Comprender el Derecho Canónico/33


 

LOS MATRIMONIOS "MIXTOS"/2


En una primera parte, hemos hablado del significado de los matrimonios mixtos, y del cuidado pastoral que la Iglesia reserva a los fieles de diversas confesiones cristianas, que quieran unirse en matrimonio. Después, han sido expuestas las condiciones requeridas, para proteger la fe de la parte católica. Ahora, vamos a considerar la "forma" que el derecho de la Iglesia exige, para la celebración de estos matrimonios.

La forma de la celebración

La celebración de los matrimonios mixtos, generalmente, tiene que respetar las normas referentes a la forma canónica prevista para todos los matrimonios, en los que al menos uno de los cónyuges es de fe católica (can. 1108 del Código de derecho canónico). Esto por el respeto de la naturaleza sagrada del matrimonio, y para asegurar la preparación catequética y pastoral de los cónyuges.

No hay que confundir la forma "canónica" del matrimonio con la ceremonia "litúrgica". Esta última consiste en el rito litúrgico apropiado al sacramento, insertado o no en una celebración eucarística. La forma canónica, en cambio, se limita a prescribir que los cónyuges expresen su consentimiento matrimonial ante un ministro o un representante de la Iglesia católica, en presencia de dos testigos.

Esta forma canónica es susceptible de excepciones, en los matrimonios mixtos.

Por ejemplo, en los matrimonios contraídos por fieles pertenecientes a la Iglesia ortodoxa, en la que los principios teológicos y disciplinares son similares a los católicos, el sacramento del matrimonio puede ser celebrado ante un ministro, tanto católico como ortodoxo (can. 1127 §1).

Además, en situaciones particulares en que haya una grave dificultad para observar la forma canónica, el Código prevé que el Ordinario del lugar del fiel católico dé una dispensa de la obligación de ella.

En este caso, se requiere simplemente que la celebración del matrimonio se realice de alguna "forma pública" (can. 1127 §2), para evitar las celebraciones clandestinas. La forma civil del matrimonio, por ejemplo, podría ser suficiente, con tal de que se lleve a cabo según las leyes civiles, y no sea simplemente "de hecho" (como acontece en los matrimonios consuetudinarios en África).

Para evitar confusiones en los contrayentes y en los mismos fieles que participen en la celebración del matrimonio, el derecho de la Iglesia prohíbe la "doble" celebración. O sea, está prohibido que, antes o después de la celebración canónica, haya otra ceremonia religiosa del mismo matrimonio, en la que los dos cónyuges expresen su consentimiento matrimonial (can. 1127 §3).

Está prohibida también la celebración "ecuménica", o sea, la asistencia simultánea de parte del ministro católico y del ministro no católico, quienes conjuntamente pidan el consentimiento matrimonial de las partes.

No está prohibido, en cambio, que participe de la celebración del rito católico el ministro no católico, como testigo o bien interviniendo con una lectura bíblica, con palabras de augurio y con rezos comunes. Lo mismo vale para el ministro católico presente en el rito no católico.

Es la Conferencia Episcopal la que debe dictar las normas concretas, para la concesión de la dispensa de la forma canónica en el matrimonio mixto, normas que los Ordinarios del lugar están obligados a respetar.

Las disposiciones de la Conferencia Episcopal

La Conferencia Episcopal del Paraguay ha dispuesto que el Ordinario del lugar pueda otorgar la dispensa de la forma canónica, cuando haya unas graves causas[1].

Estas causas pueden hacer referencia, por ejemplo, a la posición irreductible de la parte no católica, a una oposición, en su ámbito familiar, al rito católico; a un grave conflicto de conciencia en los contrayentes; al quebranto económico; o bien en el caso en que una ley extranjera debiese obligar a uno de los contrayentes a una forma religiosa no católica.

Una vez obtenida la dispensa, el matrimonio tiene que ser celebrado de una forma pública: o ante un ministro perteneciente a la confesión no católica, de la forma establecida en ella, o bien ante la competente autoridad civil, de la forma prevista por la ley.

La parte católica pedirá por escrito al Ordinario del lugar la dispensa, avalada por el párroco, quien tendrá que declarar también la presencia de una justa causa.

El ministro católico que debiese estar presente en la celebración no católica del matrimonio puede participar en las lecturas bíblicas, en los rezos de los fieles e impartir, al final, una bendición a los cónyuges. Sin embargo, no puede pedir una segunda vez el consentimiento matrimonial de las partes.

El matrimonio, celebrado con la dispensa de la forma canónica, tiene que ser inscrito en los registros parroquiales del lugar donde ha sido hecha la Información Matrimonial, junto con la notificación de la dispensa.

Los matrimonios mixtos, cada vez más frecuentes en nuestros días, requieren una preparación cuidadosa de los dos contrayentes, que el párroco de la parte católica debe asegurar, a fin de garantizar el respeto del carácter sagrado del matrimonio y la conciencia, en el fiel católico, de los compromisos asumidos para proteger la propia fe y asegurarla, por lo que sea posible, para los hijos nacidos del matrimonio.

Silvia Recchi




[1]
Cf. Recognitio, 20 de mayo de 1994.

 

08/12/09