Noticias desde el Paraguay

 

MISA CON LOS JÓVENES DE LA CASA DE

MENORES “VIRGEN DE CAACUPÉ”

 

El 8 de diciembre representa, en el Paraguay, la principal fiesta religiosa y  social. Se recuerda la “Virgen de los Milagros” de Caacupé, en el más importante santuario mariano del país.

A la “Virgen de Caacupé” está dedicada también la casa de recuperación de menores ideada por Pedro Samaniego Abadic, un joven laico consagrado de Memores Domini. La casa quiere ofrecer a quien sale de la cárcel una alternativa concreta a la situación de prisión-calle-prisión que viven estos jóvenes. En ella se hace una experiencia de vida comunitaria, se aprenden las reglas fundamentales de la convivencia, la posibilidad de desarrollar las propias capacidades físicas, mentales, espirituales y sociales, de iniciar o completar los estudios, de aprender una profesión y salir con dignidad de un recorrido a menudo infernal. Es conocida la situación inhumana que se vive en las cárceles del Paraguay. Por ejemplo, en el principal centro de detención del país, la cárcel de Tacumbú, 1.300 presos, de los 3.300 que allá se encuentran encarcelados, duerme en el piso de las celdas o en los pasillos, por falta de camas suficientes para ellos. Las carencias conciernen también la alimentación, prevista sólo para 1.500 presos (cf. ABC Color, 11 de diciembre de 2005, pág. 59).
Emilio ha celebrado, también este año, la fiesta del 8 de diciembre con Pedro y sus jóvenes. No es fácil hablar de la Inmaculada Concepción a jóvenes, que en  la vida han conocido totalmente otras cosas. En su homilía, Emilio ha explicado en seguida que la gracia dada a María le ha sido concedida antes de su nacimiento, mientras que nosotros los cristianos recibimos, por medio del bautismo, la gracia que permite cambiar la vida. No estamos, pues, lejos de esta mujer, María, que es una persona del pueblo, una humilde hija de Sión, que con su fidelidad se ha vuelto, para nosotros, un modelo de vida cambiada por la escucha de la Palabra.
Es fundamental, en efecto, para estos jóvenes, ponerse en contacto con  personas que con la vida muestran lo en que creen y eligen amar en plena libertad. He aquí porque la persona concreta de Pedro Samaniego los ayuda a comprender que el mundo, que se ha presentado a ellos de manera muy dramática, puede cambiar cuando nosotros cambiamos, no cuando pedimos a la sociedad, a los políticos, a los demás que cambien. Raras veces se admite que la transformación de la realidad empieza por la de nuestro estilo de vida. El ejemplo de Pedro y la fidelidad a las pequeñas cosas, al estudio, al trabajo, a la oración, al orden y a la limpieza que rige en la casa y que él pide a los muchachos, son el camino para llegar a una vida digna y a la verdadera libertad. Basta con recordar el nacimiento del monaquismo occidental, que, en una época de decadencia, constituyó un cambio para una sociedad entera, con un estilo de vida fundado justamente en la fidelidad a la oración, al  estudio y al trabajo. Esta fidelidad hace auténtica la palabra del hombre y es importante en un ambiente en que precisamente la corrupción de la palabra es la señal evidente de una corrupción mucho más profunda. En efecto, donde se habla de la cárcel como lugar de reeducación y no como éste realmente es, es decir un itinerario de “venganza” hacia aquellos a los que, a menudo, no se les reconoce ni un nombre ni un rostro, no hay las bases para ningún cambio de la realidad. Lugares como la casa de Pedro, “Virgen de Caacupé”, en cambio, hacen posible el encuentro verdadero con el Dios que salva.