Entrevistas/12

 

ALGUNOS RASGOS DE LA CULTURA PARAGUAYA

Entrevista al Abogado Diego Alejandro Doldán Ruiz Díaz


Diego Alejandro Doldán Ruiz Díaz

Abogado Diego Alejandro Doldán Ruiz Díaz
Nació en Asunción (Paraguay) en el año 1983.

Asumió diferentes cargos en el Colegio María Auxiliadora de Asunción.

Además de otras funciones que ejerció, fue miembro del Consejo Directivo y Coordinador de Disciplina y Secretario General del Dpto. de Educación del Colegio arriba mencionado.

Estudió en la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción", de la cual egresó como Abogado y Notario.

Enseña, en la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción", Filosofía del Derecho y Doctrina Social de la Iglesia.



     * Según tu opinión, ¿existe un perfil de la cultura paraguaya, con sus particularidades que la identifican, y que, al mismo tiempo, "no son tan asombrosas como para que nos creamos una especie de extraterrestres", como escribe Helio Vera en su tratado de paraguayología?
[1]
 

   No soy especialista en antropología cultural. De toda manera, a mí me parece que se deben tener en  cuenta varios elementos. Por lo que veo, somos uno de los Países que mantienen con mucha fuerza sus raíces indígenas; esto no acontece, por ejemplo, en Argentina. Tenemos muy poca emigración europea, pero sí la española: esto se constata analizando los apellidos. Somos una sociedad muy pequeña: 6.000.000 de habitantes. Equivalemos a un barrio de New York, donde hay una minoría indígena importante y una mayoría mestiza que tiene mucha referencia nativa. Este mestizaje caracteriza a los paraguayos de manera más particular que a los habitantes de otros Países de América Latina. Esto es culturalmente relevante. Un mestizaje importante, donde la raíz indígena se mantuvo mucho más fuerte que la europea. Nuestra Constitución dice que somos un País bilingüe, donde los idiomas oficiales son el español y el guaraní. Pero, en la realidad, el que más se habla en nuestro País es el guaraní. En los centros urbanos, la gente se comunica en español, pero, la primera forma a través de la cual las personas entran en comunicación entre sí es el jopará[2].

Esta es una característica nuestra, aquí más marcada que en otros Países de América Latina. No sé si es posible afirmar que se trata de una cultura, pero, creo que en esto el Paraguay tiene elementos culturales propios. Sin duda, una de nuestras características es el jopará, como código de comunicación y también como praxis cultural, como indefinición permanente de las cosas y como statu quo permanente.

* ¿Es todavía válido lo que, muy a menudo, se dice del Paraguay: Isla rodeada de tierra, Isla sin mar, China sudamericana?[3]

Helio Vera hablaba de la mediterraneidad, de la isla rodeada de tierra. Esto nos definió por mucho tiempo. Pero, ahora estamos en un momento de cambios culturales; últimamente la revolución tecnológica sacó de la situación de isla a quienes tienen acceso a los modernos medios de comunicación. Por eso, ya constatamos y en el transcurrir del tiempo se va a ver más todavía la brecha que se abrirá, entre los que tienen este acceso y los que no pueden disfrutar del mismo. Quienes disponen de esto entrarán en el mundo posmoderno, y los demás quedarán en la isla rodeada de tierra.

 Por no contar de manera adecuada con los medios de comunicación y de las posibilidades de la revolución tecnológica, el País no tiene infraestructuras y sigue con pocas vías de comunicación que no sean las tecnológicas. No dispongo de datos estadísticos, pero a todas luces, se ve que hay cada vez más personas que utilizan teléfonos celulares y otros medios que líneas de teléfono tradicionales, como, por ejemplo, la línea telefónica pública.

Ciertas personas están en contacto con el exterior más a través de los medios tecnológicos que de las rutas. Quienes no dispongan de estos medios van a seguir en la cultura campesina y, por eso, la brecha entre ricos y pobres será cada vez más grande. Por muchos años, el Paraguay fue una isla rodeada de tierra, pero, hoy esto está cambiando. Actualmente creo que hay dos grupos: por un lado, fuera de los centros urbanos, se halla casi todo el País que se maneja con la cultura campesina; por el otro, en los centros urbanos, se encuentran la pequeña clase que intenta salir de su situación y entrar en contacto con el mundo y, al mismo tiempo, los marginados, quienes llegan a los alrededores de las ciudades, tratando de conseguir vivir mejor.

El elemento que se debe tener en cuenta es el número de los habitantes del Paraguay. Somos un País muy pequeño. Esto es muy importante, porque nos define de manera particular.

