Perfiles misioneros y espirituales
 

EL "TEJEDOR" DE LAS OBRAS DE DIOS EN SURINAM

PADRE PEDRO DONDERS/1


En el año dedicado a todos los sacerdotes, queremos presentar la figura del padre Pedro Donders, sacerdote-misionero, del cual el año pasado, sobre todo en Tilburg (Holanda) y en Surinam, ha sidoPadre Pedro Donders recordado el bicentenario del nacimiento[1]..Por su estructura espiritual y humana poliédrica, el padre Donders es una persona totalmente que descubrir todavía. Hijo de la tierra holandesa, que ha dado innumerables misioneros para la evangelización de los pueblos, lleva en su misión la abnegación y el entusiasmo de una fe adulta y profunda, reforzada por las pruebas, que el Señor ha puesto desde la infancia en su largo camino. Ha sido misionero por cuarenta y cinco años en Surinam, colonia holandesa hasta 1975. Nada para él queda inexplorado, y nada es para él de más, con tal de que pueda llevar al pueblo, a él encomendado, la salvación que ha experimentado en su vida.

En toda su esistencia, primero como sacerdote-misionero y luego como religioso redentorista, el padre Donders ha privilegiado el anuncio del Evangelio a los pobres, según el ideal de san Alfonso María de Ligorio, es decir, el de seguir "el ejemplo de nuestro Salvador Jesucristo en el predicar la divina palabra a las almas más abandonadas, especialmente a los pobres"[2].

En 1982, en la proclamación como beato, el papa Juan Pablo II, mostrando sus virtudes, lo describe como apóstol de los pobres, de los esclavos, de los negros, de los indios y, en particular modo, de los leprosos de Surinam[3].

El hijo de un tejedor

Pedro Donders nació en Tilburg, en Holanda, el 27 de octubre de 1809, en una familia pobre, en la cual el padre hacía el tejedor, y todos los familiares lo ayudaban en su trabajo, para redondear el sueldo con alguna entrada más. En efecto, el principal recurso del pueblo era la industria textil. No todas las personas, sin embargo, trabajaban en las fábricas. La mayor parte de ellos tejía en casa y entregaba las telas a las fábricas. Hacían así también Arnoldo Donders y Petronilla van den Brekel y, más tarde, su hijo Pedro.

La madre murió seis años después del nacimiento de Pedro. El papá se casó de nuevo, para no dejar que sus dos hijos se debilitasen completamente, por la situación de extrema pobreza en que vivían.

Como los demás niños de Tilburg, Pedro, a los 12 años es quitado de la escuela y entra en servicio en una fábrica, para trabajar con el telar, frecuentemente, hasta las veintidós o también más tarde.

Hacerse sacerdote era, para él, el cumplimiento de todas sus aspiraciones más profundas. Pero, el camino para llegar allí no fue fácil, porque los problemas económicos le impidieron entrar en el seminario menor de Beekvliet. Entró solo en 1831, a los 22 años, primero como mozo y, luego, después de seis meses, como mozo-estudiante.

La vida en seminario

En seminario la vida no fue para nada fácil: más adulto que los demás seminaristas, era escarnecido, mofado y humillado de miles modos. En el mismo período, el papá murió, y el hermano se fue a vivir en otra familia. El Señor lo desnudaba de todo. El único lugar en que hallaba descanso era la capilla, donde se retiraba para rezar, al término de su larga jornada de trabajo.

Con su inagotable paciencia, que, por otra parte, ha marcado toda su vida como misionero, al fin, logró derribar el muro de rechazo que se había formado alrededor de él. Primero los seminaristas y luego los demás mozos, impresionados por su humildad y fuerza de ánimo, cambiaron radicalmente su actitud. Los seminaristas se pusieron también a disposición para ayudarlo en los estudios, dado que en el comienzo el aprendizaje no era su punto fuerte.

La situación del seminario cambió a tal punto que el estilo de vida de Donders fue seguido e imitado también por los demás seminaristas. Fue él, por ejemplo, el que introdujo la costumbre de recibir la Comunión durante la semana y no solo el domingo.

Después de seis años, pasó a los estudios superiores de la filosofía. Es en este período en el cual se arraigó en él la vocación misionera. La lectura de los "anales", publicados por la, en aquel entonces, "Congregación para la Propagación de la Fe", aumentó su deseo de partir para el América del norte, siguiendo el ejemplo de los grandes misioneros holandeses.

Para acelerar la realización de su vocación de sacerdote-misionero, el Presidente del seminario le aconsejó ingresar en una orden religiosa. Donders entonces se fue a Bélgica, porque en Holanda, por un decreto del rey Guillermo I, las órdenes religiosas, en aquel tiempo no podían aceptar novicios. Primero, llamó a la puerta de los Jesuitas, luego de los Redentoristas y, en fin, de los Franciscanos Menores. Pero, estas familias religiosas, por razones diversas, se negaron a recibirlo. El mismo Donders contará que, durante el viaje de regreso, a pesar de la prueba de este fracaso, se había encomendado, en la oración, a la Providencia de Dios: tenía plena confianza de que un día se habría vuelto sacerdote y misionero.

Después de la preparación filosófica, en 1839 pudo empezar los cursos de teología, en el seminario mayor. Aquí profundizó también en su vocación misionera. En efecto, la invitación de Mons. Giacomo Grooff, Prefecto Apostólico de la misión de Surinam, llegado expresamente a Europa para buscar ayuda para su misión, fue acogida solo por dos personas. Una de ellas era exactamente Pedro Donders, quien permaneció impresionado por el dramático sermón sobre la situación de Surinam, y su disponibilidad a partir para Surinam tuvo, para él mismo, un significado particular. Fue una gran gracia el haber recibido la confirmación de su vocación misionera, a consecuencia de la visita de Mons. Grooff. Toda su vida había sido marcada por la incertidumbre. Primero, las precarias condiciones económicas, luego la inseguridad con respecto a la posibilidad de hacerse sacerdote y, más tarde, la de hacerse misionero.

También en esta "incertidumbre", él mantuvo siempre viva la esperanza y la confianza incondicional en Aquel que es el dispensador de la gracia, y lleva a buen puerto sus obras. Su docilidad y su entrega fueron premiadas con la ordenación sacerdotal del 5 de junio de 1841. Su primer sueño se había así realizado, mientras que para la salida para la misión habría debido esperar todavía otro año[4].

Lucia Ferrigno

(Continúa)



[1] Cf. www.redemptoristen.nl/lay-out/nieuws/detail.php?ID=243
[2] E. Marcelli, Sant'Alfonso Maria de' Liguori Vescovo e dottore della Chiesa, en http://santiebeati.it
[3] Cf. Giovanni Paolo II, Proclamazione di cinque nuovi Beati (23 maggio 1982), en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, V/2, Libreria Editrice Vaticana 1982, 1813.
[4] Cf. B. Rademaker, Petrus Donders. Pelgrimage naar een melaatsendorp, Paul Brand, Bussum 1956, 5-50.

31/03/2010