Perfiles misioneros y espirituales  


PADRE VALENTÍN, EL PATERKE* DE HASSELT


Varias veces he o
ído hablar del padre Valentín de Hasselt (Bélgica), un religioso querido sobre todo por la gente simple, que lo ha considerado santo aún antes del 9 de noviembre de 2003, fecha en que fueEl padre Valentín de Hasselt (Bélgica) proclamado beato. El interés en conocer algo más acerca de él me ha surgido desde cuando una vecina mía de casa, afecta de tumor y con un pasado marcado por grandes sufrimientos familiares, se puso a visitar regularmente la tumba del paterke, como ella afectuosamente lo llama, para poder así afrontar su último vía crucis, con gran paciencia y fuerza de ánimo.

La vida

El P. Valentín nació en Tongeren el 17 de noviembre de 1828, como quinto hijo de la numerosa familia Paquay-Neven. Sus padres, fervientes creyentes, lo hicieron bautizar con el nombre de Jan-Lodewijk, y recibió el apodo de "Lowieke".

Frecuentó el colegio de Tongeren, y en el año 1845 entró en el seminario de Sint Truiden. "Estos años han estado de gran importancia, para Lowie. Se ha comprometido en los estudios con mucho celo, y con no menor celo ha formado su espíritu y su corazón"[1]. Entró en el noviciado de los Frailes Menores de Tielt el 3 de octubre de 1849, y recibió, como religioso, el nombre de Valentín.

Fue ordenado sacerdote el 10 de junio de 1854, y fue enviado por sus Superiores a Hasselt, donde permaneció por casi tres años.

Sucesivamente, fue asignado a la comunidad franciscana de Tielt, donde permaneció solo un año. Los habitantes de Hasselt, en efecto, habían enviado al Provincial la solicitud para tenerlo de vuelta entre ellos. El P. Valentín volvió a Hasselt y permaneció allí hasta su muerte, que aconteció el 1 de enero de 1905.

Monasterio como lugar de santidad

Leyendo su vida, enseguida, se tiene la impresión de encontrarse frente a una persona particularmente dotada, tanto en el plano humano como en el espiritual. Algunos testimonios nos lo presentan, en efecto, ya desde los años de la infancia, como otro san Juan Berchmans[2].

En su recorrido de vida cristiana, hallamos lo que, para su tiempo, formaba parte de la práctica religiosa de tantos fieles, sus coetáneos. ¿Cuál elemento, entonces, lo hace tan particular, hasta el punto que la Iglesia lo ha propuesto como modelo que imitar? ¿Qué elemento tan singular tiene su vida, hasta transformarse en un faro para la Iglesia en Bélgica y, en particular, para la en Hasselt?

La respuesta a estas preguntas la encontramos en su deseo profundo de hacerse santo, fiel discípulo de Cristo, sacerdote según el corazón de Dios y apóstol de la misericordia, como Juan Pablo II dice en su homilía de beatificación.

El lugar donde, para él, este deseo se pudo realizar fue el monasterio. Él mismo, en un sermón a algunas religiosas, dice que, al entrar en monasterio, se había comprometido a hacerse santo. "Una vez se verá si hemos mantenido la palabra. Mientras tanto, trabajemos con mucho coraje y tanta confianza en Dios. Entonces seguramente llegaremos a eso. Tenemos que ser hombres a carta cabal, que no hacen nada a medias"[3]. Para él, está muy claro que quien entra en monasterio con otro fin que no sea el de hacerse santo es el más loco de este mundo[4].

Esta convicción lo lleva a seguir los consejos evangélicos de manera heroica, volviéndose así un ejemplo para sus cofrades y sus hijos espirituales. Ciertas acentuaciones que se notan en su vida, a veces, pueden resultar difíciles de comprender, también para quien vive una vida consagrada, si no se entra en la espiritualidad de su tiempo y en la franciscana. Pero, son exactamente estas características las que, en el fondo, lo hacen modelo de santidad, como respuesta personal a la llamada divina. Por esto, me parece muy importante entrar en su vida con empatía, para poder captar aquellos elementos que, más allá del tiempo y de la espiritualidad, aún hoy pueden guiarnos por el camino de la santidad, así fuertemente subrayado por el Concilio Vaticano II.

La unión con Dios

Un elemento fundamental en la vida del P. Valentín es que él encuentra siempre el tiempo para estar con su Dios, en el rezo del santo Rosario, en la repetición de jaculatorias, en la meditación del vía crucis o simplemente poniéndose de rodillas delante el tabernáculo, sobre todo después de las interminables horas pasadas en el confesionario. Cuando iba a predicar los retiros, raramente llevaba consigo libros o escritos. A quien le preguntaba si no preparase demasiado de prisa sus sermones, respondía que, cuando diariamente se piensa en las verdades eternas, se sabe fácilmente sobre cuál argumento hay que hablar. En sus retiros, en efecto, lo veían regularmente sumergido en oración delante del Santísimo y de esto tomaba inspiración para los temas de sus exposiciones[5].