Por decirlo de forma ironizante, en una aldea del interior, el Intendente es primo hermano de la Directora de la escuela, quien es consuegra del Comisario; este es el padrino del Párroco...etc. Somos una familia muy pequeña, en la que, por supuesto, todos nos conocemos, y donde se constata el amiguismo o, mejor dicho, la familiaridad. Al final, todos están ligados por algún tipo de vínculo familiar muy fuerte. Esto lo complica todo, presenta dificultades, es una realidad que debe ser cambiada, porque en algún punto todos tienen un contacto de parentesco con los demás.

Estos dos rasgos muy importantes, el amiguismo y el parentesco, persisten en la cultura paraguaya, influyen en las relaciones sociales y políticas, y, de alguna forma, son obstáculos para un verdadero crecimiento.

* En su libro "El Paraguay, un hombre fuera de su mundo"[4] Saro Vera define tres leyes que caracterizan el pensamiento y el actuar del paraguayo: el mbareté,[5] el ñembotavy[6], el vai vai[7]. ¿Te parece que estas normas de conductas empapan todavía la cultura paraguaya?

 Estas siguen vigentes, aunque con una menor intensidad en los centros urbanos. La gente que está en el ámbito laboral, empresarial, busca mejorar un poco su comportamiento.

En el campo del cambio, podemos decir que las personas se han transformado, pero, los vicios han permanecido y se repiten. Aun así, se abrieron algunos espacios, sobre todo en el sector privado, donde los paradigmas negativos se rompieron, no como resultado de una política fomentada por el Estado, sino como iniciativas aisladas de algunas personas y grupos acerca de determinadas pautas de comportamientos. Las leyes negativas indicadas arriba están totalmente vigentes, pero, algunos sectores están tratando de cambiarlas.

Ciertas costumbres, sin embargo, persisten; esto se nota en cosas muy pequeñas, como, por ejemplo, en el comportamiento en los supermercados. Nadie forma fila: está quien empuja, entra y mira al costado, se hace del que no entiende, entra en la fila sin formarla y se hace del ñembotavy.

El problema es que la escuela y la familia, en sus proyectos educativos, no construyen itinerarios formativos que toquen estos temas, que constituyen una de las características fundamentales de nuestra cultura. No es que no se hable de esto, que no se forme una conciencia crítica, sino que el problema es que nadie se quiere comprometer a corregir a quienes no se comporten correctamente.

Cada uno constata el problema y se queja del mismo. Todos hablamos de las leyes de los paraguayos: el vai vai, el mbareté, el ñembotavy, y nos reímos. Pero, en el momento de hacer las correcciones, de suscitar pautas sociales de comportamiento, escritas u orales, permanece el círculo vicioso del statu quo, y todo sigue igual. Y si uno se queja, alguien te dice: "Estamos en el Paraguay". Siempre fue así, pero, tenemos que superar este código de comportamientos negativos.

Por supuesto, los paraguayos tienen un sin fin de características positivas, pero, quiero concentrarme en los elementos negativos que nos impiden crecer y mejorar.

Lo bueno hay que potenciarlo, reafirmarlo, avanzar y seguir adelante, pero, creo que las normas negativas arriba mencionadas constituyen un gran obstáculo para entrar en contacto con el mundo tan globalizado y tan exigente. En efecto, por ejemplo, las pautas a nivel educativo exigen cumplimiento de plazo, eficiencia, calidad... etc.; si nosotros entramos con la práctica del vai vai, nos autoexiliamos del mundo.

 Todo esto crea muchas dificultades. El amiguismo es un problema, porque, dentro de lo público y de lo privado, en los espacios de las decisiones se aprecia el amiguismo de la familia en lugar del criterio de la calidad de la preparación. Esto es sumamente grave, más aún porque somos mediadamente conscientes, y hasta tratamos este problema con ironía e incluso de modo jocoso. Esto resulta más complejo todavía al constatar que la forma de nepotismo en la administración pública se ha manifestado en todos los Gobiernos y también en el actual. Por consiguiente, esta costumbre negativa no se encuentra solamente en los afiliados al Partido Colorado, sino en toda la clase política, que no es capaz de distanciar sus afectos personales del ámbito profesional, y lo peor es que lo mismo acontece en el ejercicio de los cargos públicos.

