Homilías y discursos de Emilio Grasso



MÚSICA Y SILENCIO

 

Homilía pronunciada por el P. Emilio Grasso
en recuerdo de Zulema de Mirkin,
autora de "Recuerdos de Ypacaraí"

 

 

Nos encontramos hoy en la iglesia parroquial, para presentar al Señor de la vida y de la muerte a Zulema de MirkinZulema de Mirkin, esta hermana que ha hecho conocer en todo el mundo a nuestra querida ciudad de Ypacaraí.

Zulema de Mirkin ha fallecido el sábado 2 de junio de 2012, a los 89 años.

Cuentan sus biógrafos que ella estuvo solo un mes en el Paraguay, en una fecha muy posterior a la creación de sus famosos versos, y que, según referencias familiares, hasta los últimos instantes de su vida añoró volver a la tierra a la que dedicó sus más preciadas rimas.

Todos nosotros, hoy reunidos por iniciativa de la Municipalidad de Ypacaraí, representada por el Señor Intendente Raúl Fernando Negrete Caballero y los Señores Concejales aquí presentes, conocemos por qué Zulema de Mirkin está en el corazón de Ypacaraí, al mismo modo que Ypacaraí entró en su corazón.

Para los más jóvenes, me permito recordar que en su autobiografía, Una guitarra, un hombre, Demetrio Ortiz relata que compuso “Recuerdos de Ypacaraí” en Córdoba, en 1948, recordando lo que había vivido en San Bernardino un tiempo atrás.

Una hermosa joven había pasado frente al hotel, donde se hospedaba junto con sus compañeros músicos. Prendado de su belleza, Ortiz la siguió hasta su casa.

Lago de Ypacaraí Luego, cuando la joven salió, él se le acercó, empezó a caminar a su lado y se pusieron a hablar juntos. Ella lo había visto en su actuación la noche anterior, y le expresó que le gustaba cantar; entonces se puso a cantar con él viejas canciones en guaraní.

“Hablamos de muchas cosas, mientras seguimos caminando, y llegué a simpatizar con ella de una manera extraña por su sencillez, su sonrisa y su cautivadora manera de andar y expresarse”, señala Demetrio Ortiz. Acordaron encontrarse nuevamente, pero luego estalló la revolución del 47 y nunca más supo nada de ella.

Añorándola, él compuso la melodía. En 1950, relató la historia a Zulema de Mirkin, quien escribió la letra. Ella nunca había visto el lago de Ypacaraí.

"La música, como la fe —afirma el Cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura— no describe, no representa, sino que evoca. Te obliga siempre a ir más allá”. Es necesario “volver a encontrar aquel extraordinario entrelazamiento entre el lumen (la representación, los signos) y el numen (lo sagrado, el misterio), que constituye la liturgia". Por esto, “además de revivir la gran experiencia del pasado, tenemos necesidad de grandes músicos contemporáneos, que nos consientan vivir la liturgia con un nuevo lenguaje”.

Según el Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, “el deseo de una música clara y fácilmente comprensible” no tendría que traducirse “en la elección de lo banal”, porque “la dimensión de lo sagrado (numen) siempre tiene que permanecer custodiada”.

En diálogo con el Cardenal Ravasi, por otro lado, el Maestro de fama internacional Riccardo Muti afirma que “la música no es compresión, sino éxtasis”.

Don de una guitarra de parte de la Municipalidad de Ypacaraí“Creo —afirma el célebre Maestro— que la música tiene la gran capacidad de elevar el espíritu de quien llega para rezar, y también de quien no cree”. “Todo el universo está impregnado de sonidos, que no podemos comprender ni oír y, sin embargo, penetran dentro de nosotros y nos permiten ser seres creados para la música”. Muti se pregunta: “¿Cómo pueden ciertos directores decirse ateos? Si interpretas una música y también un texto, tienes que penetrar dentro de él, y, si haces esto, alguna duda tiene que llegarte”; y todavía: “¿Es posible ‘sentir’ esta música concebida en el significado del dolor, de la muerte y del más allá, pensando que todo termina con nuestra muerte?”.

Me atrevo a decir que, de cierta manera, “Recuerdos de Ypacaraí”, la guarania más difundida internacionalmente, la podemos interpretar como el lumen (la representación) que expresa el numen (el misterio), lo sagrado que se halla en el encuentro entro dos almas enamoradas.

Como primera lectura, en la liturgia de esta noche, hemos escuchado un pasaje del Cantar de los Cantares y ¿qué es el Cantar de los Cantares sino el lumen que intenta expresar el numen del encuentro de amor entre dos muchachos enamorados?

En el Cantar de los Cantares, encontramos la historia de este amor, el diálogo entre el amado y la amada del corazón:

“¡Levántate, amada mía,

y ven, hermosa mía!

Porque ya pasó el invierno,

cesaron y se fueron las lluvias.

Aparecieron las flores sobre la tierra,

llegó el tiempo de las canciones,

y se oye en nuestra tierra

el arrullo de la tórtola.

La higuera dio sus primeros frutos,

y las viñas en flor exhalan su perfume.

“¡Levántate, amada mía,

y ven hermosa mía!” (Cant 2, 10-13).

A la música de Demetrio Ortiz, a la experiencia de su amor puesta en música, Zulema de Mirkin ofreció Demetrio Ortiz el lumen (la representación, los signos) de sus palabras.

En la Sagrada Escritura, el Cantar de los Cantares constituye su corazón, como siempre los grandes místicos de la Iglesia lo han leído, interpretándolo como la experiencia única de amor entre el alma enamorada y su Esposo, Dios mismo.

Sintiendo esta guarania sublime, descubrimos aquel mundo que nos acerca al más allá y nos hace penetrar en aquella dimensión de la vida, que, de ninguna manera, puede reducirse a lo que cae bajo nuestros sentidos.

Dicha melodía nos eleva hacia la dimensión religiosa de la vida, hacia aquel Paraíso donde la Palabra de Dios se contempla en el silencio y en la música.

Esto no tiene nada que ver con aquel ruido a todo volumen que destruye la belleza de Ypacaraí.

Música y silencio. Silencio y música, para poder escuchar la voz del amado del corazón, quien, en su añoranza, te musita estas dulces palabras:

Todo te recuerda, mi dulce amor,

junto al lago azul de Ypacaraí.

Vuelve para siempre,

mi amor te espera, kuñataí[1].

 

 


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[1] En guaraní, kuñataí significa muchacha.

10/06/2012