Profundizaciones

 


FACEBOOK Y LA AMISTAD MALVENDIDA


Trescientos millones de usuarios y tres de diez italianos navegan y socializan a través de Facebook[1]. Son solo cifras parciales de un fenómeno que se amplifica día a día en todos los países del mundo, acompañado por aquellas peticiones de amistad (friendship addiction), que se intercambian a millares los usuarios de los sociales network.

La amistad al tiempo de Facebook

Andrea, 17 años, era uno de aquellos miembros de Facebook que pasan cierto tiempo en este intercambio de peticiones de amistad. Anidaba un gran mal de vivir. Ha "publicado" su nombre con la foto de una pistola y se ha suicidado con el fusil de su padre. En Facebook tenía 430 amigos. "Uno menos, llego desde el más allá", había escrito Carlos en la vitrina de Facebook. Se ha ahorcado en su casa, después de una cuenta atrás memorizada en su perfil virtual desde hace tres días[2].

Las "tribus" del web se han agitado en la danza fúnebre, han "publicado" una cantidad de mensajes, han creado algunos grupos en memoria.

"La soledad al tiempo de Facebook", se ha escrito, la soledad en este "océano de amistad portátil", donde cada uno se rodea de "amigos" simpáticos, adquiridos a buen precio como en una liquidación (¡doscientos, trescientos, mil amigos por nada!), como se coleccionan los puntos de un supermercado para recibir como premio la propia afirmación social. Más amigos, más éxito, más autoestima[3].

Chatear en el web recuerda, a veces, aquellos saludos largos como una letanía que, en África, permiten palparse recíprocamente, decir lo contrario de lo que se quiere decir en realidad, eludir una pregunta demasiado directa o demasiado personal. Y la "friendship addiction" se asemeja mucho a lo que acontece en la sociedad "tribal" africana, donde el individuo está en relación con un gran numero de personas - como en la familia "ensanchada", una parentela extensa, frecuentemente varios centenares de individuos - estableciendo relaciones que, a causa de la cantidad, son por esto más débiles, virtualmente efímeras e inestables[4].

El "tribalismo" posmoderno aparece como la expresión del ideal comunitario del individuo, que busca romper su soledad, participando realmente o en la imaginación o virtualmente de una comunión móvil, aleatoria, emotiva. Una comunidad que se forma y se disuelve según un particular interés, que permite al individuo definirse a través de perfiles personales, como máscaras en un ritual iniciático, y en lugares, como los "raves-parties",, donde se hace la experiencia de una afectividad "en fusión" y generalizada, que el exstasy amplifica[5].

Hay, sin embargo, una paradoja que empuja a los individuos a buscar la compañía de los demás, pero, no necesariamente la interacción y menos aún la ruptura del anonimato. Se está conforme en "vibrar" con los demás, pero sin alguna obligación social. En la sociedad posmoderna se busca romper el aislamiento, pero, sin querer pagar su precio, es decir, sin comprometerse en una auténtica relación con el otro[6].

El encuentro con un rostro

Y es este todo el problema, porque la auténtica relación con el otro, y en consecuencia la relación comunitaria, no significa estar "junto al" otro, confundirse en el grupo. Esta no es, como recuerda Lévinas, un conjunto de síntesis, sino un conjunto de "cara a cara"[7].

Las tribus posmodernas querrían prescindir de la distancia con el otro y de la necesidad de un recorrido de acercamiento laborioso, y frecuentemente atormentado, al rostro que no nos pertenece y que no se puede utilizar a gusto. Porque el rostro del otro me inquieta, me pone en tela de juicio, me obliga, me convoca a la responsabilidad.

El rostro es lo que hay de más desnudo, de descubierto, que manifiesta cuánto el otro está expuesto y vulnerable. Y es también lo que hay de más esencialmente pobre y débil en nosotros[8]: es por esto por lo que se busca disfrazar esta pobreza asumiendo algunas poses, algunos convenios, escogiendo, podríamos decir en tiempo de Facebook, un perfil y una imagen, pasados preliminarmente por el "photoshop", que exponer en una de las innumerables vitrinas de los social network.