Esta es una característica negativa que siempre existió en el Paraguay. En efecto, Carlos Antonio López dejó el cargo a su hijo. Durante la dictadura, Stroessner consolidó esta práctica transformándola en un sistema, que uno podía resumir de esta manera: "No importa quién sea un Fulano de tal, lo único que vale es que permanezca mi amigo, que me haga hurras". El amiguismo es el rasgo distintivo de un Gobierno autoritario populista, que descubre o inventa siempre un enemigo común. En efecto, un jefe autoritario, para mantenerse en el poder, tiene absoluta necesidad de presentar a un chivo expiatorio bien identificado, es decir, a alguien contra el cual poder luchar. Por ejemplo, Stroessner, quien mantenía a su gente con este mismo sistema populista de prebendas, que se conserva todavía vigente como praxis, declaraba a menudo que cada comunista era el verdadero enemigo que debía ser eliminado.

En lo público y en lo privado, hay personas especialistas en ubicarse, en el sentido de saberse acomodar al poder.

Los arriba mencionados son elementos constantes que caracterizan la cultura paraguaya, pero, no son exclusivos del Paraguay, porque existen en todas las partes del mundo; aquí, sin embargo, se encuentran más marcados porque somos pocos y, por lo tanto, es más fácil instalar este tipo de práctica negativa. En otros lugares, estas posibilidades resultan más limitadas. Nuestra administración pública es sumamente grande y la burocracia del Estado inmensa, en comparación con el número de habitantes del País. Se trata de una situación casi ridícula; en efecto, el Paraguay cuenta con poco más de cien Municipalidades, una de las cuales es Asunción, la capital, que podría ser una única gran ciudad englobando todas las zonas periféricas, que se han constituido como administraciones públicas independientes.

* Todo esto ¿qué relevancia tiene en la Iglesia de Paraguay?

Por lo que se refiere al cristianismo, tenemos una gran cantidad de bautizados, una Iglesia Católica numéricamente grande, pero, creo que nosotros los católicos debemos trabajar más en la auténtica evangelización.

Existe también cierto sincretismo: por ejemplo, cualquiera que sea la divinidad, se mantuvieron los dos elementos: la Virgen, y la pachamama, la madre tierra.

 La fiesta de la Virgen de Caacupé, por el gran número de personas que suelen estar presentes, demuestra que en el Paraguay hay una gran religiosidad popular, que podría ser un elemento mucho más positivo, si se volviese a orientar correctamente.

Tenemos que utilizar las escuelas, las parroquias y todas las demás instituciones disponibles para hacer un verdadero trabajo de clarificación. Y, sobre todo, para mí, es muy importante aclarar los vínculos estrechos entre razón y fe. Este es un elemento que podríamos utilizar para superar los obstáculos culturales del Paraguay. El clarificar estos vínculos nos va a exigir un salto de calidad. Si trabajamos en profundidad sobre estos dos puntos, razón y fe, se podrán superar también los demás elementos negativos de nuestra cultura, como el mbareté, el vai vai y el ñembotavy.

El entrar en esta reflexión, de manera que el cristianismo pueda dar su aporte para purificar y mejorar nuestra cultura, ayuda a superar los obstáculos propios que nos caracterizan. En efecto, la herencia cristiana muy fuerte que tenemos debe ser una ayuda para nosotros. Este es el aporte más grande que debemos hacer como Iglesia en su totalidad, es decir, no solo la jerarquía sino también los laicos.

La fidelidad a la herencia cristiana que hemos recibido es un punto fundamental y un elemento que se debe explotar completamente, porque a veces nuestra religión católica se limita solamente a algunas prácticas de piedad. Es como si caminásemos con una sola pierna, porque nos falta la luz de fe en las actividades de la vida diaria, en la construcción de una cultura purificada y renovada.

Hay problemas de fondo que en la Iglesia del Paraguay no se han tocado todavía. Por ejemplo, el cristianismo es una opción radical, y, por eso, no se puede conjugar con la actitud del vai vai; es una opción de vida fundamentada en la Verdad y, por supuesto, no puede convivir con la ley del ñembotavy; es una opción de vida donde triunfa la razón, el Verbo, el Amor y, naturalmente, no se puede conjugar con la costumbre del mbareté.

Si se vuelve a orientar y practicar el cristianismo y sus manifestaciones en la religiosidad popular hacia una relectura auténtica de la vida cristiana, se podrán superar nuestras actitudes negativas arriba mencionadas.

De lo contrario, el statu quo se va a mantener. Estamos en la circunstancia oportuna para intervenir, porque nos encontramos en un momento clave de cambios, en el cual, si intervenimos a tiempo, podremos rectificar lo que desde hace siglos se está haciendo. De lo contrario, seguiremos con este cristianismo casi supersticioso, y sufriremos los elementos negativos de la revolución tecnológica, que no es solamente tal, sino que implica toda una filosofía que intenta socavar los principios evangélicos de la vida.