Continuaba su coloquio con Dios en el encuentro con los penitentes, quienes acudían numerosos a su confesionario, como también en la vida comunitaria y en el vivir la obediencia religiosa, con la cual volvía a poner cotidianamente su vida en manos de los Superiores. Creía, en efecto, que a través de ellos se manifestaba la voluntad de Dios

La obediencia es la más grande tarea del religioso, y el P. Valentín la vivía con tal radicalidad que lo llevóEl confesionario de padre Valentín de Hasselt incluso a pedir a su Superior el permiso de morir[6]. Cuando estaba todavía en el seminario, escribía, con respecto a la obediencia, que es "La más alta grandeza del hombre, y precisamente en ella se manifiesta la más grande libertad. En el someter la propia voluntad a la de otro se transparenta uno de los más altos sentimientos del corazón. En la obediencia, el hombre muestra que se conoce a sí mismo y comprende la propia nulidad"[7].

Al leer su vida, uno permanece impresionado por la cantidad de horas que transcurría en el confesionario. Personas de cada categoría social y con todo género de pecados estaban convencidas de que él las estaba esperando en su confesionario[8]. Esta tenaz dedicación suya a la reconciliación de los pecadores con Dios la podemos volver a encontrar en las palabras del pontífice Benedicto XVI, quien, en la Carta para la convocación del Año Sacerdotal, subraya "el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la Presencia eucarística", y afirma: "Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesonarios, ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento"[9].

A los cristianos el P. Valentín les recomendaba, además, recibir la comunión todos los días[10]. Es importante notar que el papa Pío X ha introducido la comunión diaria solo en 1910, con el decreto Quam singulari, en el cual recomienda acercarse frecuentemente a la mesa del señor, y, si es posible, cada día.

Sin duda, podemos afirmar que la única preocupación del P. Valentín era la de llevar a Dios a todas las personas a las que se acercaba, porque deseaba que todos fuesen salvos en Él, por la eternidad. Si uno lo llamaba a velar a un moribundo o a llevar consuelo a un enfermo, no perdía un instante. Noche y día su vida era toda para los demás.

Enseñanza del padre Valentín

¿Qué nos pueden enseñar la vida y el ejemplo del paterke de Hasselt, a fin de que todavía hoy, más de 100 años después de su muerte, él pueda enriquecer a la Diócesis en la cual ha transcurrido la mayor parte de su existencia, y donde ha actuado para la construcción de esta Iglesia local?

El centro de la vida del P. Valentín está puesto fuera de él: en Dios. Por esto, se pone simplemente delante del Santísimo, se arrodilla y reza, porque cree y reconoce que en esas especies eucarísticas, tan pobres, está presente el Hijo de Dios, que ha dado su vida por cada hombre.

Reza, casi sin cesar, a la virgen María, con el santo Rosario. Desde siglos, este rezo se considera "la oración de los pobres", de los que pueden alcanzar a Dios más con el corazón que con la mente.

El P. Valentín alimentaba a sus feligreses con la predicación diaria de la palabra de Dios, que llevaba a cabo con gran entusiasmo, comentando las páginas del Evangelio, que conocía de memoria y hacía comprensibles a todos los que lo escuchaban. Era capaz de hablar al corazón y a la inteligencia de sus oyentes, uniendo el Evangelio a lo que concernía a la vida diaria de los hombres de su tiempo. A pesar de que, en aquel tiempo, no se conociese la palabra "inculturación", él ha captado la misma realidad que el término expresa hoy, encarnando la Palabra ante todo en la propia vida, hallando el canal de comunicación que lo unía al mismo tiempo a Dios, a su comunidad y a su pueblo.

Un lugar muy importante en su vida lo ha tenido el sacramento de la confesión, a través del cual él ha sabido guiar por el camino de la santidad a innumerables personas, que se han encomendado a su paternidad espiritual.

El ejemplo del P. Valentín, especialmente en una tierra como la de Bélgica, donde el sacramento de la reconciliación, prácticamente, ha desaparecido, espolea a sacerdotes, religiosos y laicos a emprender el camino de la santidad, reconciliándose con Dios y con los hombres. Mostrando en la propia vida el misterio de la redención, el paterke de Hasselt nos estimula a todos a reconocer, con humildad, nuestra pobreza, nuestra necesidad de misericordia y de salvación.

Lucia Ferrigno



* Este sobrenombre cariñoso significa "pequeño padre".
[1] R. Moonen, Leven van de dienaar Gods P. Valentinus Paquay 't heilig Paterke van Hasselt, Vice-Postulaat - Minderbroedersklooster, Hasselt 1991, 18.
[2] Cf. R. Moonen, Leven van de dienaar..., 113. San Juan Berchmans, religioso jesuita, un santo muy amado en Flandes, nació en Diest el 12 de marzo de 1599, y murió en Roma a la edad de 22 años. Su santidad no consiste en grandes empresas, sino en ponerse al servicio de Dios y del Evangelio y en hacer las "cosas normales" con amor.
[3] R. Moonen, Leven..., 28-29.
[4] Cf. R. Moonen, Leven..., 28.
[5] Cf. R. Moonen, Leven..., 104 e 106.
[6] Cf. R. Moonen, Leven...,  208.
[7] R. Moonen, Leven..., 72.
[8] Cf. R. Moonen, Leven..., 94.
[9] Benedetto XVI, Lettera per l'indizione dell'Anno Sacerdotale in occasione del 150° anniversario del "dies natalis" di Giovanni Maria Vianney (16 giugno 2009), en www.vatican.va
10] Cf. R. Moonen, Leven..., 119.



05/08/09