Sin embargo, estar "desenmascarado" delante de los demás, y mostrarse en la propia desnuda y real verdad, constituye el fundamento mismo de una auténtica relación de amistad.

Esto nos da miedo. Y entonces nos sentamos ante la computadora, nos ponemos una máscara, chateamos, juntamos "amigos", formamos parte de una tribu, nos contamos, somos muchos.

Todo esto, sin embargo, no es suficiente para vencer la angustia de la soledad, y el grito enviado a la vitrina de Facebook permanece sin respuesta.

Es la amistad al tiempo de Facebook, donde el grito de desesperación se pierde en este océano virtual, sin suscitar cuestiones en quien lea y "mire" a través de la pantalla de una computadora.

"Mirar", tal vez, es decir demasiado, porque la "mirada" pertenece al "cara a cara", al encuentro de rostros en su verdad.

Encontrar una mirada, un rostro, en una muchedumbre anónima, que nos diga toda su amistad y su amor: ¿no es, tal vez, esto del que tenemos necesidad hoy más que nunca?

"Fijó su mirada en él, le tomó cariño" nos dice el Evangelio (Mc 10, 21). ¿Sabremos todavía dejar germinar en el corazón del hombre de hoy el grano de la nostalgia, para esta mirada de amor? ¿Sabremos despertar en su corazón la conciencia de saber que es amado, sobre todo en el tiempo de la prueba, de la humillación, de la persecución, del fracaso, en el tiempo en que la noción misma de nuestra humanidad se encuentra como abolida delante de los ojos de los hombres, ultrajada y oprimida?[9].

¿Sabremos hacer todo esto, sobre todo en el tiempo de la soledad, en el océano de amistades virtuales de Facebook?

Giuseppe Di Salvatore



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[1] Cf. Facebook, 300 milioni di utenti e guadagni prima del previsto, en http://www.repubblica.it/2009/02/sezioni/tecnologia/facebook-world/facebook-300milioni/facebook-300milioni.html; Eurispes, tre italiani su dieci socializzano su Facebook, en http://www.lastampa.it/_web/cmstp/tmplrubriche/tecnologia/grubrica.asp?ID_blog=30&ID_articolo=5690&ID_sezione=38&sezione

[2] Cf. A. Sandri, Annuncio su Facebook, poi si suicida a 17 anni, en http://www.lastampa.it/redazione/cmsSezioni/cronache/201002articoli/51923girata.asp; Cfr. M. Liguori, Torre del Greco, 15enne si toglie la vita l'aveva annunciato su Facebook, en http://www.ilmattino.it/articolo.php?id=76185&sez=NAPOLI

[3] Cf. C. Gatti, La solitudine nell'era Facebook. "Mi uccido". Nessuno gli crede, en http://www.ilgiornale.it/interni/la_solitudine_nellera_facebook_mi_uccido_nessuno_crede/11-10-2009/articolo-id=389863-page=0-comments=1. Cfr. anche U. Khan, Facebook is to blame for 'friendship addiction' and is fuelling insecurity in users, en http://www.telegraph.co.uk/health/3242129/Facebook-is-to-blame-for-friendship-addiction-and-is-fuelling-insecurity-in-users.html

[4] Cf. P. Erny, L'enfant et son milieu en Afrique Noire. Essais sur l'éducation traditionnelle, Payot, Paris 1972, 196-197 ; 65-66.

[5] Cf. M. Maffesoli, Du tribalisme, en http://www.michelmaffesoli.org/textes/du-tribalisme.html

[6] Cf. Xsephone, Tecnologia, tribalismo e forme di nomadismo metropolitano: un'analisi sociologica dei rave illegali, en http://www.drexkode.net/PageContents/Articoli/Tesi%20Raveparties/cap%20secondo%205.htm

[7] Cf. E. Lévinas, Éthique et infini. Dialogues avec Philippe Nemo , Fayard, Paris 1982, 82.

[8] Cf. E. Lévinas, Éthique et infini..., 90.

[9] Cf. Lettera apostolica Dilecti Amici del Papa Giovanni Paolo II per l'anno internazionale della gioventù, en www.vatican.va


04/06/2010