Vida de la parroquia de Obeck-Mbalmayo



SERVIDORES DE SU GOZO


El compromiso pastoral al servicio de los niños



 "Los niños no son una carga para la sociedad, ni son instrumentos de ganancia, ni simplemente personas sin derechos; son miembros valiosos de la familia humana, cuyas esperanzas, expectativas y potencialidades encarnan". Estas palabras del Beato Juan Pablo II, sacadas de su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1996, interpelan, aún hoy, a los habitantes de la ciudad de Mbalmayo.

Precisamente poco tiempo atrás, tres niños entre los cuatro y siete años, han fallecido en un incendio en New Town, el barrio comercial de la ciudad.

Una vela encendida y caída sobre su colchón de esponja no ha tardado en transformar el local en una verdadera cámara de gas. Cuando un taxista, atraído por el humo, ha llegado, era demasiado tarde.

Los cuerpos de los tres niños, sofocados, estaban extendidos en la entrada de la pieza. Para escapar de las llamas y del humo, habían intentado, desesperadamente, forzar la puerta cerrada con llave por una tía de ellos, antes de ir al trabajo.

Para los colaboradores de la parroquia de Obeck, ubicada en el corazón de los barrios populares, la emoción de la noticia ha sido acompañada por el recuerdo de otros dramas del mismo tipo, como el de Gabriel, el pequeño vendedor de bananas, salvajemente muerto para alimentar el tráfico de órganos humanos, destinados a los macabros rituales de magia.

El malestar de los niños

Los tres niños de New Town y Gabriel no son sino la punta del iceberg de una situación de malestar, en la cual viven muchos niños y adolescentes de nuestra ciudad, en un ambiente cultural que, en África, no favorece en absoluto a los más pequeños. Aunque las mentalidades evolucionan, la regla de la sociedad tradicional  exige que se sirva el alimento primero a los hombres, luego, lo que queda, a las mujeres y en fin..., a los niños.

Estos últimos son los primeros en sufrir la pobreza vivida en las familias. ¡Ciertamente, no se invierte en los pequeños! En caso de enfermedad, puesto que el hospital es demasiado caro para ellos, son curados con las infusiones de hierbas o con los remedios comprados en la pharmacie du poteau (el mercado negro de los medicamentos), cuyo suministro se vuelve fatal, cuando los productos estén averiados o mal utilizados.

Muchos son los niños que no conocen al papá; algunos ni siquiera a la mamá, la cual, enseguida después del parto, entrega el hijo a la abuela o a la bisabuela, anciana y ya incapaz de asegurar una cualquier educación. Esta situación es, en la mayoría de los casos, el punto de partida de un largo itinerario en que los pequeños, como "encomiendas" no deseadas, son depositados por algún tiempo en casa de un tío, luego en casa de una hermana más grande, primero en la aldea y después en la ciudad. Algunos niños, entonces, escogen la calle como lugar de su vivienda.

El niño tendrá que aprender, muy pronto, el arte de arreglárselas, en continua busca de alguien que lo sostenga y lo proteja. En caso de que, en tal inestabilidad, se atreviese a manifestar algún signo de intolerancia, es acusado de ser un "niño brujo", y es llevado a la fuerza al "curandero", quien debe liberarlo del espíritu rebelde.

Una suerte análoga está reservada a los niños portadores de hándicaps. Benjamín, con su estrabismo muy marcado y su deformación en los pies que lo obliga a arrastrarse por el suelo, es considerado como un "niño serpiente", víctima y, al mismo tiempo, culpable de brujería. La familia tiene miedo de intervenir a nivel médico, aun  cuando se le ofrezcan todas las posibilidades.

A la escuela, con casi ochenta niños por clase, le cuesta mucho, a pesar de los esfuerzos de los maestros, ir más allá de la enseñanza de costumbres y funciones preestablecidas por la sociedad. Los programas escolares, muy cargados, se evaden de la realidad, y crean en los niños más pobres solo un estado de frustración. Una vez adolescentes, los muchachos comienzan a ver a la sociedad con sus injusticias, y se dan cuenta de la dureza de la propia suerte y, entonces, cada uno reacciona de la propia manera, frecuentemente, desconsiderada.

En la mayoría de las parroquias, los niños son apenas tolerados. Como buenos empresarios, los párrocos, preocupados, a menudo, de hacer cuadrar las cuentas, no tienen tiempo para ocuparse de ellos. Prefieren confiarlos a un viejo catequista, para que aprendan de memoria algunas oraciones y las más elementales nociones de la catequesis.

Los niños, fieles de la parroquia

El último Sínodo sobre la Iglesia de África, dedicado al tema de la reconciliación, de la justicia y de la paz, ha prestado atención al problema de la inestabilidad vivida por los niños del continente negro.

Los Padres Sinodales han exhortado a las Iglesias locales a considerar a los más pequeños como fieles a pleno título. De aquí la necesidad de enfocar "una pastoral de la infancia", con vistas a ayudarlos a realizar su vocación de ser portadores de la novedad de vida y apóstoles, en su ambiente (cf. Propositio 49).

Es en tal sentido en que la parroquia de Obeck actúa desde hace años, con vistas a embocar nuevos senderos al servicio de los niños de sus barrios, que representan el 35% de la población.

La evangelización de los más pequeños y su acogida son nuestras preocupaciones pastorales, a partir de la Misa dominical, de la cual participan casi trescientos niños. Los jóvenes del servicio litúrgico trabajan, para favorecer su participación activa en la Eucaristía, con las lecturas, los cantos y las ofrendas.

 Además, los jóvenes de la parroquia los entretienen cada domingo, después de la Misa. Siguiendo el método "ver-juzgar-actuar", los sensibilizan sobre la higiene del cuerpo y de su casa, sobre la limpieza de los lugares comunes, sobre el diálogo en familia. Además, los han conducido a colaborar en "mini-encuestas" en los barrios, para comprometerlos en las condiciones de pobreza de algunos de sus coetáneos, huérfanos o gravemente enfermos, y para estimularlos a realizar colectas de solidaridad a su favor. Contemporáneamente, los casos más graves son asistidos por la Cáritas parroquial.

La parroquia acompaña con atención a los jóvenes educadores, a fin de que cumplan su misión en sinergia con las demás realidades eclesiales, sin olvidar que no son "dueños" de los niños, sino "servidores de su gozo", como decía el papa Benedicto XVI a los adolescentes de la Acción Católica Italiana, el 30 de octubre de 2010.

El nivel de formación de los catequistas, responsables de los casi ciento cincuenta muchachitos que, cada sábado, llegan a la parroquia para prepararse a los sacramentos, ha crecido con la integración de profesores que siguen los cursos en la Escuela para laicos de la parroquia, algunos de los cuales son expertos en campo pedagógico.

Los padres están invitados, cada trimestre, a encuentros parroquiales para evaluar el camino de los hijos, y ser sensibilizados sobre su educación humana y cristiana, de la cual permanecen siempre los primeros responsables. Además, están comprometidos activamente en las iniciativas de carácter litúrgico y en otras de carácter lúdico y deportivo, en las que intervienen también los grupos juveniles.

Lo que se hace en Obeck al servicio de los niños, ciertamente, permanece inadecuado a los dramas que los implican, y a los problemas humanos y sociales que los embisten. Es evidente, sin embargo, que la atención a los pequeños contribuye a vivificar y a hacer más madura la fe.

Lejos de ser un peso, los niños, a imagen de Quien nos ha enriquecido con su pobreza (cf. 2Co 8, 9), son verdaderamente, para todos, un recurso precioso.
 

Franco Paladini

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

28/07/2011