Comprender el Derecho Canónico/31



UNA INTERPRETACIÓN PERSONAL ERRÓNEA

QUE FAVORECE LA CONFUSIÓN


En el artículo publicado en el "Observador Semanal" n.° 226 (5 de noviembre de 2009) 2 [supl. de "Última Hora" (Paraguay)], "
¿Cuál es la responsabilidad de la Iglesia en·el mundo de hoy?", firmado por el P. Aldo, el autor, preocupado por una confusión entre los fieles de la Iglesia en el Paraguay, habla de los peligros de lo que define un episcopalismo más o menos oculto, que es "el riesgo de reducir la Iglesia particular a Iglesia local".

A la pregunta: "¿Cuál es la diferencia entre la Iglesia particular y una local?", el autor responde "que la primera es una parte del todo, es una Iglesia que se comprende dentro de la catolicidad, dentro de la fidelidad efectiva y afectiva con el Santo Padre y en esta comunión respira a pleno pulmón. La segunda es una Iglesia que de hecho vive una autonomía, respira con sus pulmones y está distanciada de la catolicidad". En conclusión, según el autor, la Iglesia particular sería católica; la Iglesia local, en cambio, "herética".

Creemos necesario intervenir, por un deber de clarificación de las nociones divulgadas, que corren peligro de transmitir confusiones más graves.

Una evolución terminológica

En los documentos del Concilio Vaticano II, las expresiones "Iglesia particular" e "Iglesia local" son utilizadas indistintamente para indicar la diócesis (cf. UR 14) o los grupos de Iglesias de un particular rito (cf. OE 2). Para el Concilio, en efecto, la Iglesia particular es principalmente la diócesis, llamada también Iglesia local, subrayando de este modo su aspecto territorial (cf. CD 11;23; OE 4).

Un documento más reciente, la importante Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, del 28 de mayo de 1992, en el n.° 9, habla indiferentemente de "Iglesia particular" e "Iglesia local", intercambiando las expresiones. Los apóstoles son llamados "representantes de la única Iglesia y futuros fundadores de las Iglesias locales". En el mismo documento se afirma, además, que de la Iglesia "originada y manifestada universal, tomaron origen las diversas Iglesias locales, como realizaciones particulares de esa una y única Iglesia de Jesucristo".

La Iglesia local, por lo tanto, designa la diócesis. Sin embargo, el criterio territorial que se pone en evidencia en la expresión, no es un criterio absoluto para definir una diócesis; pueden existir "otros criterios de tipo personal, por rito, por lengua, por raza, por otros motivos (can. 372)"[1].

Por eso, en los documentos del posconcilio, se fortalece cada vez más la tendencia a preferir la expresión "Iglesia particular" a la de "Iglesia local". La razón se funda en el hecho de que la primera es comprensiva también de las diócesis erigidas según un criterio no territorial, sino personal, o sea, en base a las categorías de las personas. El territorio, en efecto, de por sí, no es constitutivo de la diócesis; determina, más bien, aquella "porción" del pueblo de Dios que la hace existir.

Esta elección terminológica se afirma definitivamente con el nuevo Código, que abandona totalmente la expresión "Iglesia local" y habla solo de "Iglesia particular".

La elección está hecha en base a una exigencia de claridad, propia del derecho, aunque algunos teólogos han querido poner de relieve el empobrecimiento de lenguaje[2].

Según estos, en efecto, en la teología de la "Iglesia local" se hace alusión a la función propia del "lugar", que no es secundaria ni marginal. En efecto, el único acontecimiento de salvación hace nacer algunas Iglesias distintas, solo porque este se encuentra "mediado" por las diferentes condiciones geográficas, históricas y culturales de los diversos lugares en que se manifiesta. La identidad de una Iglesia es particularmente ligada a un lugar y a una cultura. La riqueza de estos contenidos no resulta en la expresión "Iglesia particular".

Esto no quita que las dos expresiones, aunque subrayan diferentes aspectos, se refieran a la misma realidad, que es precisamente la de la diócesis y de las circunscripciones semejantes.

Para el Código de derecho canónico, las Iglesias particulares son las diócesis y las circunscripciones eclesiásticas, que son la prelatura territorial y la abadía territorial, el vicariato apostólico y la prefectura apostólica, así como la administración apostólica erigida de manera estable (can. 368).

Los elementos que caracterizan a la diócesis se encuentran definidos en el can. 369: "La diócesis es una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una santa, católica y apostólica".

Universal y particular

La elección hecha en favor de la expresión "Iglesia particular" se comprende también con respecto a la expresión "Iglesia universal". Es necesario, sin embargo, entender bien el sentido de tal contraposición, para evitar una visión equívoca de Iglesia. En efecto, la Iglesia particular no es, como el autor del artículo arriba citado afirma, "una parte del todo", un fraccionamiento de la Iglesia universal, sino una manifestación plena del acontecimiento de Cristo.

La Lumen gentium ha aclarado bien la relación entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares; estas últimas están "formadas a imagen de la Iglesia universal y en ellas y de ellas (en quibus et ex quibus) está constituida la una y la única Iglesia católica" (LG 23). Las Iglesias particulares no son una parte del todo, ni una fracción o una realización parcial o subordinada de la Iglesia universal.

Ellas son verdadera Iglesia, aunque no toda la Iglesia, "porque, aun siendo particulares, en ellas se hace presente la Iglesia universal con todos sus elementos esenciales, ... en cada Iglesia particular se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica"[3].

Del mismo modo, la Iglesia universal no puede ser entendida como una suma o una federación de las Iglesias particulares; en cambio, tiene que ser comprendida a partir de su hacerse concreta en las Iglesias particulares, y se realiza precisamente en la comunión entre todas las Iglesias.

Con esto, creemos haber aportado un esclarecimiento sobre las expresiones mencionadas. Una terminología puede transmitir nociones doctrinales importantes, que exigen exactitud y precisión.

Nos parece, por lo tanto, que ha habido una tergiversación de parte del autor del artículo citado en el comienzo, quien, en vez de contribuir a una clarificación con respecto a situaciones eclesiales delicadas, introduce una interpretación personal errónea que favorece la confusión.

Silvia Recchi



[1] U. Navarrete - F.J. Urrutia, Nuevo Derecho Canónico. Presentación y comentario, Publicaciones ITER, Caracas 1987, 74.
[2] Cf. Entre todos, H. Legrand, L'Église se réalise en un lieu, en Initiation à la pratique de la théologie. Dogmatique II. A cargo de B. Lauret y F. Refoulé, Cerf, Paris 1986, 158.
[3] Communionis notio, 7 y 9.
 

14/11/09