Noticias desde el Paraguay



ENCUENTRO DE EMILIO CON LOS

 REPRESENTANTES LATINOAMERICANOS DEL

 MOVIMIENTO OBRERO DE

ACCIÓN CATÓLICA (MOAC)

 
 

¿Cuál es la misión del laico en la Iglesia, en las organizaciones sociales, en la lucha por los derechos humanos? Es éste el tema, muy delicado y complejo, sobre el que Emilio ha reflexionado durante un encuentro realizado, en Asunción, con los representantes latinoamericanos del Movimiento Obrero de Acción Católica (MOAC).

Reunidos para un encuentro de formación, los representantes de Bolivia, Brasil, Colombia, Argentina, Perú, Chile, Uruguay y Paraguay han pedido a Emilio que señale algunas líneas de pensamiento sobre el papel que el laico debe desarrollar en la política, sobre su relación con la fe para la defensa de los derechos humanos.

Emilio ha subrayado cómo es importante que cada cristiano ponga al servicio  de la sociedad sus capacidades, iluminadas por la fe en Jesucristo. El laico no puede ser el que reemplaza al sacerdote, creyendo así ejercer un poder, sino que es el que hace posible que el Reino de Dios se actualice en la realidad contemporánea. Él se convierte en instrumento para que cada hombre pueda vivir en una sociedad, que lo respete y respete los derechos inalienables de la persona.

Es importante mantener la autonomía de las realidades terrenales y temporales, y no tomar el atajo de quien busca en el Evangelio aquella respuesta y aquella solución, que el Evangelio no puede dar. El Evangelio, más bien, ofrece una luz que nos permite obrar en este mundo para transformarlo. Mundo y Evangelio no deben ser vistos cómo separados entre ellos, sino distintos; unidos por una misma historia, pero no confundidos.

Todos nosotros estamos llamados a la fatiga y al riesgo de dar respuesta al llamamiento escrito en el rostro del hombre, en los ojos del pobre, del oprimido, del crucificado, que nos juzgan e interrogan nuestra libertad.

Desdichadamente la realidad, en América latina, es muy dramática, si se  considera, por ejemplo, bajo el aspecto del mundo del trabajo. En efecto, a través de los miembros del MOAC se ha descubierto cómo está atravesado por injusticia, por verdadera explotación (un obrero en Colombia trabaja de doce a dieciséis horas por día y recibe un sueldo ínfimo) y discriminación.

Emilio ha subrayado que esta situación de abuso del hombre es típica de la globalización del mercado. En efecto, en una sociedad globalizada la contraparte ya no tiene rostro: es el capital anónimo de las multi y de las transnacionales.

En cuanto cristianos hay que preguntarse si el capitalismo salvaje, que es la lógica de los que transforman el dinero en su dios, es la única forma para llegar a una acumulación de la riqueza para la redistribución de la misma. La lógica  del capitalismo es conquistar el mercado y dentro de esta lógica él se sirve de todo, también de la corrupción y de la explotación, con tal que llegue a su objetivo.

No es casual, como se ha subrayado muchas veces, que los países latinoamericanos sean entre los más corruptos del mundo. El sistema de corrupción se transforma en partido de gobierno y Estado.

La situación actual es más difícil que la del pasado, porque el mercado está dirigido por multinacionales y transnacionales. Además, por el fenómeno del desplazamiento y la rotación de la mano de obra y de la interinidad, ya no hay conexión entre el territorio y la gran empresa. Para comprender algo acerca del fenómeno de la globalización, tenemos que comprender y analizar los mecanismos económicos en su real consistencia.

El problema nos atañe a todos porque todos contribuimos, de una manera o de otra, a permitir que el capital anónimo explote sobre todo a los más pobres, a los que no cuentan nada en el mundo, que, sin embargo, para nosotros son el rostro, la carne y la sangre de Dios en la historia.

Por eso, Emilio ha invitado a los representantes del MOAC, comprometidos  desde hace años en la defensa de los derechos de los trabajadores, a ser de estímulo para defender los intereses comunes de los explotados, intereses que van más allá de su nacionalidad. No se trata de tutelar los intereses de la propia nación, sino de permitir que el hombre, paraguayo, argentino o boliviano, pueda vivir una vida donde su dignidad de hijo de Dios sea respetada. La cuestión “nacional” asume hoy dimensiones nuevas y ya no reducibles a aquellas de los siglos pasados.

Es una tarea difícil, considerada la complejidad del problema, pero la conciencia de un pequeño fermento en la masa puede hacer posible que la esperanza nazca, también allá donde todo parece impedirlo. 

      Maria Grazia Furlanetto

    

 


El
Movimiento Obrero de Acción Católica es un movimiento eclesial, sin fin de lucro, constituido por obreros, empleados, dependientes, desempleados, trabajadores de la economía informal, campesinos y por todas aquellas personas ocupadas con la clase obrera y popular.

Su objetivo es formar trabajadores militantes, cristianos con convicciones fuertes y coherentes en la acción, para ser fermento en la masa, para llegar a la transformación de los hombres y las estructuras sociales, económicas y políticas. El objetivo es construir una sociedad justa, productiva y solidaria.

Además, el MOAC acompaña a los movimientos nacionales en la formación, acción y animación, apoyándolos en su empeño en los sindicados, en las cooperativas, en las comisiones locales, en las organizaciones campesinas y en los partidos políticos.

La espiritualidad del movimiento se remonta al método ver-juzgar-actuar inspirado por el Card. Cardijn. Esta metodología surgió para una acción trasformadora de los cristianos en su ambiente, para la superación del divorcio entre fe y vida.