Profundizaciones
 

NO HAY MISIÓN SIN LA COMUNIDAD,

NO HAY COMUNIDAD SIN LA MISIÓN


Pistas de reflexión sobre el Mensaje del Santo Padre 
para la Jornada Mundial de las Misiones 2010


En el Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de este año, Benedicto XVI llama a reflexionar, una vez más, sobre el sentido de la misión, para renovar el impulso misionero que caracteriza a la Iglesia de Jesucristo.

Es un mensaje dirigido a todos, "a todo el pueblo de Dios", para "renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y dar a las actividades pastorales una dimensión misionera más amplia".

La misión es el compromiso de toda la Iglesia. Es misionero quien anuncie el Evangelio en cualquier lugar, no solamente quien salga para tierras lejanas.

La tarea de anunciar el Evangelio corresponde a la entera Iglesia, "misionera por naturaleza" (Ad gentes, 2), recuerda el Santo Padre, volviendo a llamar así a cada uno a sentirse protagonista de la misión.

En los domingos en los que hacemos sensibilización misionera en las parroquias, ponemos especial acento en este aspecto, para que cada persona que encontremos no se sienta solamente oyente de actividades misioneras llevadas a cabo en Camerún o en Paraguay, donde actuamos, sino que se sienta animada a entrar, cada vez más, en el misterio de la misión de Jesucristo y de la Iglesia, en la cual cada bautizado ha recibido el mandato de dar testimonio.

Se dice, en efecto, en el sacramento del Bautismo, exactamente en el rito del Effetá: "El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos te permita, muy pronto, escuchar su palabra y profesar la fe para la gloria y alabanza de Dios Padre".

Profesar la fe, significa testimoniarla con la vida y con las obras.

El Papa, luego, invita a los fieles a reflexionar sobre los fundamentos de la misión.

El punto de partida subrayado en el Mensaje, es siempre el encuentro con Jesucristo. "Solo a partir de este encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en comunión con Él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio creíble, dando razón de nuestra esperanza (cf. 1P 3, 15)".

La misión de la Iglesia es cristocéntrica: parte de Cristo y vuelve a Él.

El Mensaje del Papa es una invitación, para nosotros los miembros de la Redemptor hominis, a reflexionar sobre los principios fundamentales de nuestro ser Comunidad y sobre la misión de la Iglesia.

Sacando del pensamiento del padre Divo Barsotti, así escribe Emilio en su tesis de doctorado en misionología: "La misión, para la Iglesia, no es un lujo que ella pueda también evitar permitirse. Si no se considera el anuncio como necesario y como necesaria la conversión de los hombres a Cristo, el reconocimiento de que en Él, y solamente en Él, está la salvación de todos, ya no se cree en el cristianismo. Si al mundo no le llevamos a Dios, el Único que lo pueda salvar, el mundo no podrá recibirlo de nadie y permanecerá en su soledad, en su vacío, en su hambre"[1].

A través del Mensaje de este año, el Papa indica en la construcción de la comunión eclesial, la clave de la misión.

La Iglesia es una comunidad que reza, que enseña, que se compromete en obras caritativas, sin las cuales la fe está muerta (cf. Stgo 2, 17). Es una comunidad que se siente enviada y está siempre en misión.

Y así, la misión es, al mismo tiempo, fruto y condición indispensable de la comunidad. No hay misión sin la comunidad; pero, no hay comunidad sin la misión, sin el espíritu misionero inscrito en el corazón del fiel, ya en su encuentro personal con el Cristo.

"El Padre, en efecto, -continúa Benedicto XVI- nos llama a ser hijos amados en su Hijo, el Amado, y a reconocernos todos hermanos en Él, don de salvación para la humanidad dividida por la discordia y por el pecado, y revelador del verdadero rostro del Dios que ‘tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna' (Jn 3, 16)".

La caridad más grande que estamos llamados a hacer a los hombres es ayudarlos a conocer y elegir a Cristo Salvador. La Iglesia, como comunidad de creyentes, ha sido instituida solo para ofrecer a Cristo al mundo, con el testimonio y con la palabra. El primer testimonio que da es la comunidad misma, a través de la cual se conoce el Rostro de Cristo y se entra en comunión con Dios.

Escribe todavía Emilio: "No todo viaje es misión, no todo turista es misionero. Cuando no partimos del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; cuando no partimos de una Fuente hacia la cual junto con el otro ya amado queremos volver; cuando no alimentamos nuestro viaje con aquella verdad sobre el hombre a quien Cristo nos reveló..., entonces nuestro ‘ser misionero' no tiene más sentido"[2].

La comunidad eclesial es tal en cuanto reunida por el Cristo Resucitado, que ha prometido expresamente estar presente entre los suyos, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20). Pero, este "Estar con los suyos" presupone la misión, o sea, todo lo que Jesús dice en los versículos precedentes: la invitación apremiante a ir y hacer discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y a enseñarles a cumplir todo lo que Él ha mandado (cfr. Mt 28, 19-20).

Si, en la parte final del Evangelio de Mateo, la afirmación "Yo estoy con ustedes" (Mt 28, 20) supone la misión -el Resucitado, en efecto, estará presente solo donde esté una Iglesia misionera-, en el último capítulo del Evangelio de Lucas (cf. Lc 24, 36-49) el acento se encuentra puesto en la presencia del Señor Resucitado en el interior de la comunidad, como condición de la misión.

Los dos Evangelios se deben leer siempre juntos. La primera experiencia de los discípulos, después de la resurrección de Jesús, es la de estar reunidos por Él y, como muestran Los Hechos de los Apóstoles, de permanecer unidos entre ellos para atender de lo alto al Espíritu quien lo enviará, luego, a anunciar la Buena Nueva en todo el mundo.

Una vez más sacando del pensamiento del P. Barsotti, Emilio precisa: "El Espíritu no se nos ha dado para nuestro personal consuelo, sino que el Espíritu del Padre y del Hijo se nos ha dado para la misión"[3].

La misión se prepara por medio de la vida en común y produce comunión. Más intima es la comunión, más eficaz es la misión.

El Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de este año nos invita a reflexionar sobre lo importante que es hacer conocer a Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida para el mundo, y sobre la extrema importancia de poner en el centro de nuestra enseñanza a la Iglesia, como "comunidad en misión". Esto, para que todos, principalmente los jóvenes, se sientan partícipes del anuncio evangélico que Cristo ha encomendado a cada uno, para "renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y dar a las actividades pastorales una dimensión misionera más amplia".

Sandro Puliani



[1] E. Grasso, Fondamenti di una spiritualità missionaria. Secondo le opere di Don Divo Barsotti, (Documenta Missionalia 20), Università Gregoriana Editrice, Roma 1986, 153.
[2] E. Grasso, Al amanecer del Tercer Milenio. Fuentes perennes y vivencia cotidiana de la misión, Universidad Católica (Biblioteca de Estudios Paraguayos 53), Asunción 1996, 76.
[3] E. Grasso, Fondamenti di una spiritualità missionaria..., 29.

10/12/2010