Perfiles misioneros y espirituales   



JOSEPH CARDIJN/3

El método de la Revisión de Vida


Cardijn había estudiado a fondo la condición de los jóvenes obreros de su tiempo. Después de diversas tentativas, experimenta una nueva metodología en el terreno de la acción social, conocida por la famosa tríade "ver-juzgar-actuar". Solo a finales de los años 40, será llamada, en su aplicación concreta, Revisión de Vida (RdV).

La novedad de la Revisión de Vida

La primera novedad de la RdV se encuentra en el modo nuevo de entender la fe. Dos los subrayados más importantes.

El primero es la superación de la contraposición entre Iglesia y mundo moderno, que había caracterizado fuertemente los años preconciliares. Con la RdV se asume una actitud positiva, aunque critica, con respecto al mundo.

El segundo está constituido por un nuevo estilo de ser cristianos, por una espiritualidad que se propone unir fe y vida. A tal propósito, afirmaba Y. Congar que la RdV aparece como la forma de espiritualidad típica del posconcilio y, tal vez, la primera nacida de laicos: "Es una creación original que viene de los laicos, nacida fuera de los monasterios y los ambientes eclesiásticos, tal vez, la primera de la historia en el campo de la espiritualidad... Es conjuntamente el fruto y el signo de la reconstitución de un hombre cristiano".

Es Juan XXXIII el que sugiere la práctica de la RdV, en la encíclica Mater et Magistra, de 1961. Para traducir en términos concretos los principios y las directivas sociales, el Papa sugería utilizar el método del ver-juzgar-actuar, e invitaba los jóvenes a repensar los tres momentos y a traducirlos a la práctica. Más tarde, Pablo VI definirá al Concilio como "la RdV de toda la Iglesia".

Son muchas las Iglesias quienes han hecho propia la metodología de los tres momentos. De modo particular, ha sido la Iglesia en América Latina la que ha utilizado mayormente el esquema ver-juzgar-actuar. Los documentos de Medellín siguen exactamente los momentos de la trilogía. Lo mismo sucede en Puebla. Santo Domingo la evoca, explícitamente, con respecto a la pastoral juvenil y le agrega, creativamente, dos nuevos momentos: la revisión y la celebración. También el más reciente documento de Aparecida de 2007, continuando una tradición ya consolidada, dice, en el n. 19, que en las tres partes que lo articulan utiliza el método de reflexión teológico-pastoral del "ver, juzgar y actuar".

En la descripción que sigue, tomaremos en consideración los cinco momentos del método, como han sido sugeridos por los documentos de Santo Domingo.

Ver

Es el momento en que se identifican los hechos concretos de la vida, como punto de partida. Frente a ellos, muchas veces, hay la superficialidad de quien no los toma en la debida consideración. Otros se limitan a describirlos. El ver, en cambio, busca ir más allá de las apariencias, captar las causas que interfieren en un acontecimiento. Por eso, el ver comporta una cuidadosa instalación de criterios en las recolecciones de datos, y una evaluación de los mismos. Puede ser comparado a un verdadero recorrido ascético.

Juzgar

Es el momento que analiza los hechos de la realidad a la luz de la fe. Nos preguntamos qué dicen la Palabra de Dios y los documentos de la Iglesia, y se permite que estos interroguen la situación analizada, y pongan en tela de juicio los presupuestos teóricos, que han condicionado el momento del "ver". Juzgar ayuda a tomar conciencia del pecado personal en la vida de cada uno, y del pecado social presente en las estructuras injustas de la sociedad. Juzgar exige un conocimiento cada vez más profundo del mensaje cristiano, un ambiente de oración, un diálogo profundo con Jesucristo, presente en la vida del cristiano y en la vida sacramental de la Iglesia.

Actuar

 Es el momento que concretiza en una acción transformadora lo que se ha comprendido acerca de la realidad, y cómo esta ha sido leída a la luz de la Palabra de Dios. El actuar impide que la reflexión permanezca abstracta. Hay que estar atentos, a fin de que cuanto se quiere realizar no proceda de intuiciones momentáneas o decisiones voluntaristas, sino que sea fruto maduro de la reflexión hecha.

La acción transformadora es, antes de todo, una acción libertadora. Parte de las necesidades de las personas y busca acometer contra la raíz de los problemas. Tiende a hacer participar a los demás. No se reduce a la sola esfera personal, sino que quiere realmente incidir en la realidad social. Ser agente de cambio significa colaborar activamente en la construcción de la Civilización del Amor, en la historia de los hombres.

Revisar

Es el momento de la evaluación. Significa tomar conciencia, hoy, de lo realizado ayer, para mejorar la acción que se realizará mañana. Dado que la realidad es dinámica, la evaluación enriquece y perfecciona la misma visión de la realidad y, al mismo tiempo, sugiere nuevas acciones más profundas, más críticas y más realistas.

Es un momento muy importante de la metodología. Sin él no se pueden alcanzar los frutos esperados y la acción deja de ser transformadora; no se valorizan las metas alcanzadas, no se aprende nada de los errores cometidos, ni se estimulan nuevas acciones.

Celebrar

 Es la percepción de la unidad de todo el proceso: el descubrimiento del Dios de la vida en la realidad personal y social; el encontrarlo en su Palabra y el comprometerse para transformar la realidad llevan a la celebración gratuita y agradecida de la experiencia tenida.

Para el cristiano, la fe y la vida están entretejidas entre sí. Por eso, es necesario celebrar las victorias, las realizaciones y los fracasos, los gozos y las tristezas, las angustias y las esperanzas, la penitencia y la conversión, la unión y la organización. Celebrando la vida concreta, se reconoce la presencia de Dios libertador, que camina en la historia junto con su pueblo. La celebración revela y alimenta la dimensión litúrgica y sacramental de la realidad, del discernimiento de la voluntad de Dios y del compromiso transformador. La celebración refuerza la fe y pone al grupo y sus componentes en directo contacto con el Misterio central del cristianismo: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.


Maurizio Fomini

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 


24/07/2011