 Actualmente, en el Paraguay, el cristianismo continúa manteniendo una gran aceptación, pero hay también cierto rechazo de parte de varias personas, sobre todo de los jóvenes. Por eso, si no se fundamenta correctamente la fe y no se purifica de manera apropiada la religiosidad popular a través de una adecuada evangelización, el cristianismo, tarde o temprano, corre el riesgo de no incidir como debería en la vida de muchos paraguayos. Este fenómeno ha empezado ya.

Hay que suscitar en la gente la convicción profunda de que la única revolución posible es la del corazón y que, por consiguiente, toda otra revolución es un engaño. En efecto, no existe cambio auténtico si no acontece primero dentro del corazón de una persona, en sus opciones. Lo que tenemos que hacer, pues, es motivar, generar, llamar, acompañar y corregir. Esta es la función del cristianismo: desde la fe, corregir todas nuestras características que no condicen con la fe que profesamos. En efecto, un cristiano no puede hacer mal sus tareas cotidianas o hacerlas sin esmero, usar la fuerza, ser injusto... etc.; y asumir la actitud del ñembotavy es peor todavía. Jesús lo asumió todo, hasta el final, menos el pecado.

Para mí, el no ver el bien que debemos hacer forma parte del no asumir la propia responsabilidad. Esto no es algo únicamente nuestro: les pasó lo mismo a Adán y Eva. Adán echó la culpa a la mujer y ella, a la serpiente, y ninguno de los dos quiso reconocer su responsabilidad y su propia culpa.

Remarco todavía que la actitud de la permisividad se encuentra particularmente enraizada en nosotros los paraguayos, porque nos conocemos todos. En efecto, es más difícil decir que no a un amigo y cuesta más corregir a uno que está cerca de nosotros. Nos conocemos todos, somos todos parientes: por esto, la permisividad cobra más fuerza entre nosotros. El hecho de que somos un País pequeño es una realidad que debemos tener en cuenta. Por el contrario, muy poco mencionamos este  dato, que, para mí, es fundamental, porque juega un rol sumamente importante en nuestra cultura. Nosotros los paraguayos debemos analizar el tema de la corrección y de la honestidad con más fuerza que otros pueblos, y comprometernos un poco más que otros, para adquirir la capacidad de corregir también a quienes viven cerca de nosotros. En otras sociedades, corregir a quien se equivoca puede ser que no sea tan difícil, porque este es un extraño. Para nosotros, en cambio, el esfuerzo es doble, porque debemos romper también los vínculos de amistad, puesto que somos una sociedad sumamente pequeña.

Tenemos que educar sobre todo a los jóvenes, para que ahora y cuando serán adultos sepan ser honestos y exigentes, primero consigo mismos y luego con los demás.

  La verdadera liberación es la de Cristo. A veces creemos que el anuncio es un hecho personal y privado, lo contaminamos por nuestro modo de pensar, sin tener en cuenta que hay más de dos mil años de historia de la Iglesia, un Magisterio que siempre orienta y marca pautas.


(A cargo de Maria Laura Rossi)

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[1] H. Vera, En busca del hueso perdido (Tratado de Paraguayología). Expo Libro - RP ediciones, Asunción 1995, 45.
[2]
Término guaraní que significa "mezcla". En efecto, el idioma que se utiliza en la vida cotidiana ya no es el guaraní puro hablado por los indígenas de esta etnia, sino una mezcla entre el guaraní y el español.
[3] H. Vera, En busca del hueso perdido..., 97.
[4] Cf. S. Vera, El paraguayo un hombre fuera de su mundo. El Lector, Asunción 1998.
[5] Del guaraní: Fuerza, energía. Se dice de una persona que usa ilícitamente las prerrogativas o las investiduras de un cargo público para su provecho personal. Cf. E. Grasso, Mundo de campesinos, campesinos del mundo, Pautas para una pastoral campesina. Centro de Estudios Redemptor hominis, San Lorenzo 2007, 5.
[6] Del guaraní: engaño, fraude, trampa. Se dice de la persona que simula ser estúpida o de aquella que ante un hecho delictivo simula no haber visto ni oído. Cf. E. Grasso, Mundo de campesinos, campesinos del mundo..., 5.
[7] Del guaraní: feo, malo. Mal-mal. No tan bien. Cf. E. Grasso, Mundo de campesinos, campesinos del mundo..., 5.



11/01/2012