable de "SOS jeunes" de la parroquia de Obeck, subrayaba la necesidad de una catequesis de los jóvenes, más exigente, más profundizada y abierta a los problemas sociales: "Es la formación lo que puede cambiar a la persona y, por consiguiente, a la sociedad y dar un poco de esperanza a nuestro país; una formación que sepa transmitir valores humanos que manan del Evangelio".

Michel, de 35 años, miembro del Consejo Pastoral para los jóvenes de Obeck, ponía también él el acento en la función de la Iglesia en la formación integral, humana y cristiana de los jóvenes. "La Iglesia es verdaderamente el único lugar, en nuestro contexto, donde los jóvenes pueden cumplir gestos y acciones concretos, para cambiar a sí mismo y al mundo. Tenemos que buscar descubrir siempre compromisos concretos, adecuados a los jóvenes".

Ser testigos y modelos

Estos son solo algunos elementos de reflexión y participación de esperanzas y preocupaciones acerca de la pastoral juvenil. La próxima cita se ha fijado para septiembre. Las ideas intercambiadas constituyen el punto de partida en la programación del nuevo año pastoral, reforzando la catequesis juvenil de la Confirmación, organizando, a nivel de la ciudad, más debates y foros, y promoviendo, en fin, también la prensa juvenil.

Los animadores estaban más conscientes sobre todo de su función fundamental de testimonio. En efecto, la evangelización "horizontal" de los jóvenes hacia los coetáneos será posible, solo si habrá una auténtica y profunda evangelización "vertical", llevada a cabo por acompañantes que sean, para los jóvenes, modelos de vida cristiana coherente, personas abiertas y capaces de acompañarlos a los umbrales del futuro, ofreciéndoles firmes raíces.

Un acompañamiento fructuoso será eficaz, en efecto, solo si sabremos ser fieles a los orígenes de nuestra experiencia cristiana, si sabremos transmitir a los jóvenes la belleza y la certeza de una vida llevada a cabo en el amor, para ponerlos en contacto con la Fuente de nuestra vida.

Uniéndonos al mensaje de Benedicto XVI para la JMJ de 2009, estamos llamados a decir a los jóvenes: "Tenemos nuestra esperanza puesta en el Dios vivo" (1Tm 4, 10); "Si no estamos solos, si Él está con nosotros, mejor dicho, si es Él nuestro presente y nuestro futuro, ¿por qué temer?".

Solo haciéndonos modelos de vida, dando razón de la esperanza que está en nosotros, no dejaremos, también culturalmente, a los jóvenes "en el presente", como afirmaba el sociólogo De Rosa, porque en África, como en Occidente, los jóvenes están desorientados en la fragmentariedad de un presente sin memoria y sin proyecto, en un contexto en el cual muchos falsos valores están vehiculados por la mundialización.

La jornada de los animadores juveniles, que ha tenido como su centro un tiempo de oración, ha sido, para todos nosotros, una fructuosa pausa de reflexión y de llamamiento a la conversión, a fin de ser auténticos evangelizadores de los jóvenes, según el corazón de Cristo.

Antonietta Cipollini

22/07/09