Perfiles misioneros y espirituales

 

PAOLO MANNA:

HOMBRE DE UN APASIONADO AMOR A CRISTO



 

Paolo Manna nace en Avellino (Italia) el 16 de enero de 1872. Fundador de la Unión Misionera del Clero, fue un incansable apóstol, por ciertos aspectos profético. Su pensamiento y sus obras fueron una eficaz contribución a la revisión de la teología misionero y de los métodos de evangelización, como también de las mismas instituciones misioneras.



Paolo Manna


La Pontificia Unión Misionera, la más joven de las Pontificias Obras Misioneras, hoy es una realidad presente en todo el mundo. Esta fue definida por Pablo VI "el alma de las Pontificias Obras". Es interesante conocer la figura del fundador de este organismo, Paolo Manna, un misionero italiano del Pontificio Instituto Misiones Exteriores, que ha sido proclamado beato por Juan Pablo II el 4 de noviembre de 2001.

La vida

Paolo Manna nace en Avellino (Italia) el 16 de enero de 1872 de una modesta y religiosa familia. En 1891 entra en el seminario de las Misiones Exteriores de Milán y en 1894 es ordenado sacerdote. El año siguiente, el 27 de septiembre de 1895, sale para la misión de Toungoo, en Birmania oriental, donde transcurre diez años entre los Ghekkú.

Paolo Manna deseaba trabajar en misión y, por eso, sufrió mucho por estar obligado a la repatriación,La revista “Le Missioni Cattoliche” después de pocos años, por razones de enfermedad. La vuelta a su patria, la decepción, la incertidumbre lo hacen sentir "un misionero fracasado", lleno de nostalgia de la misión abandonada. Pero, este "fracaso" suyo no era otra cosa que el designio de la Providencia, que lo había elegido para ser el animador de todo el movimiento misionero. Durante cuarenta años será su divulgador, sacudiendo a almas y conciencias con la palabra y con los escritos.

En 1908 es nombrado director de "Le Missioni Cattoliche", la revista de su Instituto, encargo que mantendrá por doce años. La revista se transforma en una forja que produce en continuación ideas, folletos, opúsculos, iniciativas, libros, para difundir el ideal y la pasión misionera. Padre Manna se enfervoriza cada vez más en su empresa de acudir al corazón de la juventud.

Él tiene bien presente la responsabilidad de la Iglesia: "Allá - repite a sí mismo, pensando en la misión dejada - millones y millones de almas que salvar y aquí tantos sacerdotes... paseando". Sorprendido de la indiferencia del público, con respecto a la realidad de la evangelización y a la escasez de vocaciones misioneras, funda la Unión Misionera del Clero.

La fundación de la Unión Misionera del Clero

Paolo Manna meditaba sobre este proyecto desde hace muchos años. La idea de la Unión Misionera nace de sus angustias y de sus abrasados llamamientos: "¿Por qué el mundo no es totalmente cristiano todavía?". "El mundo es de quien se lo tome y nos toca a nosotros conquistarlo para Jesucristo".

El 31 de octubre de 1916 esta fue aprobada oficialmente por Benedicto XV. Comenzó, así, para el padre Manna, el trabajo de propaganda para hacer conocer la obra y erigirla en todas la diócesis. La Unión Misionera del Clero se transformará en un lugar de socialización eclesial y en una especie de laboratorio cultural, al origen de revistas, de congresos diocesanos, nacionales e internacionales. Se difundirá en casi toda Europa y en los EE.UU. ya en el curso de los años veinte, y en América Latina entre el 1937 y el 1942.

La Unión Misionera se proponía sensibilizar al clero acerca de los problemas de las misiones, para que de eso refluyese en los fieles una más amplia conciencia misionera y, por consiguiente, un aumento de vocaciones. Esta, por un lado, se proponía una finalidad sumamente espiritual y, por otro, consideraba que una auténtica formación de la conciencia misionera, pasase a través del conocimiento de los principales problemas misioneros del tiempo. En 1949 esta fue extendida, también, a los religiosos y a las religiosas y, en 1956, fue declarada Obra Pontificia por Pío XII.

Al origen del impulso misionero del padre Manna

Padre Manna se había formado en los ambientes de la cooperación misionera, muy viva en Europa en la segunda mitad del Ochocientos y, por reflejo, de un modelo de Iglesia común a una parte de la literatura misionera del mismo período, que reducía la Iglesia a los Obispos y al Papa. Manna insistía en la necesidad de superar este concepto incompleto de Iglesia, para ver en ella la unión de toda la comunidad cristiana con sus pastores. A los sacerdotes, a los Obispos y al Papa les correspondía el deber de hacer conscientes a todos los cristianos, de la grave obligación de difundir el Evangelio en toda la tierra. Aquí encontramos el fundamento y la razón de la Unión Misionera del Clero.

Numerosos fueron los campos de acción de su apostolado: se le encomendaron muchos encargos al interior y al exterior de su Instituto, publicó numerosos libros y fundó varias revistas misioneras para la difusión, en cada categoría de personas, del compromiso de la evangelización. Murió en Nápoles (Italia) el 15 de septiembre de 1952.

Un apasionado amor a Cristo

Paolo Manna era un hombre de oración y de un apasionado amor a Cristo. Y solamente este amor lo llevaba a tener el pensamiento siempre en continua elaboración, atento sea a las voces que le aparecían como un eco de las preocupaciones que vivía, sea a todos los problemas que se referían a una más inteligente y eficiente presentación del Evangelio, a los pueblos no evangelizados todavía.

Él hacía un insistente llamamiento a la santidad como fundamento de la misión: "Si no preparamos a misioneros santos, es totalmente inútil nuestro trabajo"... "Solo si los misioneros serán santos, podrán santificar a los demás". Y esta aspiración suya lo ha llevado a vivir con inexpresable pasión su vocación de apóstol del Evangelio.


 

15/01/2011