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LA “GAUDIUM ET SPES” Y EL PARAGUAY DE HOY




 El 29 de noviembre de 2005, en el Seminario Metropolitano, el P. Emilio Grasso ha dictado una conferencia sobre "La actualidad de la Gaudium et spes en el Paraguay de hoy", por invitación de S. E Mons. Pastor Cuquejo Verga, Arzobispo de Asunción, y de los Movimientos Apostólicos de la Archidiócesis, con el patrocinio de la Radio Caritas y de la Universidad Católica de Asunción.

Estando presentes unas 250 personas, sobre todo laicos, interesados por la relación Iglesia/mundo, Emilio, en un primer momento, ha delineado la génesis del documento y algunas de sus características, deteniéndose, además, sobre el valor de la expresión "signos de los tiempos", marcada en su tiempo por un cierto optimismo.

 Repensar en la Gaudium et spes, el documento con que, hace cuarenta años, se cerró el Concilio, significa reflexionar con lucidez y pasión sobre una temporada rica en fermentos, entusiasmo y cambios, dentro y fuera de la Iglesia, para repetir todavía hoy que "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo" (Gaudium et spes, 1).

A partir de eso, la historia y la reflexión de estas décadas nos conducen a volver a actualizar la teología de los signos de los tiempos. Éstos nos hacen reconocer que Dios está presente en la historia, pero no en el progreso, sino en los derrotados y en el silencio de la Cruz, dónde la pasión de los hombres se identifica con la pasión de Dios.

¿Cuáles son los signos de los tiempos que la Iglesia en Paraguay está llamada a discernir hoy? Emilio ha mencionado tres de ellos: la relación entre fe y cultura, en la que se inserta aquella entre fe y política, la opció n preferencial por los pobres y aquella por los jóvenes. Estos últimos, constituyendo el 63,9% de la población del Paraguay, representan una de las grandes emergencias con las que la Iglesia tiene que enfrentarse. En sus ojos, de los que filtran invocaciones, inquietudes, fragilidad, expectativas y esperanzas, precisa adivinar, como dijo el famoso sacerdote italiano padre Lorenzo Milani, las cosas lindas que ellos verán claras mañana y que nosotros sólo vemos confusamente.

El dramático divorcio entre fe y cultura nos llama a la necesidad de formar cada vez más a los cristianos, para que tomen conciencia de que la religión no es un simple acto de culto, sin relación con la vida y sus problemas. Necesitamos de personas preparadas que deseen aprender a conocer y a hablarle al hombre contemporáneo.

La opción por los pobres en la Iglesia significa poner el problema de los últimos, que son la mayoría en el Paraguay, como problema" cristológico" que, entre otras cosas, exige a los laicos comprometerse también en el gobierno de la polis.

Al final de la conferencia, un breve debate ha puesto en evidencia que es necesario darse cuenta de que la realidad del Paraguay, más allá de las estadísticas que lo presentan como un país por el 90% católico, necesita con urgencia una nueva evangelización de la cultura y de las varias realidades  existentes (la familia, los jóvenes sin futuro, las categorías más débiles, la política). Se trata, sobre todo, de dejarse interpelar por la Palabra de Dios que, encarnándose, se ha identificado con los más marginados. Además, es necesario que los cristianos se formen y sean capaces de presentar con racionalidad las razones de su esperanza, para un impulso evangelizador. En efecto, como ha subrayado Mons. Cuquejo en el momento de agradecer al P. Emilio por la importante contribución ofrecida, la fe del hombre paraguayo, que muchas veces queda a un nivel sentimental y emotivo, tiene que crecer realmente, para alcanzar también sus facultades intelectuales.


Mariangela Mammi