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ENCUENTRO CON EL MOVIMIENTO DE EDUCADORES JEKUPYTYRÃ

El P. Lorenzo Milani: la fuerza de la palabra




En el marco del encuentro de programación anual del Movimiento de Educadores Jekupytyrã, que se ha realizado por cuatro días, de 16 a 20 de enero, en San Lorenzo, Emilio ha intervenido, a petición de los organizadores, para delinear la figura y el pensamiento del sacerdote italiano Lorenzo Milani y su escuela popular.

El Movimiento Jekupytyrã agrupa a educadores, procedentes de varias zonas del Paraguay, que trabajan para la construcción de una sociedad más justa a través de la educación, entendida como proceso permanente de formación y transformación humana.

Se trata de operadores en contacto sobre todo con la mayoría pobre de la población y los problemas de un contexto duro y sin fáciles escapes.

 Durante el encuentro, Emilio ha subrayado cómo la marginación social y la pobreza con las que el P. Milani se ha enfrentado puedan compararse a las de la mayoría del Paraguay y sobre todo de los habitantes del interior del país. En el momento histórico en que él actuó, reconoció en la incapacidad de expresarse y de comprender la expresión del pensamiento ajeno, por falta de conocimientos lingüísticos y lexicales, la causa de las condiciones de inferioridad de los obreros y los campesinos de aquel tiempo en Italia. En efecto, el dominio de la palabra, que permite conocer y entrar en los mecanismos y en los engranajes que rigen la convivencia social, es aquella fuerza y aquel instrumento que el hombre tiene a disposición para hacer respetar sus propios derechos. Es un poder superior al de la violencia, si es descubierto en toda su belleza.

De aquí se deriva la importancia de la escuela para el P. Lorenzo, es decir la posibilidad histórica de aprender el uso de la palabra, para abrirse a la universalidad de la humanidad a partir de una situación muy concreta, y adquirir aquella dignidad humana y aquella libertad que permiten, luego, hacer elecciones responsables y autónomas. En este sentido, el método pedagógico de Milani sale de la interpretación de la realidad y procede a un continuo despertar de la conciencia.

Él, guiado por los rostros concretos de los chicos encontrados, se opone a l ógicas paternalísticas que temen las consecuencias de la libertad ofrecida. Del mismo modo, no aspira a una liberación con vistas a la toma del poder que transforme a los oprimidos de hoy en los opresores de mañana. Emilio ha subrayado cómo el P. Milani no fuera presa de fáciles ilusiones sobre el papel del poder político, sobre todo por una elección personal que lo habría visto siempre de la parte de los pobres. Lo que más vale es la conquista de aquella dignidad que transforma al hombre en una persona integral. Por eso, la escuela de Barbiana que él fundó duraba doce horas al día por 365 días al año, porque allí se combatía sin descanso contra el empobrecimiento cultural y humano de la persona.

¡Impresiona constatar cómo esta pequeña y aislada escuela esté hoy en el centro del debate sobre la educación de países tan lejanos, como una verdadera experiencia “mundial”! Es la confirmación de lo que el P. Milani sostenía frente a los tantos que declamaban un amor universal sin atarse nunca a nadie: el carácter concreto del verdadero amor afirma que un compromiso total, hasta la muerte, es siempre un compromiso particular. Él mismo escribe: “No se puede amar a todos los hombres... De hecho se puede amar sólo a un número limitado de personas, quizás alguna decena, quizás algún centenar... Y entonces, si quieres encontrar a Dios y los pobres, es necesario quedarse en un lugar”.